Dos supuestos para un Madrid olímpico

David L. Palomo | Falso9

Se acerca la fecha para que el COI decida. Para que Madrid sea olímpica o vuelva a fracasar en el intento. Con sus pros y sus contras; sus partidarios y sus detractores. Tocará entonces analizar qué hacer en función del resultado. Si volver a intentarlo por cuarta vez consecutiva, rendirse o ponerse a trabajar. No obstante, vamos a situarnos en el día después. O más concretamente en ese sábado en el que Ana Botella y cía nos sacudirán con mensajes patrióticos.

Vamos a imaginar que España volverá a albergar unos Juegos. Que esos señores gordos del Comité Olímpico Internacional que se pasan la vida comiendo en restaurantes de lujo, durmiendo en hoteles de cinco estrellas y siendo sobornados por ciudades que ya han visitado en más de una ocasión (véase Madrid, tres veces desde 2010 para pasar por las mismas instalaciones), dicen que sí, que finalmente España vuelve a albergar la competición deportiva más importante del planeta.

Posibilidad 1: unos Juegos rentables económica y socialmente

En ese supuesto, vamos a imaginar primero que todo sale bien; es decir, que los Juegos son rentables tanto económicamente como socialmente. Que el próximo lunes –no digo domingo porque nadie va a trabajar ese día– el Ayuntamiento de Madrid y el Gobierno se tienen que poner manos a la obra. Con siete años por delante –que se dice pronto– y casi el 70% de las instalaciones construidas, lo más normal es que incluso sobre tiempo. Además, teniendo en cuenta las previsiones de gasto, que rondan los 1.500 millones de euros (muy austeros en comparación con el resto), la inversión privada y el empleo que generaría; sería una gran noticia para España.

Es más, puestos a imaginar, nos trasladamos al Madrid post-olímpico. Después de que todo haya salido bien. En esos siete años previos el país habría empezado a crecer, el Ayuntamiento de la capital habría respetado los presupuestos e incluso habría conseguido beneficios celebrando el evento. Las cuentas públicas, por tanto, estarían mejor de lo que están ahora. El consumo se habría incrementado y el paro habría bajado. Todo perfecto. Incluso España volvería a ser mirada con envidia. Como ejemplo de gestión y adaptación a una situación de crisis previa.

Recreación del proyecto de Estadio Olímpico de Madrid 2020 (Foto: Wikimedia http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Estadio_olimpico_madrid_2020_version.png)

Recreación del proyecto de Estadio Olímpico de Madrid 2020 (Foto: Wikimedia)

Más allá de lo puramente deportivo, los españoles habríamos acabado con todos nuestros complejos. Tal como le ocurrió a los británicos tras Londres 2012, en una exaltación patriótica sin precedentes. Y para ejemplificarlo me sirvo de un discurso que oí en boca de varios ingleses, muy de usar la bandera en general.

“Antes de los Juegos todos éramos un poco distintos. La gente suele venir a Inglaterra y ponernos a parir. Se van diciendo que si la comida es horrible, el tiempo es insufrible, los británicos somos fríos y raros… Todo eso cambió este verano. Cuando en la ceremonia de inauguración nos dimos cuenta de todo lo que habíamos hecho y podíamos hacer. Aquí nacieron los Beatles, Oasis, Sherlock Holmes, Harry Potter… Por primera vez nos dimos cuenta de que éramos un gran país y que no teníamos que acomplejarnos ante nada”.

Quizá el entrecomillado anterior refleja lo que son los juegos en su totalidad. La exaltación de la patria –algo peligroso siempre–, pero también una fuerte inyección de confianza en el país que los organiza. El saberse más fuertes a las dificultades y crecer a partir de ahí. Como ocurrió en Barcelona, que de repente se convirtió en otra ciudad. Más turística, más cosmopolita y más desarrollada. El ejemplo a seguir desde la capital, junto al de Londres, que invirtió 12.000 millones de libras y cifró los beneficios en 13.000. O Los Ángeles, que en su momento, y apoyados en la inversión privada, gastaron 453 millones de euros y obtuvieron 156 millones de beneficios.

Posibilidad 2: una burbuja olímpica

Pero vayamos al otro supuesto. Al de que el presupuesto fijado para los Juegos sea mayor que el estimado. Tal como ocurrió en Londres, donde se partió de un presupuesto inicial de 2.370 millones de libras y se terminó con 12.000. Pongamos que no hay inversión privada por la situación que atraviesan las empresas de nuestro país y que el Estado –no muy sobrado de dinero– tiene que hacerse cargo de todo el gasto, en un país que, además, no termina de experimentar la recuperación económica que Rajoy prometió y que nadie espera.

Ignacio González, Ana Botella y Alejandro Blanco, en las jornadas previas a la reunión del COI en Buenos Aires (Foto: Rafa Albarrán / Ayto Madrid)

Ignacio González, Ana Botella y Alejandro Blanco, en las jornadas previas a la reunión del COI en Buenos Aires (Foto: Rafa Albarrán / Ayto Madrid)

Y como hemos hecho en el caso anterior, vayámonos al Madrid post-olímpico. Una vez terminada la euforia de los Juegos, tras un último año de tímido crecimiento y bajada del paro. En el que se han seguido haciendo recortes en sanidad y educación para pagar el evento con el dinero de los contribuyentes. Con la gente cabreada –como ocurre ahora en Brasil– por una gestión ineficiente, tal como se lleva haciendo en España durante los últimos años.

Un día después, cuando todo acabe y la burbuja prejuegos explote, podría quedar un Estado más endeudado. Que tiene que seguir haciendo recortes para recuperar lo perdido y con unas instalaciones deportivas que hay que cuidar y que no sirven para nada. ¿Resultado? Un agujero como el que le quedó a Atenas, que invirtió 9.680 millones de euros y obtuvo unos beneficios netos de 1.375, acumulando perdidas cifradas en 8.000 millones de euros. ¡Ah! Y se me olvidaba, con Eurovegas construido. Pero eso se lo dejamos a los de economía.

Son las dos caras de la moneda olímpica, a la que se le podría añadir una intermedia. Lo que es indudable es que cualquier aficionado al deporte quiere los Juegos en Madrid. ¿Con qué consecuencias? Eso ya dependerá de nuestros gestores políticos que, entre otras cosas, son elegidos por nosotros. Y usted, qué opina, ¿Quiere o no los Juegos?

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Foto de portada: Equipo de Madrid 2020 en una de las reuniones de COI con el Príncipe Felipe (Foto: Rafa Albarrán / Ayto. Madrid)

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Una respuesta a “Dos supuestos para un Madrid olímpico

  1. ¡Sí los quiero! Preguntemos a barceloneses, tan críticos por cierto con las obras y el gasto de su organización previa, si se arrepienten de haber albergado unos JJOO. Y soy consciente de los riesgos, aquí expuestos, que pueden llegar a implicar pero me quedo con la visión del autor: “Eso ya dependerá de nuestros gestores políticos”. Esperemos que, si hay suerte este sábado, sepan estar a la altura.

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