We Love Tamara: un reality contemplativo

Esta semana se ha estrenado en Cosmo TV uno de los programas más anticipados de la temporada. Anticipado, al menos, en las redes sociales. Ya sabemos que Twitter a veces es un espejismo que magnifica el interés del público final, que puede ser bastante escaso. Así se ha visto en los pobres datos de audiencia del estreno del reality, por debajo incluso de la media del canal… Por cierto que hablamos del programa We Love Tamara, por si no os habéis leído el titular.

We Love Tamara es un docurreality protagonizado por Tamara Falcó, célebre hija de Isabel Preysler (la Cleopatra cañí), en el que todo el interés, básicamente, reside en el morbo de ver qué se siente al ser una de las mujeres más pijas de este país. Tamara es un personaje muy querido en España debido a que tiene una forma de hablar muy guay. También porque ha protagonizado momentos muy divertidos de la escena rosa de los últimos años , como cuando se dedicaba a estrellar su mini por distintos puntos de Madrid o recientemente, cuando decidió abrazar a Dios tras leer la Biblia en un día tonto.

A los 5 minutos de comenzar el reality, ya tenemos muy claro qué tipo de programa vamos a ver. El primer contacto con la vida privada de Tamara es en su casa de Madrid. Tamara está ya preparada para salir y está haciendo la maleta para ir al gimnasio. No hay una nota discordante. Se trata de un reality contemplativo, en el que se expone con una mirada muy distante la vida de una starlette en Madrid (o al menos lo que ella quiere que pensemos que es su vida).  Sin embargo, cuando la mirada se acerca un poco más y Tamara se suelta, todo sube como la espuma. Hay un momento fantástico en el que se reúne con dos señores un tanto espeluznantes en una tetería de Madrid. De repente, los tres bajan la cabeza, cierran los ojos y…¡bendicen unos cupcakes! Muy lo más, vaya. Luego tienen una conversación escalofriante sobre Medjugorje (un lugar que, personalmente, me fascina desde hace unos años) y Tamara reconoce que a veces Jesucristo y ella tienen sus peleas.

A diferencia de docurrealities recientes, como ‘Un Príncipe para Corina’, ‘Quién quiere casarse con mi hijio’ (que por cierto estrenó temporada este miércoles mostrando que la fórmula se está agotando) o, el más cercano, ‘Alaska y Mario’, ‘We Love Tamara’ no es un programa que explote irónicamente al personaje que lo protagoniza. Ni se ríe de las barbaridades que de vez en cuando suelta Tamara (le pregunta a Alaska en un momento mágico si es hija de Almodóvar), ni tampoco muestra momentos realmente íntimos que puedan exponerla al ridículo, como sí ocurre en ‘Alaska y Mario’. Esto, en realidad, me genera mucha confusión, porque creo que realmente el programa tiene que ser tal y como es, mostrando a una Tamara siempre estupenda. Si tiene que haber un reality con Tamara Falcó, ha de ser blanco, aspiracional y lleno de brillante artificialidad. Sin embargo, esto no termina de cuajar.

En todo caso, creo que aún es pronto para sentenciar al programa, pues se nota que en este primer episodio todavía no hay nada asentado del todo. Ni Tamara está completamente cómoda, ni su entorno se comporta con normalidad… En realidad, sólo por ver la casa de Isabel Preysler y algún evento en Porcelanosa, merecerá la pena seguir de cerca el programa.

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