Los misterios de Agatha

En los US de A quieren adaptar ‘Los misterios de Laura’. Ya sabéis, esa serie que es una versión de ‘Se ha escrito un crimen’ con toques costumbristas en plan ‘Mortadelo y Filemón’.

‘Los misterios de Laura’ es una serie de crimen, investigación y charcutería. Jessica Fletcher vive en Ciudad Jardín, tiene dos gemelos muy pillos, una madre controladora y un exmarido machista y absurdo. La locura máxima es que María Pujalte, mítica Mamen de Periodistas, hace chistes sobre pasteles y ácidos gástricos mientras resuelve un crimen en plan ‘Diez negritos’.

Es muy posible que ‘Los misterios de Laura’ sea la mejor serie española desde ‘Crematorio’. Obviamente, en calidad de producción, ‘Gran Hotel’, ‘Hispania’ o ‘Isabel’ le dan un millón de vueltas, pero yo estoy hablando de series guays. De series españolas que ver porque te apetecen y no porque vengan queriendo ser las mejores series españolas de la Historia. ¿Me explico?

El éxito de ‘Los misterios de Laura’ radica en que es, básicamente, una tontería. María Pujalte está fantástica haciendo de Inspectora Clousseau, de detective desastre que, sin saber muy bien cómo, termina resolviendo todos los casos. Digo que ahí radica su éxito, sobre todo entre su público objetivo (señoras que se sienten muy identificadas con Laura), pero donde reside la frescura de Laura es en la adaptación de las historias clásicas de Agatha Christie a la España de la actualidad. Si bien, y gracias a Dios, no quiere decir esto que vayamos a oír hablar en la serie de “la que está cayendo” o de las colas del INEM. En los misterios de Laura generalmente conocemos a unos fantásticos personajes secundarios (podemos decir que todos los actores españoles de tv en activo han pasado por allí) que viven en mansiones de lujo y tienen profesiones muy locas. Profesiones como de antes de la crisis. Ahí es donde se mantiene la esencia de Agatha Christie, en personajes desquiciados por el dinero, el lujo y las boquillas para fumar.

Nos queremos en la guerra. Nos odiamos entre chopped

A mí lo que me encanta de ‘Los misterios de Laura’ es que es de las pocas series españolas en prime time que no pretenden entretener a toda la familia. Es lo suficientemente blanca como para que la puedan ver niños y abuelos, pero tiene un gusto ciertamente muy femenino que es de agradecer y que seguramente espantará a los más machos de la casa. Los gañanes en esta serie no son premiados, sino castigados a un plano muy secundario. Cuando uno se sienta a ver ‘Los misterios de Laura’ y deja que los árboles le permitan ver el bosque, descubre que es una serie que no trata de imbécil al espectadores y que, al menos, tiene la intención de mantenernos despiertos con tramas (algunas) bastante sorprendentes y realmente muy entretenidas. Hasta en los títulos de crédito de cada capítulo, en plan Saul Bass, hay una clara intención de desmarcarse de la anodina ficción nacional. Esa ficción nacional que se divide en: nos queremos en la guerra y nos odiamos entre chopped.

Aunque llevo aquí unos cuantos cientos de caracteres alabando una producción de ficción nacional (no sé cuándo volveré a hacerlo), todavía no sabemos cuándo podremos ver los nuevos capítulos de esta serie. La tercera temporada está ya grabada y guardada en un cajón de TVE.  Maldita crisis. Maldita televisión pública. Maldito Partido Popular (porque sí).

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