Un acertijo

Un hombre y su hijo sufren un grave accidente de tráfico a medio camino entre Madrid y Valencia, donde se dirigen a pasar las vacaciones. El padre muere en el acto y el hijo es trasladado de urgencia a un hospital en la ciudad más cercana. Al llegar al quirófano, los doctores se dan cuenta de la gravedad de las heridas y no se sienten capaces de salvarle la vida. Ante la delicada situación del niño, deciden llamar a una eminencia en la materia para que se haga cargo, que llega inmediatamente desde la capital. Tras analizar el cuadro clínico del paciente, le preguntan:

-¿Será usted capaz de salvarlo?

-¿Cómo no voy a hacerlo? ¡Es mi hijo!

¿Cómo puede ser?

¿Te acuerdas de los libros de “elige tu propia aventura”? Pues esto es algo parecido. Si ya conoces la respuesta al acertijo, puedes continuar leyendo. Si no, te recomiendo que leas la respuesta antes del resto de la entrada, pero te pido que te estrujes la cabeza durante, al menos, un par de minutos para tratar de resolverlo sin ayuda. Puedes encontrar la solución al final de la entrada. Otra opción es que salgas a tomarte algo y pases de mí, ¡seguro que hace una tarde (o una mañana, o una noche) buenísima!

Yo no fui capaz resolver el acertijo. De hecho, éste fue planteado a un grupo en el que nadie fue capaz de hallar la respuesta y eso que había mayoría de mujeres y a los hombres se les suponía, al menos, una cierta perspectiva de género. Para mí, sin embargo, lo más curioso y lo que me ha llevado a preparar esta selección de obras y temas fueron los argumentos que los participantes dimos para justificar nuestra falta de tino.

-¡La historia era demasiado larga y enrevesada! –decía uno.

-Si fuera por escrito, hubiera sido más fácil –concluía otro, puesto que la situación había sido leída en voz alta y no había un papel al que echarle la culpa.

-Lo pensé en un primer momento, pero a la hora de contestar se me olvidó –me autoengañé yo, para acabar de retratarme como el más estúpido de todos.

-Habías dicho que el médico era un hombre –afirmó con rotundidad una de las mujeres.

No. Nadie había dicho que el médico fuera un hombre. De hecho, ni siquiera se utilizó médico o doctor, que podrían haber tenido su trampa por aquello del género. Sólo eminencia. Sin embargo, la autoridad implícita en esa palabra hizo que todos le colocáramos un buen falo a la susodicha, a pesar de ser un sustantivo femenino.

Prejuicios escondidos

Jacquet de La Guerre, primera compositora de ópera.

Jacquet de La Guerre, primera compositora de ópera.

Los peores prejuicios son aquellos que desconocemos, que negamos o a los que hasta nos oponemos abiertamente, pero que tenemos ahí, grabados con cincel en el último rincón de nuestro cráneo, esperando su momento para salir. Son los que, en gran medida, configuran nuestra pobre visión del mundo. El rechazo a esos prejuicios que llevamos en la mochila hace que, de una u otra forma, los justifiquemos, buscándoles una razón completamente racional. Lo que sea antes que admitir que existen, por no reconocernos como lo que tanto denigramos, haciendo así que éstos pervivan y se vayan transmitiendo con la mayor naturalidad.

Ese argumento es el que hoy nos dice que ya casi no existe desigualdad, que la violencia de género no es para tanto o que el feminismo es para amargadas pasadas de rosca. Como nos comentaba Paco Tomás en relación a los temas LGTB, esta actitud nos lleva a que cualquier discurso de género nos resulte lejano, extraño e incómodo.

Sin embargo, ahí seguimos. Empezando por M*. ¿Te habías fijado en que todavía no hemos entrevistado a ninguna mujer o que todos los protagonistas de nuestros reportajes hasta la fecha son hombres? Como espero que ya imaginéis, ésta no ha sido una elección consciente, pero ahí está. Podemos buscarle las justificaciones que queramos, pero eso no esconde la realidad.

Desigualdad en dos sentidos

Melba Liston, destacada trombonista de jazz.

Melba Liston, destacada trombonista de jazz.

Quizá el feminismo deba matizar una parte del victimismo que, como en cualquier discurso identitario, le acompaña, para sumar a una parte de la sociedad que se siente señalada por él. A nadie le gusta ser el malo de la película y, así como las desigualdades continúan porque hay mujeres que las permiten e incluso las alientan, la igualdad no será real mientras los hombres no la asuman como una lucha propia.

