Entrevista Completa a Hovik Keuchkerian

Retratos: Hovik Keuckerian, palabras que sangran

Una mañana mientras realizabas tu rutina de entrenamiento, te das cuenta de que ya no quieres boxear más.

Un día hace ya mucho tiempo, no es que no yo no quisiera seguir corriendo… Era que ya no quería seguir peleando. Iba corriendo y una vez más me volví a preguntar “¿qué haces?” Y una vez más me volví a responder “no tengo ni puta idea de lo que estoy haciendo”. Así que me paré y decidí que no quería seguir boxeando. Hacía tiempo que ya no quería seguir boxeando, pero a veces tienes que llegar al límite para decir “¿a quién quiero engañar?”

En uno de los poemas de Diarios y desvaríos dices que “Andando se va más despacio pero se ve mejor la vida”.

Sí bueno, porque aquel día dejé de correr y volví andando a casa. Ahí está el juego de ese poema. Ya no corría sino que iba andando. Cuando vas despacito disfrutas más del paisaje. Entiendes mejor las cosas.

¿Da vértigo abandonar la rutina?

A eso te puedo contestar ahora después de muchos años. Abandonar la rutina si inmediatamente después coges otras, pues supongo que no. Porque dejas una rutina y te has enganchado a la siguiente. Pero con la forma de ser que tengo yo, una cierta rutina me viene bien para estar centradito. La falta de rutina o de objetivo, por decirlo de alguna forma, me puede llevar a sitios complicados.

¿A sitios complicados?

Moverme absolutamente por instintos, por necesidades, por lo que me apetece hacer, cuando me apetece hacerlo y como me apetece hacerlo. Hombre fueron muchos años metido en la rutina de entrenar. Con muchas cosas en la cabeza pero sin tiempo para que  ésta funcionase por sí misma. Libre.

Y bueno fue como un cambio duro. Pero bueno yo sabía. Sentía más que sabía, que ya no quería seguir. No me ilusionaba, no me motivaba. Y además me estaba haciendo daño. Cuando te empecinas por conseguir algo y la vida te está diciendo “que no, que no…”. Y te lo dice de buenas cuatro o cinco veces. Pues como hace un padre, que cuando llega la sexta lo que hace es darte un tortazo y decirte “que por ahí no, coño”. Y ya está.

¿Ya escribías cuándo eras boxeador?

Si yo escribía desde antes. Aunque empecé tarde. Bueno no sé si hay una edad para empezar a escribir. Yo empecé con 20 años. Nunca fui muy buen estudiante y tampoco un lector de estos caníbales. Pero un día necesité escribir y no he dejado de hacerlo en veinte años. No con intención de publicar, eso fue un accidente también. Es lo que necesito. Me ayuda a apaciguarme.

¿Entonces cuelgas los guantes y te dedicas a escribir?

No, no. Nunca escribo todo el día. Escribo cuando me viene la migraña, como digo yo. Cuando me viene el flash. Me siento y escribo.  Voy cogiendo ideas,  versos y los voy escupiendo en el papel. Yo dejé de boxear y no sabía qué iba a hacer ni por dónde iba a tirar. No quería boxear, no quería entrenar, no quería pisar el gimnasio. Entré en otra etapa absolutamente nueva y diferente.

¿Te asustaba esa nueva etapa?

No me acuerdo de si me asustaba. No me suele asustar eso, tengo una cierta dependencia con el “a ver qué pasa “. Me gusta el sabor de eso. Aunque va en ciclos chiquititos. Sabes lo que quieres, sabes hacia dónde vas y entonces automáticamente te marcas un objetivo. Tienes una rutina de trabajo hasta que ese objetivo o bien se consigue o bien ya no te llena. El no saber qué va a pasar, esa sensación, me gusta mucho.

¿Es la escritura una especia de terapia?

Realmente no te puedo decir por qué escribo. Siento la necesidad y lo tengo que escribir. Y luego además no tengo ninguna vergüenza a que se publique, a que lo lea otra gente. Es una forma de expresión absoluta de libertad, de confesar en cierta manera, si se puede utilizar esa palabra. Pero no sé con qué intención. Lo que sí sé es que es una necesidad en mí.

Cuántas veces te ha dicho eso de “mira tú el boxeador qué se habrá creído, ¿qué sabe escribir? ¿Qué es gracioso?”.

Oírlo aquí a la cara nunca [risas]. No sé por qué será. Aunque sería cojonudo que alguien viniera y te dijera a la cara: “eras una puta mierda de boxeador. Eres una puta mierda de escritor y eres una puta mierda de cómico. Es mi opinión”. Sería bueno que alguien viniera y te dijera esto. Yo me tomaría unas cañas con esa persona. A mí no me lo han dicho. ¿Qué lo dicen? Pues sí. Y joder pues dirán tantas cosas… De mí y de cualquiera. Me preocupa bastante poco.

Escribo desde dentro, actúo desde dentro, vivo desde dentro. A veces acierto, a veces me equivoco, pero estoy en marcha, estoy en acción, estoy en activo. No me preocupan las opiniones ni las críticas. No me las suelo leer además. Yo hago mi trabajo al 100% y de todo lo que tengo que dar. Lo demás son consecuencias, se escapa a mí.

