El último concierto: simplemente buen cine

¡Qué idea más loca tuvo Yaron Ziberman! Poner a cuatro actores brillantes al servicio de un buen guion. Sin antifaz, sin destruir Nueva York y sin naves espaciales. Confiar en un drama así debe de ser la mar de arriesgado a juzgar por los pocos que nos llegar a lo largo del año. El director tuvo que sudar para que le produjeran una historia sobre cuatro músicos que quieren tocar una obra de Beethoven pero la vida no les pone fácil su empresa. Podemos decir que le salió bien la jugada.

Todo va bien en La Fuga, el cuarteto de cuerda que componen los protagonistas, hasta que un acontecimiento inesperado precipita las pequeñas guerras internas que inevitablemente existen en cualquier grupo, más aun después de veinticinco temporadas tocando juntos. Lo que al principio parecen pequeñas complicaciones van escalando paso a paso hasta poner en riesgo lo más sagrado, la pervivencia del cuarteto.

Ante una sinopsis tan simple, el peso de la película tenía que caer necesariamente sobre sus personajes, y efectivamente así sucede. Cuatro músicos exitosos, burgueses neoyorkinos con aires woodyallenescos, deben dejar de lado su obsesión, la música, y obligarse a mirar en el espejo y pensar sobre ellos mismos.  Allí aparecen las ambiciones, la frustración o el vacío ante los que deberán moverse con el cuidado del que añade un naipe más a su castillo. Una calma tensa que funciona al ritmo que marca el extraordinario reparto, en el que esta vez sobresale un inspiradísimo Christopher Walken.

Todo está calculado en este drama. Cada mirada y cada acción de los cuatro actores cobra relevancia en una historia que se nutre de detalles. Esto da a veces cierta sensación de rigidez en el guión, al que podemos reclamar un poco más de libertad, pero que en el balance demuestra ser un mecanismo engrasado en el que nada queda al azar. Se trata de un libreto a la antigua usanza, de esos en los que hasta la última coma tiene su razón de ser.

Y por supuesto está la música. Era imperativo que la banda sonora estuviera a la altura, y Angelo Badalamenti, compositor habitual de David Lynch, consigue emocionarnos con la inestimable ayuda de Beethoven. También es destacable la visión que se nos ofrece sobre la profesión de músico, de cuyas intrigas nos cuenta la medida exacta para mantenernos interesados sin aburrirnos con tecnicismos.

Puede que no sea el estreno del año, y seguramente pasará de puntillas por la cartelera si el boca a boca no lo evita, pero no todas las semanas podemos disfrutar de un ejercicio de equilibrio y buen gusto como el de El último concierto. Una oportunidad de oro para recordar que el cine americano es mucho más que balas y casquería.

Lo que dije de El último concierto

Poco me arriesgo al decir que será sobre todo una película de actores, pues con gente como Catherine Keener, Christopher Walken y sobre todo Philip Seymur Hoffman, es muy difícil que no sea así. Esto se hace aún más evidente cuando lo que se plantea es un drama como este, sobre las tribulaciones de un cuarteto que ha pasado mejores días. Espero encontrarme con buenos diálogos, luchas de egos y personajes bien construidos, poniendo el acento en las dinámicas que se crean en un grupo que ha trabajado junto durante muchos años y que tendrá mucho que ver con una familia. Otro aspecto que espero sea importante es la música, sobre todo tomada como un oficio que llena y consume a partes iguales, aunque también simplemente como banda sonora, que tiene que ser brillante en esta película más que en cualquier otra. Si se dan estos requisitos y no se cae en metáforas facilonas sobre la armonía de la música y la armonía de la vida o cosas así, seguramente nos encontremos con una película muy disfrutable.

No voy a seguir la costumbre de comentar frase a frase, pues creo que por una vez mis predicciones fueron de matrícula. Es verdad que no corrí demasiados riesgos, pero para una vez que puedo presumir de buen ojo lo mejor es no poner pegas. Ya volverán los fallos la semana que viene a devolverme a la realidad.

¿Qué gafas me llevo?

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Entonces: ¿voy a verla?

Recomendable para todos salvo para los que aborrezcan la música clásica, a los que lo que les recomiendo es que se hagan con un nuevo par de oídos.

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