La desigualdad trabaja en dos sentidos. Del mismo modo que una mujer, por la sociedad en la que vive, asume una serie de roles que le son impuestos, un hombre también lo hace. Si mañana sufro una ruptura sentimental, es muy posible que mi novia encuentre más cariño, consuelo y comprensión entre sus amigas, que yo entre los míos. Los chicos no lloran. También ocurre con la familia. Hemos llegado a un punto en el que la mujer ha asumido que no tiene por qué abandonar su carrera profesional por el hecho de ser madre, pero es extremadamente raro que un hombre siquiera se haga ese planteamiento. El hombre provee.

La desigualdad ha hecho que todos, hombres y mujeres, interioricemos que lo que hasta ahora estaba vetado a las mujeres es lo deseable, pues quienes ostentaban el poder eran hombres y eso los ha convertido en modelos a imitar. Sin embargo, ¿es eso cierto? ¿Es mejor una vida laboral -la mayor parte de las veces poco o nada satisfactoria- que, por ejemplo, formar parte del crecimiento de tus hijos?

Obviamente, la principal diferencia es, en realidad, económica. El dinero que nos aporta el trabajo es lo que nos mantiene a salvo de otra desigualdad, si cabe más perversa que la anterior. Hoy, ambas tienen las raíces tan mezcladas que resulta difícil saber si en realidad no son sólo una. ¿Seremos capaces de acabar con ellas? Desgraciadamente, para este acertijo no tengo la respuesta.

***

La respuesta de este ya viejo acertijo, con una cierta popularidad entre el spam que inundaba nuestras bandejas de entrada hace unos años, es que la eminencia es, en realidad, la madre del niño que ha sufrido el accidente.

La música seleccionada para este Diez temas 10 ha sido compuesta por mujeres, ya sea en su totalidad o en colaboración con hombres. La decisión de escoger exclusivamente música clásica y jazz es personal y abierta a críticas y nuevas aportaciones en los comentarios, que estaré deseando discutir.

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4 Respuestas a “Un acertijo

  1. Descubrir que no te sientes cómoda con muchas de las cosas que pasan a tu alrededor. Cuestionarte ciertas cosas, y afortunadamente, descubrir a personas en tu entorno que se cuestionan lo mismo que tú. Empezar a organizar quedadas con tus amigas para informarnos sobre esa cosa que llaman feminismo. Buscar información, preparar textos, leer libros, debatir, compartir. Reír, indignarte, llorar, cabrearte… (sobre todo estas 3 últimas). Comenzar a cambiar tu forma de pensar, de ver la vida, de verte a ti mísma y a lxs demxs. Actuar, reaccionar, hacer frente a muchas cosas que antes evitabas, y sobre todo discutir (jaja), discutir con todo el mundo…dejar que pase el tiempo y creer que has forjado algo fuerte e inamovible dentro de ti. Que un amigo te pida que le eches un ojo al nuevo artículo que acaba de publicar en su revista. Leer, vaya un acertijo, qué bien, a ver si lo saco…



    Descubrir que aun tienes mucha basura que sacar dentro de tu cabecita. Volver a empezar, a crecer, a seguir construyendo, a seguir peleando…
    Por nosotras, por vosotros (¿¿¿será posible que no podais llorar a gusto???), y por todos los que no se sienten incluidxs en esa A ni en esa O. El patriarcado nos mata y nos oprime a todxs, a unas más que a otros, cierto, pero todxs lo sufrimos en mayor o menor medida.
    Gracias por esta pequeña colleja, que aún no está todo hecho, ya no hablo de la sociedad en general, ahí por supuesto que no, pero es que ni siquiera dentro de las (personas) que nos consideramos feministas, que no se puede bajar la guardia ni siquiera con un acertijo “inocente”…

  2. Pero lo que la anécdota del médico-hombre revela no es un machismo encubierto, sino la naturaleza de nuestra estructura social. El hecho es que la profesión de médico, juez, abogado, ingeniero… hasta hace muy poco (no me atrevo yo a decir un número de décadas exacto) era, debido a la masculinidad de nuestra cultura, marcadamente masculino. En consecuencia, es muy razonable que alguien piense “en abstracto” en esa profesión, y piense sólo en el sexo dominante.

