Jorge Sánchez-Cabezudo ante el match ball

A escasos 150 metros de la bulliciosa y sonriente Plaza del Dos de Mayo de Madrid hay un local que esconde en su sótano una playa o un desierto, según el día de quien pase por allí. Pero es en la planta baja donde nos espera nuestro protagonista, en la misma mesa en la que imagina, desarrolla y pule tramas y personajes para llegar a verlos algún día en cine o televisión. Jorge Sánchez-Cabezudo (Madrid, 1972) nos cita en su puesto de trabajo habitual.

Que su nombre no esté aun reconocido al nivel del de otros cineastas de su generación es un misterio que habrá que aclarar algún día, como habrá que aclarar por qué a alguien capaz de parir una ópera prima como La noche de los girasoles y una de las poquísimas series españolas que hablan el lenguaje audiovisual propio del inicio del Siglo XXI, no se le han abierto de par en par todas las puertas de la industria.

“A veces me gustaría ir algo más a lo seguro y tener una carrera más estable, pero siempre nos planteamos retos y los retos son colocarte permanentemente en situaciones de match ball, a veces en contra y a veces a favor.  Ser ambicioso hace que tus apuestas a veces no funcionen, así que tienes que volver a reinventarte y apostar de nuevo.” Jorge Sánchez-Cabezudo se muestra extrañamente optimista durante toda la conversación, una actitud que posiblemente fuese la que le llevara a escoger un bar llamado Ojalá como centro de operaciones y la que le haya permitido desarrollar los guiones de dos largometrajes y dos series de televisión en el tiempo que ha pasado desde el final de Crematorio (abril de 2011).

Al ser cuestionado sobre la brevedad de su filmografía, explica: “Cualquier tiempo de escritura implica un año, mínimo. Si tú dedicas un año a algo, más te vale que ese proyecto salga para poder rodar al año siguiente, porque si no tienes que empezar de nuevo y ya llevamos unidos dos años y pico de desarrollo. No hemos estado parados. Si esas películas no salen, es muy costoso porque tienes que ponerte a trabajar en otro tipo de proyectos que no sean los tuyos para poder coger tiempo, dinero y volver a plantear. Cuando te das cuenta, han pasado casi cinco años”. Esos otros proyectos son la escritura y dirección de capítulos para series como Hospital Central, Desaparecida, Gran Hotel o Hispania, de las que no reniega y hacia las que muestra un especial orgullo, pero que reconoce como “la canción de otro”.

El director habla en plural porque el trabajo en el Ojalá no lo hace solo. Su hermano Alberto firma con él los guiones y participa en la producción ejecutiva de sus proyectos, formando un equipo que puede recordar al de los hermanos Coen, a quienes Sánchez-Cabezudo reconoce como referentes, junto con Berlanga y la ficción televisiva británica y norteamericana.

Crematorio, su segunda película

Tras un estreno en la gran pantalla que recibió una buena acogida por parte de la crítica y que “cumplió” en taquilla, Sánchez-Cabezudo centró su carrera en la televisión. Un medio que no le era ajeno, puesto que ya había escrito guiones para Al salir de clase. Tras el paso por varias series y ante el atasco en el desarrollo de un guión de largometraje, su productor en ese proyecto, Fernando Bovaira, le puso encima de la mesa Crematorio.

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Sánchez-Cabezudo, en un momento de la entrevista, en el restaurante Ojalá de Madrid. (Fotos: Miguel Ángel Moreno y Jorge Moreno)

“A mí me gusta pensar, aunque no se valora de la misma manera, que mi segunda película es Crematorio”, asegura. En la serie para Canal+, el cineasta disfrutó de “lo que muchos de nuestros compañeros de profesión sueñan”. Un tema de interés con personajes complejos, autoría a lo largo de todo el proceso creativo, pocas injerencias por parte de la cadena, libertad creativa frente a lo políticamente correcto o medios técnicos adecuados para darle a la serie una imagen cercana al cine son algunas de las razones que, de un modo u otro, Sánchez-Cabezudo expone para explicar el resultado final de, posiblemente, la mejor serie de la historia de la televisión en España.

