‘Orange Is the New Black’: feminismo sin clase

Netflix está acertando de lleno con sus apuestas originales. ‘House of Cards’, ‘Hemlock Grove’, ‘Arrested Development’. Todas ellas con unos objetivos concretos que, si seguimos las últimas noticias, parecen haberse cumplido con éxito. Todas ellas responden a una máxima diferenciadora que podríamos resumir en: “Te traemos lo que la TV tradicional no está preparada para enseñarte”. Y parece que es así como ha nacido ‘Orange Is the New Black’, la joya de la corona de Netflix.

Jenji Kohan, una señora muy excéntrica creadora de la estupenda (y en cierto modo revolucionaria) ‘Weeds’ y guionista y productora de otras series de importancia como ‘Will & Grace’ y ‘Las chicas Gilmore’, toma las riendas de una serie con título mamarracho y con mucha más chicha de la que pensábamos. ‘Orange Is the New Black’ retrata la vida de una treintañera pija que tiene que ingresar en prisión por un delito que cometió diez años antes. Cuando era lesbiana.

La serie tiene la clásica presentación de comedia que poco a poco va descubriendo el drama. Al principio todo son risas, al ver como esta chica pija tiene que mear en un retrete sin puerta o enfrentarse a la líder de la cárcel, que le envía para desayunar un muffin relleno de tampón usado. Pero esta comedia va dando paso al drama y ahí es donde la serie se crece.

Lo primero que me sorprendió de ‘Orange Is the New Black’ y, aunque parezca una chorrada tiene su importancia, es que los capítulos son de 50 minutos. Con un planteamiento así, tan de Showtime, tan de Jenji Kohan, lo lógico sería que cada capítulo durara entre 20 y 30 minutos. Esto es, seguramente, lo único que me echa un poco para atrás de la serie. Medio capítulo está dedicado a la vida en prisión (en el que todo es muy maravilloso y muy de aplaudir hasta hacerte heridas en las manos) y el otro medio capítulo funciona como flashback de cada una de las reclusas, y en el que siempre se cuela alguna escena en flashback de la protagonista. ¿Cuál es el problema de esto? Pues que la vida fuera de la cárcel de la protagonista, prometida con un Jason Biggs que parece que interpreta al mismo personaje de American Pie pasado unos años, es bastante anodina y predecible. De hecho, toda la trama de Piper Chapman, eje principal de la serie, podría pasar por lo menos logrado de todo.

Merece la pena llamar la atención sobre el hecho de que ‘Orange Is the New Black’ es una serie prácticamente protagonizada exclusivamente por mujeres. Por mujeres que, ojo y por fin, no sólo hablan de hombres. Increíble. Escenas larguísimas, debates acalorados, peleas, coloquios interminables… y ninguna trama con hombres de por medio. Ni siquiera hablan de comprarse zapatos caros o hacerse la manicura. Bueno, la única que habla de eso es un maravilloso personaje transexual. Un personaje transexual. En una serie. Un personaje transexual con una trama muy Laurence Anyways y con una pedazo de actriz detrás, claro.

Y no sólo protagonizan mujeres hablando como seres humanos independientes de los hombres, sino que también intervienen lesbianas. Lesbianas de todo tipo. Lesbianas promiscuas, lesbianas que se quieren, lesbianas femeninas, lesbianas machorras, lesbianas negras, lesbianas latinas, lesbianas blancas upper east side.. Incluso la representación del sexo entre lesbianas se siente real. No se busca la excitación del espectador del hombre heterosexual. Muy de diez.

Aun con todo esto y, como conocemos a Jenji Kohan de antes, la representación de la mujer sigue siendo la del personaje extremo, histérico y desquiciado. Todas ellas con sus dramas exagerados que hacen a estos personajes mucho más atractivos, pero mucho menos reales. Quizá en este sentido me quede con el personaje de Daya, una chica latina, muy normal, fan del manga y enamorada del nuevo policía de la cárcel. Su historia puede que parezca la más manida, pero es la que más verdad guarda de todas. Y eso que en esta serie se respira mucha verdad. O, al menos, muchas ganas de mostrarla.

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Una respuesta a “‘Orange Is the New Black’: feminismo sin clase

  1. Totalmente de acuerdo con lo anodino de la vida de Piper fuera de la prisión. Y la verdad es que aunque el poco sexo lésbico que sale también lo siento bastante real, me parece que hay muy pocas escenas de sexo! o que duran muy poco, que casi pasan por encima, comparada con otras series. [No sé si esto me gusta o no, en principio querría más!! aunque tampoco me parece que la serie lo pida mucho. Sólo me sorprendió!].

    Gracias por el artículo! es genial!

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