Por un puñado de dólares

Sergio Menéndez | Falso9

Todo hacía presagiar un final de temporada plácido en el barrio valenciano de Orriols. Certificada la permanencia y garantizada su participación el curso próximo de Liga cuando todavía faltaban varias jornadas para la conclusión del presente campeonato, una relativa sensación de calma sobrevolaba la atmósfera de la institución levantinista. Un club que tradicionalmente se ha visto obligado a luchar por la categoría hasta el último suspiro, si bien lleva cuajando dos años con grandes actuaciones tanto dentro como fuera de nuestro país.

Por tanto, el hecho de haber completado el objetivo primordial de la campaña con cierta holgura no dejaba de despertar en los granotas la inquietud propia de quien esperaba mayor oposición. Demasiada tranquilidad. Ni la previsible marcha de Juan Ignacio Martínez, JIM, el principal responsable de la consolidación del Levante en la máxima categoría del fútbol nacional, parecía contraprestación suficiente si se comparaba con lo bien que se había dado el curso. Una bomba estaba a punto de estallar.

Fiel al estilo del animal que sirve de inspiración a los parroquianos del Ciutat de Valencia, poco tardó en saltar la rana de la polémica. Tan alto subió el bicho para impulsarse que su caída ha generado un auténtico maremoto, una oleada de reacciones de magnitudes colosales, cuya devastación continúa en las aguas de una disciplina que, si antes parecía una balsa de aceite, se ha visto de golpe y porrazo salpicada por un asunto realmente turbio.

Los protagonistas

Dos son los protagonistas de la trama, pesos pesados dentro del vestuario levantinista hasta hace bien poco. Uno, José Javier Barkero, en sentido figurado, pues no sería descabellado considerarlo como uno de los jugadores más desequilibrantes de la plantilla, si no el futbolista que mayor número de cualidades a la hora de desatascar un partido con un chispazo de genialidad; otro, Sergio Ballesteros, constituye la prueba definitiva de lo que supone trasladar al campo el peso específico que todo brazalete de capitán lleva implícito desde una perspectiva casi literal, lo que traducido a unidades de masa nos da un resultado de 93 kilogramos de contundencia valenciana y central expeditivo.

Once del Levante en el encuentro de Europa League de la temporada 2012-13 ante el Rubin Kazan ruso (Foto: wikimedia)

Once del Levante en el encuentro de Europa League de la temporada 2012-13 ante el Rubin Kazan ruso (Foto: wikimedia)

Lo que la prensa ha terminado denominando “caso Barkero” no hace referencia ni más ni menos a la acusación de amaño realizada por parte del centrocampista guipuzcoano hacia varios de sus colegas durante el partido disputado el pasado mes de abril entre Levante y Deportivo de la Coruña. Fue la actitud de Juanlu, Munúa y Ballesteros lo que levantó las suspicacias del jugador, que intuyó ciertos signos de apatía, relajación en los marcajes y bajo rendimiento en su juego.

Porque todos podemos tener un mal día, pero parecía demasiada coincidencia que los tres hubiesen elegido el mismo partido, frente a un rival que llegaba al Ciutat de Valencia necesitado de puntos. Un 0-3 al descanso fue suficiente para confirmar las suspicacias de Barkero, quien no dudó en denunciar la situación frente al resto del vestuario, tachando el encuentro de pantomima y acusando públicamente a los tres sospechosos de estar dejándose ganar a cambio de dinero. Hecho que, no sólo pondría en tela de juicio su profesionalidad, también su sentido del compañerismo. Sobre todo en el caso de Ballesteros, que como capitán tenía la última palabra a la hora de repartir un botín del que no se habría hecho partícipe al grueso de la plantilla.

Un final de temporada propio de Sergio Leone

Desde entonces las relación en la disciplina granota ha seguido el guión propia de una película del oeste, con un vestuario que, al igual que ocurre con los pueblos de los western, no parecía lo suficientemente grande para la convivencia entre los bandos enfrentados. Un duelo al sol de Levante donde Ballesteros, un sheriff valenciano mancillado en el honor, hizo valer un revólver de mayor calibre y precipitaba la caída de Barkero.

Pero estuvo rápido el forastero, que de rodillas logró reunir fuerzas de flaqueza para desenfundar y pegar tres tiros. El primero impactó de lleno sobre el cuerpo de Juanlu, que dando la espalda a lo que parecía un cadáver se convertía en el primero de los señalados en rescindir su contrato con el club. Luego el destino se hizo definitivamente cargo de Barkero. Quedan dos tiros que pasaron silbando junto a los cuerpos de Ballesteros, quien ultima con el Levante los flecos de su retirada y prepara el salto al organigrama deportivo del equipo, y un Munúa que ya corre a lomos de su caballo camino de Florencia. Y todo ello, como diría Sergio Leone, por un puñado de dólares.

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