De padre y hermano arquitectos, la corrupción inmobiliaria y los personajes que por ella pululan eran de sobra conocidos por el director. Aun así, el desarrollo de los guiones requiso, dada su propia obsesión por la verosimilitud, de una importante investigación basada en informaciones de medios de comunicación y autos judiciales, con el fin de “generar el caso Bertomeu”. “Lo que quisimos hacer -algo que sale muchísimo en The Wire– era contar todos los procesos criminales y policiacos y, a partir de ellos, hacer la trama, la ficción. No queríamos cambiar eso para que fuera más fácil llegar a otro lado, sino que, de las complicaciones de la propia realidad, se te sugieren nuevos personajes, etcétera.”

Con el trabajo de creación de personajes resuelto, gracias a la novela de Rafael Chirbes, el reto se planteaba en la adaptación de una obra literaria que deja a un lado la trama y el género. “Cuando uno se plantea la adaptación, tiene el problema de que los personajes sí son de cine negro, porque lo que están planteando es un tema delictivo mezclado con -lo que sí está en primer término en la novela- las historias de familia, los sentimientos o la falta de ellos, el desapego, los desencuentros familiares… Está contando todo eso y enterrando todas las tramas de cine negro que quedan ocultas, pero están ahí. […] [En la serie] hay una enorme traición a la novela y yo en eso le pido disculpas [a Chirbes]. No hemos vuelto a hablar mucho Rafael y yo. Cuando uno hace estas cosas siempre acaba odiado por el novelista”, asume con una media sonrisa.

La fugaz HBO española

Con la llegada de Crematorio, que seguía la estela de Qué fue de Jorge Sanz en las producciones propias del canal de Prisa, fueron muchos quienes apuntaron a Canal+ como la referencia de la ficción de calidad en la televisión española. Sin embargo, la cadena de pago abandonó pronto la empresa. Cuestionado por la posibilidad de haber producido una segunda temporada, Sánchez-Cabezudo da la sensación de querer convencerse más a sí mismo que a su interlocutor de que dejar la serie en ocho capítulos fue la decisión correcta: “Una serie soñada también es la que no es esclava de las temporadas. Era una forma de hacer algo redondo de esa idea que teníamos todos en la cabeza. […] A mí me gusta plantearme proyectos de cine y eso puede ser difícil de haber estado mucho tiempo a lo largo de varias temporadas [con Crematorio]. Por eso, a lo mejor, todos preferimos hacerlo así. Incluida la cadena, que lo entendía así”. Pese a todo, reconoce que “sí es verdad que podía plantearse una segunda temporada, porque eso siempre está encima de la mesa”.

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Jorge Sánchez-Cabezudo ante una de las preguntas (Fotos: Miguel Ángel Moreno y Jorge Moreno)

Para explicar el panorama televisivo nacional, en un momento de completa inestabilidad como el actual, el realizador regresa a un optimismo moderado: “Todas las cadenas tienen segundos canales, como Cuatro o LaSexta, que es algo que falta que acabe de asimilar el público. […] Son segundos canales que no tienen por qué optar por un mismo tipo de público, para que así la oferta de entretenimiento, como ya está pasando con los informativos, sea diferente. Está por ver cuál va a ser el papel de TVE en este nuevo dibujo, porque todos esperábamos que fuera una cosa [en un modelo cercano a la BBC británica] y no lo ha sido”.

Esta visión positiva se traslada a su opinión sobre las ficciones que se están produciendo actualmente para televisión: “Vengo ahora de un festival en el que Crematorio tuvo muy buena acogida, pero también te hablaban de otras series. Estaban muy sorprendidos de que hiciésemos tantísimas series y de la calidad que tiene lo que estamos haciendo. […] La gente tiene que ser consciente de cómo ha crecido la calidad en tan poco tiempo.