    En el momento en que, supongamos, las mujeres acabaran resultando mayoría total en la profesión de médico, como sucede con la profesión de enfermero (que ahí suele haber más mujeres), el cliché se detendría.

    Más que un cliché, es -creo yo- una muestra de cómo es la realidad en la cual vivimos: sin embargo, el reconocimiento consciente de que es así, es también muy revelador del dominio masculino que ha abrumado a las mujeres a lo largo de la historia.

    Por cierto, Clarineta, el asunto del género en la lengua es meramente gramatical y no guarda ninguna relación con el patriarcado ni con la cultura. El poder masculino se manifiesta en el significado marcado de muchas palabras. Como cuando se dice “el hombre” como marca de la especie: ahí se nota quién manda. Pero los géneros, como el plural o el singular, o los fonemas, o las normas de acentuación, no tienen ninguna relación en absoluto con el poder.

    Así que puedes usar “todos” sin problemas de conciencia ;)

  3. Entiendo lo que quieres decir Javier, pero no estoy de acuerdo contigo. Yo sí creo que desvela un prejuicio adquirido, ya sea hacia el mundo de la medicina o hacia la concepción que tenemos de cuál es el género de quienes son las personas más destacadas en su ámbito profesional, sea cual sea (las eminencias).

    Creo que en la medicina hace ya bastantes años que la presencia de mujeres es lo suficientemente representativa como para que en una situación en la que el padre de un niño ha muerto y una persona dice que es su hijo, al menos se nos pase una vez por la cabeza que puede ser su madre, ¿no crees?

    De hecho, en Europa, las mujeres ya son mayoritarias en el mundo de la medicina y en el ámbito en el que nosotros, como pacientes, más contacto tenemos con el médico (atención primaria), las mujeres ya son más que hombres también en España. En mi caso personal, desde mi pediatra hasta mi médico de cabecera actual han sido siempre mujeres.

    Tampoco podemos echarle la culpa a las ficciones que consumimos que, en buena medida, nos ayudan a crear la concepción del mundo que tenemos. En la mayoría de series de televisión de médicos (un género en sí mismo que, por cierto, normalmente tiene un target femenino), los personajes de doctoras no son precisamente marginales.

    Respecto a que el cliché se detendrá cuando las mujeres sean mayoría, no lo tengo yo tan claro. Según este artículo (http://www.mallorcadiario.com/sanidad-y-salud/actualidad/siete-de-cada-10-medicos-en-espana-seran-mujeres-dentro-de-20-anos-67230.html), eso será dentro de 15 o 20 años, por cierto. Sin embargo, en el mundo de la cocina, por ejemplo, creo no equivocarme si digo que hay bastantes más mujeres que hombres pero, quienes llegan a los puestos más destacados socialmente siguen siendo hombres. Seguro que si te pregunto por los cinco primeros cocineros que te vengan a la cabeza, no son mujeres.

    En cualquier caso, lo principal del caso es que, en el fondo, solemos tender a vincular el respeto social asociado al éxito profesional con masculinidad aunque, como decía en el artículo, lo que más me llama la atención no es eso, sino que esto ocurra también entre personas que, a priori, se muestran a favor de la igualdad y cómo esas personas son capaces de buscar una justificación racional a esas ideas preconcebidas como, por otro lado, también estamos haciendo nosotros con esta discusión, ¿no?

  4. “En el fondo, solemos tender a vincular el respeto social asociado al éxito profesional con masculinidad”.

    Tras leer tu comentario, me he lanzado a pensar.

    Veamos en qué acaba esto. Empieza mi divagación. No quiero sostener tesis alguna, sólo desarrollar una idea que me ha venido al leer esa frase.

    La sociedad nuestra ha sido, desde luego, concebida por varones. Todas las estructuras de poder que conocemos fueron, en su origen, exclusivamente masculinas. Sólo cuando el hombre ha “dejado” que la mujer entrara, ésta ha empezado a ocupar su plaza. Pero, profundizando más en ello, al mismo tiempo, necesariamente, ha tenido que volverse un poco (o un mucho) hombre. Creo que hay pocas profesiones más desalmadas, y más masculinas, que la de agente de bolsa. Llámame loco, pero soy incapaz de concebir que eso de especular con el precio del dinero saliera de la mente de una mujer. Es un ejercicio de ansia, codicia y necesidad de dominio (sobre el capital) tan masculina, que cuesta concebirlo como femenino. Y, ahí está la cosa, cuando una mujer ocupa por fin un puesto semejante (con la ironía de que ese puesto no ha sido creado por “la humanidad”, sino por un Hombre, por ellos), tiene en verdad que convertirse en hombre: ni Dios puede distinguir si quien ocupa ese puesto es hombre o mujer. el Puesto (con mayúsculas) es más importante que el sexo. El Puesto ocupa el lugar universal de dominio. La ironía estriba en que los rasgos más mejores de las mujeres (su empatía, su capacidad de compasión, renunciar al dominio a cambio de la serenidad espiritual) son los que resultan sacrificados.

