El tercer hombre

Mario Becedas | Falso9

En una Europa deprimida y llena de ruinas, a punto de volver al blanco y negro y a las cartillas de racionamiento, la cítara de Anton Karas nos transporta a la mágica noria de Viena y a Orson Welles apoyado a contraluz en un oscuro portal no muy lejano al Prater. En una obra magna, si no de la literatura, sí del cine; aparece de la nada el hombre al que se daba por muerto. Ese misterioso desaparecido y ya casi enterrado ente cuya sombra se empieza a alargar hasta que tapa a los demás.

A no excesivos kilómetros de la ciudad en la que Freud empezó a buscar el yo entre amarillentos relatos de alcoba, hace su aparición otro tercer hombre abarcando las calles de Múnich con su impoluto gabán negro en cuyo bolsillo guarda una foto de esa mujer con la que hace tiempo vivió un tormentoso idilio en el vetusto Madrid de los Austrias; y que ahora, quince años después, está dispuesto a redimir. Los ojos de cordero degollado de Jupp Heynckes esconden una mirada que encierra tanta bondad como deseos de venganza. Toda una vida engañando al espejo por las mañanas.

Orson Welles ("El tercer hombre")

Con ese recto corte de pelo tudesco y unos afilados pómulos, el preparador teutón es el mejor exponente del nuevo poder alemán. La búsqueda del éxito y la gloria desde el silencio y el ostracismo. El final de un camino que a la fuerza empezó en la humillación. Ese 4-0 del Barça en el Camp Nou a un Bayern dislocado en otro abril más bonito que este pero igual de peligroso. Era 2009. Jupp cogió las riendas bávaras pocos días después, con Klinsmann defenestrado. El proyecto que se empezó a pergeñar con un holandés errante como Van Gaal en el interludio está dando sus frutos ahora.

Tocar fondo

A veces, para que las cosas salgan bien, hay que tocar fondo a conciencia. Con las dos manos si puede ser. Y cuando la purga estaba ya lista, un Chelsea de trapo guindó la Orejas en casa a los hijos de Lohengrin. Al equipo y su respetable se les quedó la cara del color de su camiseta. Excepto a un Heynckes al que ya estamos acostumbrados a ver con tonalidad colorada en la tez. Es el mejor indicador de su trabajo, de su ira, en definitiva, de su aviso. A modo de semáforo, el reflejo rojo de su faz es un hasta aquí hemos llegado. No perder la ternura en las retinas mientras el cerebro sigue planeando la más grande de las revanchas hasta que se ilumina la bombilla.

Por esa capacidad de encender y apagar el rostro en función de las circunstancias, otro teutón de pro bautizó a Jupp en los setenta con el sobrenombre de Osram; después, eso sí, de que el portador del filamento acusara de sobrepeso a un compatriota que, cosas del destino, se llamaba Wolfram. Pero aparte de por copar el podio de goleadores alemanes y por el piquito con Berti Vogts al ganar la Bundesliga del 74, la mandíbula de Heynckes donde ha cogido más brillo ha sido por el periplo en los banquillos de las Españas. Con razón su vasta finca germana tiene nombre castellano, ‘Casa de los gatos’. Desde un nacimiento en el Tenerife hasta una epifanía en el Athletic, lugar al que le preguntan si volverá a modo de jubilación. Curioso en un alemán que sea con más de 67 años y no en Mallorca.

Pero fue en el Madrid de Jupp, como en la Viena de Harry Lime, donde se empezó a escribir el guión de la trama. Ganar la Séptima y desaparecer. Confesarle a Lorenzo Sanz la noche antes del gol de Mijatovic que no tenía fuerzas, que no podía con el equipo. Esa difusa destitución en diferido para regresar en equipos menores y volver a esfumarse mar adentro. Hasta la llamada del Bayern. En medio de una pugna titánica entre dos dioses, Mourinho y Guardiola, apareció el tercer hombre para, con su taciturnidad, darle la vuelta a todo en una memorable persecución de alcantarilla como la de la película que pone nombre a este artículo. Ya no importa que el catalán le eche del trono, Jupp es experto en saltar del barco en lo más alto. La gloria ya está en la costura del gabán; Europa, a un solo golpe de cítara.

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2 Respuestas a “El tercer hombre

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