Para explicar esta evolución, recurre al nombre de Ramón Campos, guionista y productor de Gran Hotel, Hispania o Gran Reserva, con quien ha trabajado en repetidas ocasiones y que ha establecido una posición similar a la del showrunner americano (jefe de guionistas y productor ejecutivo que ostenta la autoría de la serie) en un país donde parecía impensable y que el propio Sánchez-Cabezudo también desarrolló en Crematorio. Las series de Campos se han caracterizado por un especial cuidado hacia la fotografía, gracias al rodaje con técnicas e instrumentos hasta el momento reservados al cine, como la iluminación por campos y las cámaras de última generación.

Cuando habla de la forma de hacer televisión en España, Sánchez-Cabezudo explica: “Hay dos maneras de enfocar esto: ‘lo mejor es enemigo de lo bueno’ –frase que odio, que llevo oyendo toda mi vida y me revienta- y la segunda es una frase de Ramón que yo me apunto y comparto y que es ‘vamos a hacerlo lo mejor posible con lo que tenemos’. Ambos intentamos llevarlo todo al límite para tratar de conseguir eso.”

Cine político y política del cine

Jorge Sánchez-Cabezudo destaca cómo “ante series con temáticas similares, entre americanas y españolas, el espectador prefiere las españolas. Eso dice mucho de cómo los creadores de series han sabido lanzar personajes, historias y tramas que, viniendo de esquemas importados, han sido capaces de conectar directamente con el espectador”. Situación que, sin embargo, gira 180 grados cuando se trata de cine, ya que “la mitad de nuestro público no asume el cine español como suyo, […] siendo los mismos actores, los mismos directores y todo igual [que en las series de televisión].”

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El creador de Crematorio, tras la entrevista (Fotos: Miguel Ángel Moreno y Jorge Moreno)

“Cuando la mayoría del público español dice que el cine que tiene es un cine político, no lo está diciendo por la oferta de películas que tiene, porque las películas políticas dentro del cine español se cuentan con los dedos de media mano. […] Tenemos un problema doble. Por parte de la política, no asimilar que tu cultura es ésta y éstos son tus cineastas y preferir que tus juglares, que han contado tu historia toda la vida, sean otros. […] Por otra parte, el cine español, no sé en qué términos de qué instituciones, tendría que haber asumido como tarea primordial […] haber sido capaces de vendernos como profesionales y como sector a esa parte del público que nos rechaza o que no nos entiende como algo propio.”

Estas razones, unidas a la necesidad de financiación internacional son las que, para Sánchez-Cabezudo han llevado al cine español a un proceso “irremediable en una gran parte y una pena en otra”: tender cada vez más a las producciones en inglés con actores extranjeros, a la caza de un público internacional más rentable que el propio. Lo explica alguien cuyo próximo proyecto, Air Cocaine, un largometraje sobre el narcotráfico en África con producción de Telecinco, será rodado en inglés.

“Es un proyecto muy ilusionante. Una película que, en sí misma, se plantea como una aventura no en el guión, sino para el que la va a hacer. Es de esas aventuras en las que uno se quiere meter y que espera que salgan adelante.” Otra bola de partido para Jorge Sánchez-Cabezudo. El tiempo tendrá que determinar si fue a favor o en contra.

***

Lee la entrevista completa a Jorge Sánchez-Cabezudo

Esta entrevista se realizó en el restaurante Ojalá.

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Una respuesta a “Jorge Sánchez-Cabezudo ante el match ball

  1. Nuestro cine necesita más autores como los hermanos Sánchez Cabezudo. Sin duda saben de lo que hablan y han creado la mejor serie española de todos los tiempos. Somos muchos los que nos preguntamos por qué no se les oye más.

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