Pacific Rim: ¡Viva el cachondeo!

No sorprenderé a nadie si digo que Pacific Rim es cine de entretenimiento. Lo que hace que esta perogrullada tenga importancia es que es un tipo de cine que generalmente se hace muy mal. Por alguna razón, cuando en Hollywood se hacen películas sobre catástrofes, invasiones y demás fatalidades, tienen la extraña obsesión de enmarcarlo en una historia familiar, y sobre todo, de dar el mismo empaque a ese contexto que a las hormigas asesinas. Este automatismo, que sin ir más lejos se puede encontrar muy claramente en Guerra Mundial Z, es lo que provoca que más de una vez salgamos con la sensación de que esa peli ya la habíamos visto, y la huida hacia delante que Pacific Rim plantea al respecto es uno de sus grandes aciertos.

Guillermo del Toro, un tipo experimentado, sabe que no puede rodar una superproducción con bichos enormes sin meter historias personales de por medio, así que recurre a un par de atajos de los que sale victorioso. Primero, el trauma personal del protagonista se plantea en los quince minutos iniciales para quedarse de fondo en lo sucesivo, y en segundo lugar repite el esquema para el resto de personajes: todos tienen algún tipo de problema paternofilial  (daddy issues dicen los americanos) que además tiene su principio y final dentro de la base de operaciones. En resumen, que se ventila en un pis pas las historias personales para centrarse en lo que realmente importa: que unas criaturas terribles se quieren cargar la tierra.

Con las cartas puestas boca arriba sobre la mesa, lo que toca a partir de entonces es disfrutar del espectáculo, que no consiste ni más ni menos que en media docena de batallas épicas entre Kaijus y Jaegers y las típicas tensiones y penurias de un ejército de élite cuando el fin del mundo parece acercarse. La película es sincerísima al respecto, con lo que si no te gusta es simple y llanamente porque no te gustan las historias apocalípticas a guantazo limpio. Porque dentro de este género es una película francamente entretenida.

Por otra parte, y para ayudar a la digestión de los que no nos entregamos fácilmente a una orgía de mamporros, del Toro nos obsequia con toneladas de sentido del humor, que no deja de estar presente en ningún momento de la película. Hay personajes y subtramas enteramente cómicos, pero el cachondeo se propaga incluso entre los más serios, con mención especial para un Idris Elba que dignifica la clásica figura del tipo duro con alguna de las mejores frases y gestos de la cinta.

Huelga decir que no estamos ante una de las películas del año, ni siquiera una de las del verano. Es una historia demasiado tonta y demasiado típica como para que nadie la recuerde de aquí a unos meses. Pero lo que hace que Pacific Rim sea un estreno que me caiga bien es que va de frente, ofrece lo que promete y lo hace entregándose al hedonismo más puro, a ese placer sin ataduras ni pretensiones que el cine de evasión nos da mucho menos de lo que debería. Entretenimiento, al fin.

Lo que dije Jorge dijo de Pacific Rim

Para definir lo que apunta su tráiler sobre Pacific Rim (evitando caer en una acusación de delitos contra la propiedad intelectual), habría que usar las expresiones collage déjà vu. No creo que, durante todo el metraje, pasen más de tres minutos entre cada momento en el que un espectador que haya vivido a menos de 100 kilómetros a la redonda de un cine o de una televisión no diga “esto ya lo he visto”. Pero cuando digo “esto ya lo he visto” no me refiero lo que entenderíamos como homenaje o parecido razonable… No, no. Me refiero a un calco como el de Halle Berry consigo misma después de 19 años. Sí, ya me conozco todas las teorías de la postmodernidad, pero tampoco es cuestión de tomarnos el pelo, ¿no?

Dices muy bien Jorge cuando hablas de la posmodernidad, los collages y ese tipo de conceptos elevados, pero lo que tenemos aquí tiene una explicación mucho más simple que todo eso: un tipo friki de cojones haciendo una película con la que soñaba cuando era un crío. Cabrearse por ello ya depende de la facilidad que tenga cada uno para poner el grito en el cielo.

