Democracia hasta en la sopa

Podríamos considerar que uno de los grandes avances de nuestra sociedad es que ser demócrata es algo que se da por hecho, casi una obviedad. Esto, sin duda, representa una sustancial mejora respecto a épocas pretéritas tanto de nuestro país como de los otros, en las que mejor no indagamos. Pero como todo en esta vida, también conlleva algunos problemas y peligros de los que quizá no somos todo lo conscientes que deberíamos.

Democracia, en realidad, significa más bien poco, gobierno del pueblo. Nada más. Pero como sabemos, las palabras suelen tener una carga simbólica, es decir, sugieren significados y emociones más allá de su definición. En el caso de la democracia, como pasa con la paz o la libertad, esta carga connotativa es positiva casi siempre, lo que inevitablemente nos lleva a que todo el mundo la quiera tener en su equipo, como a Messi.

Todo el mundo es demócrata

Ahora bien, si la democracia y Messi comparten el atributo de ser deseables, les separa una gran diferencia: Messi es una persona y la democracia no. Al sufrir o disfrutar de esta categoría, el argentino se ve limitado por ciertos aspectos que no afectan a la democracia. Principalmente, su condición de entidad física en el mundo real le obliga a ocupar en todo momento una posición en el espacio y el tiempo, aproximadamente la misma cantidad dependiendo de lo que haya comido. La democracia, por su parte, no se ve afectada por estas vicisitudes tan mundanas y puede fluir libremente, estirarse, encogerse  y multiplicarse según los deseos del usuario. Y aquí es donde empieza el problema.

En España, que es donde me centraré, todo el mundo es demócrata. Rajoy, el rey, los sindicatos, el 15M, la iglesia y casi cualquiera al que le preguntes por la calle. Si fuéramos unos ilusos, deduciríamos entonces que todos estamos más o menos de acuerdo en el tipo de sistema político en el que queremos vivir. Pero no. Veamos un ejemplo muy claro: nuestro gobierno demócrata y democrático es acusado por muchos de no serlo, especialmente por aquellos que exigen una democracia real, a los cuales el propio gobierno en más de una ocasión ha denominado antisistema. Sin entrar a valorar las razones de cada uno, lo que tenemos aquí son dos grupos contrapuestos acusando y siendo acusados, al mismo tiempo, de no representar el que se supone es su principio máximo, la democracia.

Lo normal en una situación como ésta, al menos en mi entorno, es dar la razón a la parte a la que sabíamos que íbamos a dar la razón desde antes de que empezara a hablar. Es un poder que tenemos los españoles que, la verdad, te ahorra mucho tiempo de innecesaria reflexión. Pero lo innecesario es parte del espíritu de esta sección, así que vamos a evitar el atajo. Vamos a hacer el ejercicio de buena fe de creer que tanto el PP como los indignados se creen profundamente demócratas y no utilizan la palabra democracia como una capa con la que protegerse mientras ejecutan su malvado plan de quitar el pan a los pobres o agredir a policías. Si tomamos esto como válido, la conclusión es que lo que dicen unos que es democracia no es lo mismo que lo que dicen los otros. Sus democracias son cosas distintas.

Y no piensen que se trata de un fenómeno aislado. Casos como este tienen lugar casi todas las semanas. El asunto de los escraches o el del fiscal catalán han sido dos ejemplos en los que la democracia ha estado en el centro del debate.

Párense y reflexionen

La solución que se me ocurre para salvar a nuestra querida palabra, por radical, no creo que tuviera una gran aceptación: prohibir el uso de la palabra democracia en el debate público. Esto obligaría a los oradores a pensar un poco más y no recurrir al comodín que todo lo arregla. Así, el PP podría hablar de “legalidad”, los movimientos sociales de “participación” y Rubalcaba podrá hablar de lo que quiera porque no creo que nadie le haga mucho caso a estas alturas. Pero, como no creo que nadie se sume a la petición, me conformo de momento con que comiencen a hacerlo ustedes mismos: a partir de ahora, cada vez que lean, vean u oigan la palabra democracia no actúen como si nada. Párense y reflexionen sobre lo que de verdad se está diciendo. Si tienen delante al que lo ha dicho, pregúntenle si puede ser un poco más específico. No caigan en ello ustedes mismos, no tomen la democracia en vano, guárdensela para cuando de verdad les haga falta.

Y es que ser un término tan adorable no es ningún camino de rosas, o si no pregunten a “la paz” cuántas veces ha sido el motivo principal para empezar una guerra. Y nuestra pobre democracia me empieza  a recordar a una pelota en el patio del colegio. Con el tiempo, las patadas y balonazos hacen que sus dibujos y redondez originales se conviertan en una masa informe e irreconocible que se acaba abandonando. Y si es una pena con una pelota, imagínense con toda una democracia.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s