La salsa agridulce de Steve Ballmer

Los humanos nos solemos identificar con aquellos que sufren, aunque una música diferente suena cuando el que pierde es un poderoso. Steve Ballmer, consejero delegado de Microsoft, ha anunciado que dejará el gigante con sede en Redmond (Washington) dentro de un año.  Desde que lo hiciera público, todo han sido sesudos análisis tecnológicos y económicos que acababan al unísono con un “ya era hora”.

Dicen que lo ha hecho mal, que tomó las riendas de una multinacional cuyo liderazgo era indiscutible y la ha dejado peor que como la encontró. No les falta razón a los críticos ya que, desde que asumiera en el año 2000 el sillón de sumo sacerdote de Microsoft, la empresa ha perdido la tendencia al alza que tenía. Un señor con aspecto de estadounidense medio y con pinta de gustarle la filatelia y la comida china, que trabajó a la sombra de Bill Gates vendiendo software de manera casi monopolística, dicen, no puede estar a la altura de los tiempos que corren. En especial, si su visión del negocio ha estado tan equivocada como cuando afirmó que el iPhone se iba a comer los mocos.

Las críticas abundan. Ésta de The New Yorker condensa bastante bien lo que se le achaca. Hasta las acciones de Microsoft experimentaron un repunte cuando se conoció la decisión de Ballmer. Ya que han venido muchos a ponerle verde, veamos algunas glorias que ha dejado al mundo de la tecnología.

Xbox

La consola de Microsoft salió al mercado en 2001 con un panorama muy difícil, dominado por la PlayStation 2 de Sony. La plataforma Xbox, tras el lanzamiento de la Xbox 360, ha convencido a muchos “jugones”, que ahora la consideran su máquina predilecta para las grandes viciadas. Pero lo curioso no es que a Microsoft le saliera bien su entrada en el mercado de las videoconsolas sino que convirtiera al aparato en el centro de entretenimiento del salón, gracias a los contenidos a los que se pueden acceder vía internet. Y a Kinect, que ha sido otra de las innovaciones importantes de Xbox.

Ser un descerebrado en las Keynotes.

A Ballmer no le importaba hacer el ridículo. De hecho, es lo opuesto a la sofisticación de Steve Jobs. Echaremos de menos sus idas de olla. Pasen y vean.

A bote pronto, eso es todo. A Ballmer le ha pesado siempre la losa de no tener un sistema operativo que pudiera competir con iOS y con Android, aunque la noticia de que Windows Phone se ha convertido en la tercera plataforma más vendida ha mitigado el dolor; eso sí, sus cifras están todavía muy lejos de las de los ecosistemas de Google y Apple. Quizá Ballmer estaba esperando a esta salsa agridulce para su despedida.

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Foto de portada: Steve Ballmer (Microsoft Sweden)

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