Rafael Reig es un buen tipo

La escritura, como cualquier actividad creativa, tiene algo de onanismo intelectual. Eso hace que, en muchas ocasiones, los escritores tengan una cierta predisposición a enamorarse de sí mismos. Con Rafael Reig (Cangas de Onís, 1963), sin embargo, no da esa sensación. Conversar con él, aunque sea la primera vez, se convierte inmediatamente en algo cómodo, un buen rato pasado con alguien que no se esconde, que afronta la conversación con sencillez, sinceridad y naturalidad, sin aspavientos ni discursos aprendidos a la fuerza. Charlar con Rafael Reig se acerca enseguida a una tarde de verano en una terraza, acompañada de unas cañas y unas buenas tapas, como las que se disfrutan sólo con los buenos amigos. Quizá sea lo mejor que se pueda decir de nadie y, posiblemente, sea muy aventurado por mi parte pero, hablando con él, da la firme sensación de que Rafael Reig es un buen tipo.

Reig es claro en sus objetivos: “Mi prioridad es hacerme oír” y explica lo que le lleva a uno a levantarse todos los días a las cinco de la mañana “a no ser que me haya acostado a esa hora” para plantarse delante de la caprichosa palidez del folio virgen: “El mundo de la literatura es como el del ajedrez: Karpov, Kasparov, Carlsen y los grandes campeones pueden vivir del ajedrez y, además, ganar mucho dinero. El resto somos proletarios, no ganamos nada. Somos el lumpen de la literatura. Lo hacemos porque queremos, por ansias de inmortalidad, por pasar a la historia, por ligar o para que los amigos se queden asombrados”.

El escritor

Ganador del Tusquets por Todo está perdonado, consiguió un impulso editorial extraordinario a partir del galardón: “Ha sido un salto brutal, del 300%, pero teniendo en cuenta de donde partíamos, no es nada [risas]. Es como si dices: ‘me han aumentado el sueldo un 300%, pero antes me pagaban un euro.’ No es tanto el reconocimiento”. Sin embargo, y a pesar de lo que diga, Reig ya contaba previamente con un nutrido grupo de seguidores que reconocía sus buenas maneras en Sangre a borbotones, Guapa de cara o Manual de literatura para caníbales.

Cultivador de la novela negra, a la que define como “el vehículo más adecuado para poner de manifiesto las contradicciones, la explotación y la brutalidad del sistema capitalista”, Reig decidió crear una realidad distópica en la que enmarcar sus obras. Madrid inundado y España como provincia de Estados Unidos se han convertido en una marca del autor. “Como Madrid es tan seco, tan palurdo y tan aburrido últimamente, no había más remedio que inundarlo y convertirlo en una ciudad portuaria con putas, marineros, estafadores internacionales… Si contamos la verdadera historia de los tíos con corbata de colores del PP y los tontos con gafas Yves Saint Laurent del PSOE, eso se vuelve totalmente farragosísimo”, explica. Sin embargo, el escritor reconoce que tras la obra inaugural de este universo, este marco le ha dado más problemas que soluciones.

Reig11200p

Una de las características de la obra de Reig que se trasladan plenamente a la conversación es su personal sentido del humor, que funciona como una inyección. Con la imperceptible aguja de la carcajada inicial, penetra en el lector una dosis de realidad imposible de eludir que, como la fiebre posterior a una vacuna, nos obliga a recordarla -más de lo que les gustaría a las conciencias demasiado anestesiadas-. “Si yo me caigo y me pego una culada impresionante, tú te ríes, evidentemente. Y, si de repente ves que estoy llorando, ya dices: ‘¡coño!’ (…) Yo creo que una novela que no tenga humor o no tenga compasión, es una novela plana. La única forma de ver en tres dimensiones y crear un efecto de realidad es mezclar la visión interior y la visión exterior”, sentencia.

El profesor

Miembro del claustro del Hotel Kafka, defiende la enseñanza de la escritura con uñas y dientes. “En Estados Unidos ya hay una generación entera de escritores, o dos, que han ido a los cursos de literatura creativa de Brown o de otras universidades. (…) Aquí todos son genios de nacimiento”, aunque reconoce que hay parte de la maestría que no puede llegar a aprenderse: “Por muchas clases de parto a las que vayas, si eres tío no vas a parir, porque no tienes útero. (…) Si no tienes lítero, en vez de útero, tampoco vas a escribir una gran novela pero, a lo mejor, vas a leer mejor. Como el que va a clases de parto va a entender mejor lo que le pasa a su señora. Y leer mejor es un avance en la vida maravilloso”.

Duramente crítico con la política norteamericana, “un imperio medio criminal, básicamente”, Reig se doctoró y ejerció como profesor en distintas universidades de Estados Unidos y muestra una actitud ambivalente hacia su sistema educativo, defendiendo su modelo público en la enseñanza básica y media y criticando la privatización de la superior.

El político

Así, llegamos a otra de las características de Reig, su fuerte compromiso político: “Yo pienso que no tendría que haber ni educación ni sanidad privadas. (…) ¿Qué pasa? Que muy poca gente es partidaria de la igualdad real. La mayor parte de la gente es partidaria teórica de la igualdad, ¿pero de la igualdad real? ‘¿Que mis hijos van a tener las mismas oportunidades que el de enfrente? No, yo quiero que tengan más.’ Entonces, es difícil. Pero bueno, poco a poco, entre fusilamientos, persuasión y demás, iremos convenciendo a la gente de que vamos a ser más felices cuando seamos iguales”.

Reig21200p

En Todo está perdonado, Reig arremetía contra la Transición y cómo ésta tenía el único objetivo de que “no la hiciera la izquierda”, perpetuando así el sistema que “se creó en la época de Cánovas del Castillo, (…) el de la oligarquía financiera española”. Hoy, mira a movimientos como el 15M con cierta confianza, “porque yo creo que están muy lejos del estereotipo que quiere dar la prensa de derechas –o sea El País- [risas]”.

El periodista

Reig habla con conocimiento de causa sobre el panorama mediático pues, tras haber pasado por Público, ABC o La Razón, hoy es una de las firmas principales de eldiario.es y de su sección de cultura, Diario Kafka, “un proyecto que, de momento, está en marcha pero no sé lo que durará porque ¿qué os voy a contar a vosotros? El grifo está muy cerrado”. Rellenando su pipa, esboza una mirada pesimista que esconde un alegato de rebeldía: “Habrá que volver a la vietnamita, el ciclostil y las octavillas por la calle, porque va a ser la única manera de contar la verdad”.

***

Lee la entrevista completa a Rafael Reig.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s