Cómo hemos cambiado

David L. Palomo | Falso9

Tiene menos pelo que cuando lo vimos por primera vez, más canas y el mismo peso. Sin embargo, todos hemos cambiado mucho desde aquel día en que él fuera presentado como entrenador del Barcelona, concretamente en 2008, antes de que “reinventara el fútbol” –o al menos eso dicen los alemanes– y ganara 14 títulos. Fue en un verano caluroso y breve, como los buenos recuerdos de la infancia.

Nada podía salir mal tras aquel apretón de manos entre Laporta y Guardiola previo a la Eurocopa de Austria y Suiza que ganaría España. La vida, como se encargó de recordarnos Andrés Montés en cada retransmisión de los Juegos de Pekín, “podía ser maravillosa”.  Y de hecho, lo era. Por entonces, Lehman Brothers todavía no había caído –lo haría en septiembre– y el ladrillo seguía siendo el principal motor de España.

No obstante, nuestra economía dejó de jugar la Champions al mismo tiempo que el deporte español experimentó su propio ‘boom’. Incluso Mourinho llegó al Real Madrid en un intento por destronar a ese Pep que se empezó a quedar sin pelo. Se vivieron años de tormentas dialécticas entre los dos técnicos y de un fuerte discurso ideológico: cantera sí o no, toque o contraataque… El relato que comenzó aquel 19 de junio se jerarquizó poco a poco en una bipolaridad entre Barça y Madrid, dejando al margen al resto, sumidos en un apartheid de pobres y ricos. Exactamente, igual que le pasaba a la sociedad, que construyó la misma barrera. O siendo más precisos, la sigue construyendo varios años después.

El círculo se ha cerrado

Sin embargo, muchas cosas han cambiado. Mourinho y Guardiola ya no están. Y la infancia, más que nunca, vuelve con la nostalgia del verano y la calidez del sol. Los periódicos, como antes de que ambos tomaran asiento en sendos banquillos, vuelven a abrir con fichajes de otro tiempo. La historia que comenzó con el apretón de manos entre Laporta y el filósofo de Santpedor resistió un año más con la continuidad del portugués.

Ahora con su marcha al Chelsea y la llegada de Pep a Múnich como en el nuevo profeta, el círculo se ha cerrado. España, como tiempo atrás, vuelve a intentar ser la potencia que fue una vez perdido el relato. Una vez que Florentino ha abandonado la política de ‘los galácticos’ –o eso parece– y Rosell la de la cantera en un intento por devolverse a sí mismos la gloria que perdieron el año pasado.

Presentación de Pep Guardiola como entrenador del Bayern Munich (Foto: Proceso.com/AP)

Presentación de Pep Guardiola como entrenador del Bayern Munich (Foto: Proceso.com/AP)

Todo esto viene a cuento a raíz de la presentación de Guardiola esta semana con el Bayern. Una imagen que ejemplifica que lo atractivo no se encuentra en la preciada piel de toro. Tanto en lo económico como en lo deportivo el relato ya no se escribe en castellano. Toca aprender alemán en cursos exprés para comparecer en rueda de prensa buscando un golpe de efecto que, no obstante, consiguió a juzgar por las portadas de los diarios alemanes. No le va a ser fácil a Pep, que llega con el listón bien alto después de que Heynckes consiguiera el triplete. Se encuentra ante el mismo ‘marrón’ con que Tito afrontó la campaña pasada.

Mientras, en Barcelona, andan a vueltas con Thiago Alcántara y han dejado de hablar de la cantera. Han perdido el relato que el filósofo se llevó consigo a Nueva York. De cara a la campaña que viene suenan Rooney, Thiago Silva… Ya no se habla de valors ni de Masía. Ahora, el relato se escribe en alemán, tiene menos pelo, más canas, pero el mismo peso. Parece mentira, pero cómo hemos cambiado. Y en tan poco tiempo.

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