No hay invierno sin turrón ni verano sin ‘True Blood’

Uno sabe que ha llegado el verano porque se estrena nueva temporada de ‘True Blood’. Y es que no se me ocurre una serie mejor programada que ésta. ‘True Blood’ es una carta de amor a las noches del verano. El verano: esa época del año en la que se duerme durante el día, para refugiarse del sol justiciero,  y se vive de manera intensa por las noches, bajo la luz hipnótica de la luna. Bares de carretera, barbacoas, poca ropa, sudor, sangre…

Hace ya seis años, Alan Ball, creador de la serie entre las series, A dos metros bajo tierra’, volvía a HBO con el proyecto de una serie sobre vampiros integrados en la sociedad. Al término de una bastante potable primera temporada, ‘True Blood’ tenía dos caminos a seguir para convertirse en una joya más de HBO: o se tomaba en serio la trama propuesta, creando una seguramente muy sesuda reflexión sobre el racismo y la integración social de los negros (aquí vampiros) en la América profunda, o… se lanzaba en pelotas y sin paracaídas en la serie B más gratuita y grotesca. El verano escogió la opción B, y  mis hormonas están agradecidas.

‘True Blood’ basa su éxito de audiencia (y de merchandising) en la locura por la locura. Por el universo de ‘True Blood’ que, recordemos, comenzó como una serie de vampiros, han pasado: cambiaformas, hombres lobo, súcubos, chamanes, brujas e incluso hadas. ¡Hadas! Tras las primeras temporadas, en las que la serie B se iba diluyendo poquito a poco, la serie decidió, en un cambio más o menos gradual, tomarse todo con un cachondeo ejemplar: Sookie imitándose a sí misma, Eric y Bill quitándose la camiseta hasta para pedir el pan, sueños homoeróticos entre los machos de la serie…

En ‘True Blood’, que es la Big Mac de HBO, la trama da exactamente igual. Me importan un pimiento los cliffhangers y el devenir de los personajes. Lo único que me interesa es el sexo, el desparrame,  el gore, la vergüenza ajena y las cheesy historias de amor entre personajes imposibles. Cierto es que para que una temporada de ‘True Blood’ funcione es necesario tener un malo a la altura.

En la primera temporada el villano era un redneck psicokiller que dejó en herencia a Bon Temps un vástago satánico. En la segunda, Michelle Forbes, ahora madre sufridora en la deprimente ‘The Killing’, era una diosa del sexo que tenía esclavizado al pueblo en orgías multitudinarias. En la tercera, apareció por primera vez uno de los villanos más carismáticos de la televisión: Russel Edginton, vampiro marica y terrorista. En la cuarta temporada, en plan súper obra maestra, la villana era una bruja riojana, Antonia Gavilán de Logroño [sic], que vuelve a la vida para vengarse de los vampiros que la quemaron durante la Inquisición. Y, en la quinta temporada, conocimos a la Iglesia de los vampiros, con guiños a la figura de Jesucristo y María Magdalena. ¿Qué veremos en la sexta temporada? El nivel está muy alto.

Así que amigos: olvidemos los prejuicios, despelotémonos y follemos sin descanso durante 50 minutos semanales de puro vicio. Yo, al final de cada temporada, siempre digo lo mismo: Ojalá ‘True Blood’ dure para siempre.

***

Canal Plus 2 estrena la sexta temporada de ‘True Blood’ mañana lunes 17 a las 21.30, sólo 24 horas después de su emisión en EE.UU.

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Una respuesta a “No hay invierno sin turrón ni verano sin ‘True Blood’

  1. Esta temporada creo que será la mejor con todo el asunto de la guerra entre vampiros y humanos, lo que más me atrae es la idea de Warlow y lo que será dentro de la historia.

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