Fútbol contra el tsunami

Álvaro Méndez | Falso9

Dos mil once. Eran las 14:46 de aquel fatídico 11 de marzo en Japón. Sin saber lo que estaba a punto de ocurrir, la población de las prefecturas del noreste del país se refugiaba en sus hogares para escapar del frío y los copos de nieve característicos del gélido invierno nipón. De repente, los pájaros huyeron despavoridos de las ramas de cerezo y la tierra comenzó a temblar con una violencia jamás conocida en la isla de Honshu. El feroz vaivén se prolongó durante más de seis minutos y provocó el colapso de miles de hogares y edificios, aunque lo peor estaba por llegar.

El tsunami que se generó tras el brutal seísmo arrasó por completo la costa de Sendai, anegando ciudades, centrales energéticas, aeropuertos y todo lo que encontraba a su paso. La tragedia se cobró la vida de decenas de miles de personas, y quienes sobrevivieron lo perdieron absolutamente todo. Nunca nada volvió a ser lo mismo.

Tampoco el fútbol. Pero, curiosamente, con consecuencias opuestas. El modesto Vegalta Sendai, club más importante de la región, se erigió en adalid de la esperanza y la ilusión tras la catástrofe. El Yurtec Stadium, coliseo del equipo, se vio notablemente afectado por el terremoto, pero eso no impidió que se convirtiera en el principal centro de ayuda, alimentos y agua para todos los afectados de la región. Sin embargo, el auténtico milagro del Vegalta Sendai llegó con la reanudación de la J-League cinco semanas más tarde.

Afición del Vegalta Sendai. (Foto: web oficial)

“Nuestras ganas de lucha nos llevaron al éxito”

Tras haber pasado seis de las últimas siete temporadas en Segunda División, el equipo se planteaba la temporada 2011 en la élite como un año de adaptación y estabilización. Objetivo: la permanencia. Pero la tragedia tocó los corazones de cada uno de los jugadores, muchos de ellos afectados personalmente por el desastre, que lucharon partido a partido por dar ejemplo de unidad y valentía.

“No podemos hacer nada para detener una catástrofe natural, pero podemos intentar que no nos abata. Nuestras ganas de lucha nos llevaron al éxito. A la vez, la gente de esta zona nos fortaleció. Muchas de estas personas vieron en nosotros una razón para seguir viviendo, por eso teníamos la obligación de demostrarles que estaban en lo cierto, en palabras del técnico del club Makoto Teguramori.

Ese mismo espíritu de superación llevó al Vegalta Sendai a realizar una temporada de ensueño, finalizando el campeonato en cuarta posición —la mayor cota con diferencia en la historia del club—. La gesta estuvo dedicada a todos aquellos ciudadanos que, aun con sus almas de luto, acudían al campo para ver cómo sus once guerreros luchaban sobre el césped por sacarles una sonrisa.

En la Champions asiática

Un año más tarde, en 2012, cuando ya todos daban por extinto el ‘espíritu de Sendai’, el Vegalta peleó de tú a tú con el Sanfrecce Hiroshima hasta las últimas jornadas de la J-League, consiguiendo un histórico segundo puesto. Si bien no se consiguió el ansiado título, el equipo se clasificó por primera vez para la AFC Champions League, algo impensable para una entidad arruinada por un terremoto y que sólo tres años atrás se arrastraba por los terrenos de juego de la división de plata nipona.

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A principios de febrero se dio el pistoletazo de salida a la máxima competición de clubes de Asia. Tras cosechar una derrota y dos empates en las tres primeras jornadas, el Vegalta Sendai logró su primera victoria en el torneo ante el todopoderoso FC Seoul, un resultado que ha permitido a los de Teguramori soñar con la clasificación para la siguiente ronda. Y lo hizo en casa, en el Yurtec Stadium, frente a los mismos aficionados que habían visto llorar dos años antes cuando el terremoto sacudió sus vidas. Esta vez, las lágrimas fueron de emoción.

Puede que semejante resurrección balompédica sólo sea posible en el país del sol naciente. Aunque con un balón de por medio nunca se sabe. Tal y como dijo Valdano, “el fútbol es la cosa más importante de las menos importantes”. Y si, además, lo menos importante sirve para paliar los sobrecogedores efectos de lo más importante, bienvenido sea.

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