Estrenos 2 de agosto

La película de la semana: Guerra Mundial Z

Mañana me voy de vacaciones durante una semana, pero no podía dejaros abandonados y desvalidos. Soy consciente de que la mía es la única sección de todo Internet que analiza la cartelera y hace críticas de cine, un servicio público vaya, y no podía dejaros en el desierto. Por eso vi Guerra Mundial Z el martes pasado, saltándome mi norma de no saber sobre las pelis hasta su estreno.

La parte buena, tendréis crítica el martes (ya os adelanto que positiva) y la mala es que no haré mis acostumbradas predicciones porque no tendría sentido. Por lo demás, la semana que viene os dejaré en buenas manos, concretamente las del compañero Jorge, que tendrá que enfrentar sus prejuicios con los míos en la semana del estreno de Pacific Rim. Mientras tanto, si tenéis pensado ir al cine esta semana, no os lo penséis y entrad a ver Guerra Mundial Z, a mí me sorprendió gratamente y espero que a vosotros os pase lo mismo.

El momento clave

La última imagen del tráiler, que corresponde a la secuencia rodada en Jerusalén, es una de las cosas visualmente más potentes que he visto en mucho, mucho tiempo. Será sin duda por lo que se recuerde a esta película dentro de unos años.

¿Por qué ir a verla?

Porque los blockbusters decentes son una especie en extinción. Hay que ir a verlos antes de que se acaben, como a los pandas del zoo.

Los pitufos 2

Al niño que hay en mí le encantan las películas de animación. Como había prometido, recientemente vi Gru y me pareció un entretenimiento estupendo. Pero Los Pitufos son demasiado to my body. Vale que crecí con ellos, incluida la versión maquinera con la que taladraron los oídos de toda una generación, la mía, pero creo que no hay criatura más repipi, cursi e insoportable que un pitufo, y puedo decir sin el menor remordimiento que si existieran de verdad me dedicaría a pisarlos como hormigas y  me uniría sin reservas al ejército de Gargamel con tal de que no hubiera más niños contaminados por su mundo de azúcar azul. Si esta película es siquiera un poco buena soy capaz de pintarme de azul e ir por todo Madrid pidiendo pituperdón por mis palabras.

El momento clave

¿No os parece que “los malotes” son los únicos un poco salaos?

¿Por qué ir a verla?

Porque si tienes niños no te va a quedar más remedio. Lo siento por ti.

Lo que el día le debe a la noche

Esto de mezclar una historia de amor imposible con los acontecimientos más convulsos de un país es más viejo que el mear, pero si se siguen estrenando películas como Lo que el día le debe a la noche será porque aún está lejos de caducar. Esa frase que reza “tendrá que elegir entre su país y la mujer de su vida” nos invita a pensar que transitaremos entre cliché y cliché sin pausa hasta el último fundido a negro, pero eso no impedirá que los más fanáticos del romance épico salgan limpiándose las lágrimas con su pañuelo de tela y gritando loas al amor eterno y verdadero tras conocer el inevitablemente trágico desenlace. Yo no estaré para verlo.

El momento clave

Una adaptación de novela que comienza con un señor mayor ojeando un libro y de ahí a un largo flashback. ¡El cine ha comenzado su revolución!

¿Por qué ir a verla?

Porque los melodramas históricos te ponen a cien incluso cuando son un peñazo.

El estudiante

Desde el principio podemos ver que se trata de una película hecha con cuatro duros, nivel visual “me cojo una cámara y me pongo” con los colegas, lo que durante dos horas puede hacerse pesado y difícil de ver. Pero si la crítica está tan contenta con ella y ha conseguido estrenarse internacionalmente es porque algo tiene que tener, así que, como es verano, voy a dar un voto de confianza a El Estudiante. Espero que nos encontremos ante una interesante reflexión sobre los procesos políticos a través del microcosmos universitario ideado por Santiago Mitre.

El momento clave

Con las críticas de prensa que salen en el tráiler parecería que nos encontramos ante El Padrino.

¿Por qué ir a verla?

Tanto si eres asambleario perrofláutico como matahippies saldrás reforzado en tus argumentos.

Sólo el viento

Si plantas el culo en una de las dieciséis salas que van a estrenar Sólo el viento este fin de semana sabes a lo que vas. Vas a ver a una familia gitana que vive en la marginación en un pueblo de Hungría y la insoportable situación en la que se encuentran por los continuos ataques y amenazas racistas de un grupo de descerebrados. Si tienes el estómago y la capacidad de aguantar ese marronazo es posible que disfrutes de una buena película, al menos su Oso de plata en el Festival de Berlín podría darnos indicios de que es así, pero el mal cuerpo a la salida no te lo va a quitar ni una reproducción compulsiva de la discografía de Mika.

El momento clave

¡Un niño persiguiendo una rueda! Creo que es el reclamo publicitario más potente que he visto en mucho tiempo.

¿Por qué ir a verla?

Porque te gusta sufrir. Aquí, ya sea por la historia de la película o por el tostón que puede ser, seguro que consigues el objetivo.

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