El ejército rumano vuelve a Europa

Álvaro Méndez | Falso9

Sin victorias. Sin brillo. Pero, tal y como manda su noble tradición militar, con trabajo, esfuerzo y orgullo. Así ha conseguido el Steaua de Bucarest su clasificación para la fase de grupos de la Liga de Campeones, con un doble empate ante el Legia de Varsovia en el que han sido decisivos los dos goles conseguidos en tierras polacas. Y aunque la épica no ha presidido este prólogo de la gran competición continental, sí que ha sido una constante en la última temporada, en la que los ros-albastrii han recuperado el lugar que le correspondía al conseguir de nuevo el título de Liga, la Supercopa y el retorno a Europa por la puerta grande.

El equipo más laureado de Rumanía llevaba años intentando encontrarse a sí mismo. Una solitaria Copa doméstica cosechada durante el último lustro no era un palmarés propio de un equipo que, por historia, debía aspirar a mucho más. Y no sólo en las vitrinas. El club se ha visto obligado a paliar la sequía de títulos mientras trata de alejar los fantasmas de la corrupción y de los amaños de partidos que, por desgracia, han surgido de las aguas del río Dambovita en los últimos años, cual devastador leviatán.

La férrea disciplina del ASA Bucarest

Y es que la máxima exigencia siempre ha estado encadenada al ADN del club. Fundado en 1947 por el Ministerio de Defensa de Rumanía por iniciativa de la Corona, el entonces ASA Bucarest echó a andar como el club vinculado a la Armada y, tras la abdicación del Rey Miguel y la instauración de una República de corte soviético, el club incluyó en su escudo la celebérrima estrella del Ejército Rojo.

Mientras, la economía planificada y la sumisión a la política de la madre URSS se iban instaurando en el país al tiempo que se radicalizaba el antagonismo entre las dos Europas a uno y otro lado del Telón de Acero. El fútbol profesional rumano mutó en un campeonato en que los equipos debían estar ligados a instituciones estatales, al más puro estilo soviético. Quienes vivieron aquellos tiempos recuerdan la dureza y la férrea disciplina a la que los jugadores se veían sometidos. Marca de la casa. Y en el caso del ASA Bucarest, del cuartel.

La metodología tan característica de la doctrina militar comunista no tardó en dar sus frutos y los títulos comenzaron a llegar. Los años 50 vieron a toda una generación de guerreros campeones, el célebre Equipo de Oro, que copaba casi por completo la plantilla de la Selección de Rumanía. Pronto se hizo necesaria la construcción de un nuevo coliseo, el Stadionul Ghencea, propiedad del Ministerio de Defensa, para hacer partícipe al pueblo de las gestas del Ejército más allá de las trincheras y los campos de batalla.

Ascenso y declive

La turbulenta década de los 80 trajo al equipo su etapa de mayor esplendor. Lacatus, Boloni, Piturca, Hagi y un elenco de estrellas fugaces rumanas trajeron a Bucarest cinco títulos ligueros y tres Copas, aunque fue la Copa de Europa lograda en 1986 ante el FC Barcelona su punto álgido. La gesta no sólo tuvo un inmenso valor en el plano deportivo —tras la prórroga, el meta Duckadam detuvo todos los penaltis al equipo culé— sino que fue, además, la primera vez que un equipo de Europa del Este levantaba la orejuda.

Steaua Areana (Foto: Sebastián Bornaz: http://www.flickr.com/photos/sebi_b/)

Steaua Arena (Foto: Sebastián Bornaz: http://www.flickr.com/photos/sebi_b/)

No obstante, no todos achacan esta edad de oro a los valores del club. La Rumanía de Ceaucescu, que en el horizonte vislumbraba las primeras nubes de tormenta, necesitaba de héroes patrios y muchos aseguran que el Steaua de Bucarest no escapó a los alargados brazos del dictador y su corte. Seguramente habrá quien ponga nombre a esa mano negra: Valentin Ceaucescu, hijo adoptivo del Presidente. Aunque pronto el régimen tuvo mejores motivos por los que preocuparse.

Tras la caída del muro de Berlín, los ánimos revolucionarios se extendieron al este del Telón de Acero y se contagiaron a Timisoara y Bucarest. Tras varias jornadas en las que la capital se tiñó de rojo a causa de la brutal represión, los militares confraternizaron finalmente con el pueblo y, juntos, interceptaron al tirano Ceaucescu y a su esposa justo antes de que huyeran del país. Frente a las cámaras de televisión, en unas imágenes que dieron la vuelta al mundo, fueron juzgados y ejecutados públicamente.

Aunque la vida cambió radicalmente al inicio de los años 90 en un país en que se agudizaban las diferencias sociales y que, a la vez, se llenaba de publicidad de Coca-Cola, Ford y Levi’s, el Steaua mantuvo el tipo a nivel nacional, aunque fuera de sus fronteras perdió la presencia que había logrado en la anterior década. Nunca nada volvió a ser lo mismo. Pero ahora, en pleno 2013, el equipo del Ejército luchará por dar guerra en un campo de batalla del que jamás debió retirarse. Europa les espera.

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Foto de portada: Página web oficial del Steaua de Bucarest

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