La responsabilidad de los medios

Hoy es un día trágico para todos, especialmente para las familias de los heridos y fallecidos en el accidente, a los que todos desde Mayhem enviamos nuestros más sinceros ánimos en esta situación tan difícil. Unos ánimos que extendemos a los pocos afortunados que salieron ilesos, porque las secuelas psicológicas de lo vivido serán difíciles de superar, y esperamos que nadie se olvide de que ellos también necesitarán cariño y atención.

Aquí no estamos acostumbrados a pegarnos a la actualidad, pero ante una circunstancia tan excepcional el compromiso era ineludible. Un accidente como el de ayer es uno de los pocos casos que consiguen monopolizar la agenda informativa, así como las cada vez más importantes redes sociales. La necesidad de información es enorme, y los medios de comunicación deben asumir su responsabilidad y ejercer su labor de servicio público que tantas veces olvidan.

El deber de ‘los grandes’

Ayer tocaba estar a la altura. Lo estuvieron los ciudadanos yendo en masa a donar sangre, los médicos, enfermeros y psicólogos en paro que fueron a los hospitales a echar una mano, o los bomberos que desconvocaron una jornada de huelga para actuar al servicio de la ciudadanía. No lo estuvieron la gran mayoría de televisiones, que salvo honrosísimas excepciones como Intereconomía, reaccionaron tarde y mal para dar la cobertura necesaria a una tragedia de esta magnitud.

Se me podrá tachar de ventajista, pero sinceramente me da igual. Como ciudadano y sobre todo como periodista sentí una enorme vergüenza al ver que la televisión pública estatal tardara más de dos horas en hacer un seguimiento en directo del accidente, más aun cuando tiene un canal todo noticias y periodistas en plantilla en todas las comunidades autónomas.

La gran diferencia entre un gran medio de comunicación y uno minúsculo como el nuestro son los recursos. Está muy bien toda esa moda de “háztelo por tu cuenta” y ser emprendedores, pero a la hora de la verdad, los que pueden mandar un dispositivo adecuado al lugar de los hechos y además hacerlo rápido son sólo los grandes. Y si no lo hacen, es que no está cumpliendo con su función, así de simple.

Del silencio al ruido

Si por la noche el problema fue el silencio, esta mañana lo fue el ruido. Los programas matinales hicieron coberturas especiales de la noticia, pero lo hicieron de la única forma que saben: poniendo alrededor de una mesa a gente que hace una semana eran expertos forenses y hoy tenían un máster en ingeniería ferroviaria, con una sangrante falta de prudencia a la hora de sacar imágenes espeluznantes o estados de Facebook del maquinista.

Los periodistas que no hace mucho abandonamos la universidad hemos estudiado bajo el mantra del “hacer más con menos”. El periodista del futuro tiene que ser versátil y rápido, y acostumbrarse a unas redacciones cada vez más reducidas. Casos como este nos demuestran que eso es una falacia. A veces, la única forma de proceder es no escatimando medios, pero este es un pensamiento tan a contracorriente que parece casi una consigna utópica.

Dinámicas empresariales al descubierto

El periodismo hace falta porque la información es poder. El pueblo nunca puede ser soberano si no cuenta con una información de calidad en su haber y eso es algo que nos tenemos que grabar a fuego. Tanto los periodistas como los que no lo son deberíamos pensar sobre la dinámica mercantilista en la que desde hace años han entrado los grandes medios, una dinámica en la que es preferible tener becarios a periodistas experimentados, porque los primeros cobran poco y se quejan menos. Es urgente atajarlo, porque podríamos encontrarnos con la paradoja de que la era de la información sea también en la que peor informados estemos.

Aunque no sea ni mucho menos lo más importante en un día tan triste, hoy toca decir bien alto que la televisión nos ha fallado una vez más, y van demasiadas. Tanto si ha sido por falta de medios como por falta de voluntad no han cumplido su deber y tendrían que reflexionar sobre ello. No se puede dejar pasar porque si no caerá en el olvido como tantas otras veces. El poder de la información está cada vez más en manos de empresarios en lugar de periodistas, y si no saben qué hacer con él, lo mejor es que pidan perdón, entreguen las cámaras y se retiren.

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2 Respuestas a “La responsabilidad de los medios

  1. “El pueblo nunca puede ser soberano”

    Hombre, claro que no. Si fuera soberano, ¿sobre quién? ¿Sobre sus jefes o líderes? Entonces ni serían jefes ni liderarían nada. ¿Sobre sí mismo? Entonces, ¿el pueblo sería soberano sobre sí? ¿Eso no es anular precisamente cualquier tipo de soberanía? “Soy mi propio dictador, mi propio rey” no parece tener sentido más que como metáfora, o como quien se niega la apetencia de un pitillo porque está dejando de fumar, y decide no hacer caso a sus apetitos.

    Por otra parte un tren que descarrila con 80 muertos es un tren que descarrila con 80 muertos. Ni importa ver cómo descarrila, ni cómo son los muertos, ni cómo llora la gente. Llamar a eso “información” es como hacer una edición de Gran Hermano en la planta de oncología del hospital de la Princesa y llamarlo “expediente médico”.

    Más allá del dato -más mueren al año en coche, y no es nunca portada, ni crea épica mortuoria-, no hay noticia.

    Pronto será un circo político, y empezará la fiesta…

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