‘Road List’ por la Ruta 66

“Si piensas conducir hacia el Oeste, coge mi camino, que es la mejor autopista. Lo pasarás bien en la Ruta 66”. Nat King Cole (y después los Rolling Stones, Bob Dylan, Jerry Lee Lewis…), 1940.

La última entrega de ‘Diez temas 10’ me dejó los dientes largos, muy largos. Y es que ver, u oír para ser más exactos, cómo Adrián Verdugo describía con la ayuda de los Sinatra, B.B. King, Springsteen y compañía la ciudad de Las Vegas -junto a Nueva York mi destino eternamente anhelado- fue todo un placer para mis sentidos; los cinco, pues al punto me vi lanzando dados mientras saboreaba un bourbon del brazo de la primera atrapafortunas que pasaba por allí…

Fue un placer y también un estímulo porque enseguida me dije: “¿Y por qué no marcho yo también de viaje a Las Vegas?” Lo pensé un poco y, claro, Mayhem Revista está empezando y el presupuesto de momento no da para tanto. Pero advertí que nada me impedía hacerlo por medio de esta sección, como hasta ahora, a través de ‘Diez temas 10’. Y ya que estaba ambicioso, decidí hacerlo a lo grande, cumpliendo uno de mis grandes sueños en la vida: recorriendo la mítica, aunque ya casi olvidada, Ruta 66; en coche, uno americano, como en las mejores road movies.

Y aquí estoy, a las puertas de Chicago a bordo de un Ford Thunderbird, dispuesto a cruzar los Estados Unidos de América de noreste a suroeste, desde Illinois hasta el balcón de California, con la mejor banda sonora sonando de fondo en la radio. La 66 se extiende a lo largo de casi 4.000 kilómetros a través de ocho estados y, originada en los felices años 20, fue la principal vía de canalización de quienes emigraban desde la América profunda hasta la costa Oeste del país en busca de mejores condiciones económicas… Y climáticas.

Una odisea por el desierto del tiempo

A la salida de Illinois, nos topamos con St. Louis, que da el pistoletazo de salida a nuestra travesía por el estado de Missouri hasta trazar una tangente por Kansas para poder cruzar el puente Brush Creek rumbo a Oklahoma. Camino de Tulsa, soy el rey de la interminable línea recta que cruzo por asfalto a mi paso, pues tengo suerte si apenas un coche se cruza en mi camino… La 66 fue ‘dada de baja’ de los mapas de carreteras estadounidenses en 1985, reemplazada por la moderna Red de Autopistas Interestatales de Estados Unidos, lo que la convirtió en un mito de cara a los amantes del Continente Nuevo y de su far west; y también para los apasionados del mundo del automóvil, que aún siguen rindiendo tributo a la madre de todas las carreteras, como la bautizó John Steinbeck en su afamada obra Las uvas de la ira.

route-66

Pero sus aires de autopista radial madrileña, viajando en práctica soledad, no pueden evitar que dejemos de pensar por un segundo en cómo uno de los mayores símbolos estadounidenses durante más de medio siglo pudo ser desahuciado en apenas unos años. Con su coma inducido, la 66 dejó en el olvido a varias decenas de pueblos que vivían casi en exclusiva de la actividad que generaba el incesante tráfico, de viajeros y comercial, del que disfrutó esta arteria americana durante décadas. Su ejemplo nos lleva a reflexionar acerca de la fugacidad de las cosas, de los momentos. De la vida. La obsolescencia de la inmortal Ruta 66, así como los muchos desérticos paisajes que deja a su paso, nos recuerda a cada kilómetro, como cantan los locales Kansas, que “no somos más que polvo en el viento”, que hoy estamos y somos importantes, pero que mañana Dios -o el Ronald Reagan de turno- dirá.

Carretera para los placeres mundanos

Pero, en fin, ninguna reflexión del tres al cuarto debería arruinar este viaje. Hagamos como los una vez más inspiradores Doors: persigamos nuestros placeres aquí y ahora, enterremos todo lo demás atrás y pensemos sólo en “avanzar hacia la otra orilla” de la ansiada costa oeste. Continuemos, pues. A nuestro paso por el estado de Texas estaría bien desviarnos algunos cientos de kilómetros para hacer una parada y pernoctar en La Grange, siguiendo ese rumor difundido por ZZ Top acerca de aquella choza a las afueras de un rancho y de las chicas que en ella malviven. “Sabes de lo que hablo, sólo dime si quieres ir”, nos invitan los de Houston. Yo hago noche.

Al día siguiente, de buena mañana sigo mi camino y cruzo al estado de Nuevo México previo obligado paso por uno de los puntos estrella de toda la Ruta 66: Amarillo. Pero “por favor, no me preguntéis dónde he estado o qué hecho”, imaginadlo si queréis, y digamos que “me perdí en la carretera”. Estamos prácticamente a mitad de camino, el mejor momento, plenos de energía para enfocar el final de nuestra modesta odisea.

ruta66-neon

Continúo por el estado de Nuevo México, y al llegar a la árida Albuquerque, recuerdo que “Santa Fe está a menos de 90 millas de distancia”. Y hasta allí llego, a un lugar un tanto inhóspito “donde a nadie le importa quién soy” ni por qué estoy allí. Desayuno con Neil Young sus clásicos “huevos fritos con jamón” y me despido rumbo a Arizona. Pero, tras una semana de viaje, la impaciencia por ver al fin separados por el horizonte los dos azules me puede y ya no hay nada que me pare hasta llegar, en una carrera con el viento, a mi destino.

De una tacada culmino los cientos de kilómetros finales, hasta que de repente… ¡Bienvenidos a Los Ángeles! Por fin, el infinito océano Pacífico nos abraza a nuestra llegada a la ciudad de Santa Mónica evocando aquello de que “cualquiera puede surfear en Estados Unidos”. Y tanto, con o sin mar, como hemos hecho nosotros empalmando olas de ríos y dunas a nuestro paso por ocho estados. Aparcamos nuestro Thunderbird a la orilla de las kilométricas playas del Oeste y nos retiramos al primer muelle que encontramos: es tiempo de disfrutar, de saborear la experiencia y de preguntarnos qué nos ha reportado el viaje.

Oh, Las Vegas

Por cierto, caigo ahora en que, con la emoción, ni siquiera he pisado Las Vegas. Normal, al contrario de lo que se suele creer, la 66 no pasa por la Ciudad del Pecado. Pero, ¿a quién le importa? Como en las road movies, y como en aquel épico poema de Constantino Cavafis, también en esta road list lo más importante es la experiencia y el aprendizaje que deja la odisea. Y eso ya no lo cambio por nada.

map of route 66

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