Sobre el argumento en sí, no creo que haya que hacer muchas predicciones para saber lo que va a pasar: unos monstruos submarinos amenazan a la humanidad con arrebatarle el dominio sobre el planeta y, ante el problemón, un grupo de élite es entrenado para pilotar unos megazords que se los carguen, controlándolos a distancia como en un juego de realidad virtual. Tras muchos minutos de pelea, en los que entre una y cinco ciudades quedarán reducidas a escombros y en los que se habrá ido el 70% del presupuesto, los buenos ganan. Para los malos hay dos opciones, o bien al final resulta que no eran tan malos, o bien sí lo eran y acaban todos muertos.

Salvo el hecho de que el grupo de élite ya venía entrenado de casa y que los megazords no se controlan a distancia, sino que se pilotan desde dentro, se puede decir que Jorge ha contado bastante bien el argumento. De todas formas, él mismo dice que no era una empresa de mucho mérito, así que no seré yo el que le contradiga.

Como aquí estoy haciendo una doble apuesta, me la juego con una combinada. En ambos casos se dejará la puerta abierta a una secuela. Si los malos eran buenos, resultará que había unos malos todavía peores que ya se preparan para Pacific Rim 2. Malos y buenos de esta primera entrega unirán sus fuerzas contra ellos. Si los malos eran malos de verdad, una pequeña grieta en el portal tridimensional habrá quedado abierta para convertir a Pacific Rim en la nueva franquicia de Warner.

Sólo el tiempo dirá si tendremos más entregas de Pacific Rim, pero las dos horas de metraje no muestran nada que así lo indique. La historia queda cerrada y bien cerrada, aunque eso no haya sido nunca un impedimento muy grande para los estudios americanos. Aun así, creo que podemos decir que aquí Jorge patinó, y para argumentarlo recurriré al típico epílogo que nos suelen regalar estas películas. Si normalmente ese momento suele usarse para ver como un malvado que parecía muerto abre un ojo, o como una mayor horda de monstruos se acerca a la ciudad desde las montañas, en este caso se trata de un tipo saliendo del estómago de uno de los monstruos gritando “¿dónde coño está mi zapato?”.

Sobre los personajes, mi predicción es que serán tan insustanciales que en los créditos no aparecerá el nombre de ninguno, sino su rol seguido de un número: Piloto de Megazord 1, Tía Buena 3…

Aunque aquí estuviera obviamente exagerando, Jorge no anda desencaminado cuando dice esto. La profundidad de los personajes no es una de las cualidades a destacar en Pacific Rim. Pero lo que Jorge no percibió en el tráiler es lo poco en serio que la película se toma a sí misma, con lo que me atrevo a decir que no me habría parecido una locura si al terminar la película hubiéramos visto aparecer unos créditos como los que él propone.

Es muy posible que nuestro crítico prejuicioso, y cualquiera que haya visto El Laberinto del Fauno o El espinazo del diablo, salga del cine habiendo encontrado, como en las bolsas de patatas fritas, ligerísimas trazas de cine de autor o de genialidad tras la cámara en la película, que sin duda atribuiremos a la maestría del director mexicano. La pregunta es, ¿habríamos prestado atención siquiera a esos detalles si el mismo metraje, fotograma a fotograma, estuviera firmado, por ejemplo, por Michael Bay? Lo mismo ocurrirá con la interpretación de Idris Elba, a quien tendríamos que comparar con Wesley Snipes, claro está.

Aquí Jorge recurre a una sucia artimaña para asegurarse tener razón. Primero plantea una tesis, que las trazas de la autoría de Guillermo del Toro serán poco perceptibles, y después lanza una pregunta retórica que jamás podremos contestar. Como no puedo contestar directamente, sólo diré que la mano de Guillermo del Toro se hace notar en el despliegue de imaginación en los planos, sí, pero sobre todo en lo que ya señalo desde el título de la crítica: el cachondeo permanente que nos acompaña durante todo el visionado.

¿Qué gafas me llevo?

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Entonces: ¿voy a verla?

Si tu duda estaba en si iba a ser entretenida o no, entonces corre al cine. Pero si estabas esperando algo más que una película en la que monstruos y Mazinger Z se lían a guarrazos entonces ve con Jorge a ver biopics de Renoir.

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Una respuesta a “Pacific Rim: ¡Viva el cachondeo!

  1. Ya llegó el crítico de plantilla para meterse con el becario y tildarlo de gafapasta…

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