    Sé que ser médico es otra historia. Que las mujeres vayan a superar en número a los médicos hombres confirma que, para lo bueno en general, para la generosidad y las ayudas, parecen ser ellas las que más lo llevan en la sangre.

    Pero para cargos que requieran sacrificios salvajes en nombre de una abstracción (políticos, jueces, economistas, militares, banqueros), llámese esta “Patria”, “Justicia”, “Rentabilidad”, “Guerra”… para eso, las mujeres dejan de comportarse con lo mejor de sí mismas, y se convierten en hombres. Creo que nadie, si no les levanta las faldas, podría distinguir si Merkel, Thatcher,o las Klopowitz, o Ana Patricia Botín son hombres o mujeres. Como hombres y dueños se comportan.

    Así, invirtiendo el asunto, podría hasta verse como algo positivo que todavía haya cargos para los cuales no podamos concebir a una mujer. Cargos que necesiten de tanta falta de compasión que se los atribuyamos por necesidad a alguien tanto megalomaníaco como un hombre con ansias de poder.

    (Las ficciones, desde luego, como bien las citas, no dejan en el fondo de reflejar con mucha fidelidad qué se piensa en general. No creo que las ficciones sean machistas o malas, creo que reproducen lo que se cree, y en ese sentido son reveladoras)

    No es el caso de la medicina, lo sé. Eso me lleva a la segunda parte.

    Me he preguntado dónde estaba la trampa. También el acertijo tiene su artificio. Pongamos que la cosa es de otro modo: Un padre va con su hijo por la calle. Un coche les atropella. El padre muere en el acto y el hijo queda moribundo. Un médico experto comprueba que el padre ha muerto. Van todos a por el niño. Al cabo de diez minutos, como una sombra, aparece una figura llena de sangre entre la multitud, y, ante el pasmo de todos, abraza al niño gritando “aléjense de mi hijo”. ¿Cómo es posible?

    Ignoro, ya que sé la solución del enigma que planteas, si alguien lo adivinaría. Una respuesta podría ser: “Es su madre, que primero ha abrazado a su marido muerto, y luego ha corrido hacia su hijo agonizante”.

    En ambos casos (tu acertijo y el mío) hay algo más que mero machismo. Hay también un importante juego con la trama, con la ambigüedad del género (en inglés no habría podido mantenerse la historia, pues la médico habría tenido un ‘her’ o un ‘she’ en algún momento, y no creo que la sociedad inglesa sea menos machista). De hecho, tu acertijo es una narración muy estructurada. Me recuerda al de “dos padres y dos hijos fueron a pescar, tres veces pescaron, y tocaron cada uno a un pescado, ¿cómo fue posible?”. De nuevo el truco está en tomar la unidad “padre” como individual y única. Se olvida uno de que el abuelo es padre también; o, en tu caso, de que la madre también es padre. Porque “padre” significa, en plural, tanto “padre” como “madre”. No sé yo (tengo mis muchas dudas), si no será un truco más lingüístico que social.

    De hecho, el lenguaje suele ser más honesto de lo que parece. Las lenguas que aprendemos desde chicos son siempre maternas. En eso no hay ni gota de machismo: son las madres las que, pasando más tiempo con el niño, le enseñan a hablar.

    Pero la Patria… ésa, que ya es idea, y dominio, y suele conllevar guerra y mucha fe, ésa es “patriarcal”. Es curioso que uno pueda cambiar de patria, si se convence de que otra patria es mejor. Pero resulta absolutamente imposible cambiar de lengua materna.

    En fin, perdona por la chapa. Ya te digo que son reflexiones que me han venido leyéndote, no un tipo de tesis o de conclusión.

    Gracias y un saludo!

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