El viaje de Sánchez Adalid

En sus novelas nos propone un viaje mágico al pasado, una epopeya pensada para llevar al lector a los lugares de la antigüedad y hacerle vivir una reconstrucción de lo ocurrido. Pero su propia biografía también muestra un viaje, si bien no tan distante en el tiempo, muy rico en vivencias, opciones personales y aprendizajes.

Un viaje veloz el de la biografía de Jesús Sánchez Adalid, trufada por libros de Derecho, actas judiciales, volúmenes de Teología, misales y libros de Historia. Así nos lo demuestra en el escaso tiempo en que los miembros de Mayhem Revista podemos disfrutar de una charla con él antes de la presentación de su última novela, El camino mozárabe.

El escritor, exjuez y sacerdote extremeño (Villanueva de la Serena, Badajoz, 1962) lleva desde 1998 escribiendo prácticamente una novela cada año, en las que ha explorado la Córdoba califal del siglo X (en El Mozárabe, su obra más reconocida, y también en su nueva novela), la fundación de Plasencia con la amenaza del imperio almohade (El alma de la ciudad), la decadencia griega (Los milagros del vino) o el reinado de Felipe II (El caballero de Alcántara). Una gran productividad literaria para un autor que entiende su oficio como una manera de “proporcionar evasión” al lector.

Novela histórica española

“No se puede olvidar que yo no escribo libros de historia, yo escribo novelas. Las novelas tienen que ser apasionantes, tienen que tener historia, tienen que enganchar. Y nos tienen que proporcionar algo que no encontraremos en los libros de Historia, que es el viaje mágico al pasado”, comenta el escritor pacense con franqueza. Una reacción contra el realismo social –una “saturación de realidad”, para el autor— imperante en la literatura española, lo que lleva a Sánchez Adalid a identificar a la novela histórica española como una nueva corriente en nuestra Literatura, cuyo origen no supera los 30 años.

Jesús Sánchez Adalid durante la entrevista con M* (Foto: Jorge Moreno)

Jesús Sánchez Adalid durante la entrevista con M* (Foto: Jorge Moreno)

Arturo Pérez-Reverte, Antonio Gala, Alfonso Mateo Sagasta… son algunos de los componentes de esta “nueva novela histórica española” que viene a recoger una tradición de lectura de este género presente en España desde los años 50, pero alimentada siempre por autores extranjeros. Discrepa el escritor cuando se le propone a Pérez-Galdós como un posible antecedente de novela histórica, dado que cuenta acontecimientos “pasados apenas 20 años, en otros 15 ó 16”.

“Es como si yo escribo una novela que se desenvuelva en los años de la transición política o el felipismo. Yo no lo consideraría novela histórica”, ya que ésta requiere para el autor pacense un “distanciamiento” y la búsqueda de información en fuentes documentales.

Al-Ándalus: estereotipos y mitos dulcificados

En El camino mozárabe, Sánchez Adalid vuelve a internarse entre la Córdoba del califa Abderramán III y la Gallaecia cristiana del norte para tejer una historia que tiene como protagonistas a personajes de las tres culturas que habitaban por aquel entonces lo que hoy denominamos España. Una etapa histórica que, para el autor, ha sido tratada tradicionalmente a través de “un estereotipo”, que divide a los habitantes de la época entre musulmanes y cristianos, junto a las diásporas judías confinadas en unos barrios determinados, pero olvidándose de otros actores sociales.

En este cuadro histórico falta “un núcleo de población muy significativo y muy numeroso que son los mozárabes”. “Son los descendientes de la población hispano-visigoda, que son cristianos y que conservan durante larguísimo periodo de tiempo de la dominación musulmana sus costumbres, su tradición, su religión e incluso sus jerarquías tanto eclesiásticas como civiles”, explica.

Jesús Sánchez Adalid en un momento de la entrevista con M* (Foto: Jorge Moreno)

Jesús Sánchez Adalid en un momento de la entrevista con M* (Foto: Jorge Moreno)

Los mozárabes están representados en la novela en la figura de Lindopelo, el experto en tintes que agrega color a la cabellera de Abderramán III, avergonzado de su cabellera rubia, tan alejada del aspecto del Profeta. A través de este cristiano tan cercano al Comendador de los Creyentes, Sánchez Adalid dibuja las relaciones entre las distintas culturas de Al-Ándalus, en una etapa floreciente de esta sociedad, que sin embargo considera que ha sido idealizada históricamente.

“Se ha generado un mito, una leyenda rosa que ha dulcificado la convivencia de las tres culturas. Existió convivencia, sí. Frente a una corriente negacionista que hoy niega absolutamente la convivencia, yo creo que sí la hubo (…) Pero no era una convivencia en el sentido de que surgieran lazos entre las comunidades de forma idílica. No, era una coexistencia en la que no había matrimonios mixtos pero sí había relaciones comerciales y un respeto hacia las fiestas religiosas de cada comunidad”, explica el escritor, que apuesta, sin embargo por “no perder la utopía” y aceptar el mito si ayuda a las culturas a convivir en un mundo actual “forzosamente multicultural”.

¿Estamos muy lejos a nivel religioso de aquella tolerancia compartida? Para el escritor pacense, también sacerdote católico, hay una gran distancia con aquella cultura, ya que “desapareció y no pervivió”, y el Islam actual está dividido en dos corrientes “una extremista y otra que busca integrar el Islam en occidente y en el mundo como una religión más”.

El mundo en una parroquia

Párroco actualmente de Alange, un pueblo de unos 2.000 habitantes de la provincia de Badajoz, Sánchez Adalid reconoce en sus parroquianos las influencias para los personajes de sus novelas. “No recuerdo qué pensador decía que en una sociedad de 100 personas se dan todos los caracteres humanos posibles”, explica este sacerdote de vocación tardía, ya que primero estudió Derecho y llegó a ejercer dos años como juez antes de decidirse a tomar la Teología y hacerse ministro de los sacramentos católicos. Una biografía que, aunque parezca “muy densa”, describe como parte de un proceso totalmente natural.

“A veces hay momentos en el que un ser humano tiene que decidir. Y en esta decisión influyen muchos aspectos, como son una serie de motivaciones interiores y mociones internas que son muy difíciles de explicar, pero que en general le llamamos vocación”, argumenta en la conversación con M*. Se define como un sacerdote “esperanzado” con la llegada del nuevo papa, el argentino Jorge Mario Bergoglio, al Vaticano, al tiempo que apuesta por una iglesia que “debe presentarse con humildad” al mundo.

Jesús Sánchez Adalid después de la entrevista (Foto: Miguel Ángel Moreno)

Jesús Sánchez Adalid después de la entrevista (Foto: Miguel Ángel Moreno)

Una vocación que se suma a otra vocación, como es la literatura. “Yo siempre lo he sentido así”, explica Sánchez Adalid, que se define más como “un lector que escribe” que como “un sacerdote que escribe”. Pero que no olvida su parroquia, de la que intenta no ausentarse más de dos o tres días a la semana para acudir a compromisos literarios.

Es por esto que nuestra conversación, aunque reposada y realizada en un marco natural que llama a la tranquilidad, tiene que verse interrumpida rápidamente. Hay otros compromisos, otras entrevistas, y otras presentaciones de la novela, en este caso en una parroquia del sur de Madrid. Y después, viaje de vuelta a Badajoz y campamento con un grupo ‘scout’ de su parroquia, lo que hace imposible reanudar la conversación por vía telefónica. Una nueva etapa del viaje de Sánchez Adalid.

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Lee la entrevista completa a Jesús Sánchez Adalid

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