¿Cuándo te das cuenta de que eres capaz de despertar sentimientos desde el escenario?

Pues no estoy seguro de si me he dado cuenta todavía y espero no darme cuenta nunca.  Cuando piso el escenario éste me empieza a llevar por donde quiere. Es como si estuviera sólo en mi casa. Me olvido del público, me olvido de mí. Sí, es una confesión.  Os voy a contar mi historia, mi mierda. Y cuando hago eso a la gente pues habitualmente les hace gracia o les emociona. Y eso es bonito.

Algunas partes de tus monólogos evocan momentos tristes con los que parte del público se siente muchas veces identificado. Entonces cuando ríe ¿lo hace por no llorar?

La gente en las partes de reír, se ríe. Y en las partes de, vamos a decir emocionarnos, se emocionan. En esas partes se pueden generar unos silencios espectaculares. Y en esos puntos de recitar unos versos duros, de mi vida, habitualmente el que se ríe no se ríe porque le haga gracia, se ríe porque le incomoda. Y la risa es una reacción a esa incomodidad. Igual que cuando entiendes el chiste te ríes porque dices “¡ostia qué cabrón! De las cuatro opciones que había para cerrar el chiste, ha ido a la quinta que no me la esperaba”. Entonces, como te descoloca eso, pues te ríes. Pero en las partes duras, si se reía alguien, era como diciendo “que acabe ya esa parte, que no te quiero escuchar, que me está haciendo pupa”.

Porque el dolor es una estado, es una sensación común a todos. A ti te puede doler una cosa y a mí otra, pero la sensación interna de dolor de nudo aquí, de angustia, de ¡coño que me duele! ¡Que quiero gritar, que quiero llorar! Esa sensación es la misma para todos. Luego ya la gente que te la traiga y la circunstancia que te la traiga puede variar, pero el dolor es el mismo.

¿Te parece que somos cada menos sensibles a la sensibilidad?

No lo sé. No puedo hablar por boca de todos. Yo te contesto por mí. A mí me siguen sensibilizando muchas cosas. A nivel general, no lo sé, cada uno es un mundo. Eso me ha sonado más a mensaje al colectivo. “Señores estamos perdiendo la sensibilidad”. Y lo oyes y lo oyes… Pues como siempre. Oyes determinadas cosas en tantos sitios, que te las acabas creyendo. Yo no creo que hayamos perdido sensibilidad. ¿Tú has perdido sensibilidad? ¿Tú ves algo en la tele que te revuelve el alma y no te entran ganas de llorar? Pues como todo a todo el mundo. Por mi parte yo creo que no. Los demás, no lo sé.

¿Son todas las ideas respetables?

Para mí no todas las ideas no son respetables y por lo tanto no todas las personas son respetables. Tengo un poema del libro que habla de eso. En cierta forma tu idea puede ser respetable cuando no pase a la acción. Quiero decir, si la idea es que eres superior a otra persona porque es negra o china o lo que sea… Y tú consideras que eres superior a esa persona y esa es tu idea. Pues yo hasta ese punto… Me das asco. No entiendo tu idea, pero puedo llegar a respetarla. Ahora si tu pasas a la acción e intentas eliminar a esas personas porque te crees superior a ellas, no respeto tu idea y no te respeto como persona. Por lo tanto, no.  No todas las ideas son respetables y no todas las personas son respetables.

El protagonista de tu última película estrenada en el cine, Alcarán enamorado, es un personaje que lucha por salir de un mundo lleno de xenofobia. ¿Crees que es posible dejar atrás toda esa violencia?

R. Hombre si no creyera que se puede cambiar, no estaría aquí. He cambiado mil veces y las que me quedan. Evidentemente no he estado nunca en determinados postulados. Pero, claro que creo que se puede cambiar. Porque creo que todos compartimos la misma alma única. Creo en la bondad de todas las personas. Creo en que todo el mundo es bueno en su interior. No sé si lo creo o si lo quiero creer.

¿Crees en algo más allá de bondad del hombre?

Creo que hay una energía. Llámalo Dios, llámalo Pepe o llámalo como quieras. En los momentos en los que estoy de bajón o estoy un poquito apartado del mundo no suelo conectarme mucho. Pero cuando más o menos estoy bien o más o equilibrado, me conecto diariamente. Yo hacía sofrología cuando boxeaba y ahora mezclo un poquito de sofrología con meditación. Y yo percibo sensaciones, percibo calor, percibo frío. Me siento mejor cuando me conecto con ese lugar donde todo está bien. Creo que sí, que tiene que haber. Creo que todo empezó en algún momento y todo terminará en algún momento y seguirá habiendo algo que no se pueda coger .Llámalo energía. Sí creo.

Has dicho que cuando boxeabas también meditabas. ¿Se puede tratar de buscar la paz cuando te subes  al ring?

Te he dicho que hacía sofrología cuando peleaba y que ahora la hago para otra cosa. Cuando peleaba lo utilizaba de una forma técnica. Para meterme en la pelea, para estar tranquilo, para estar frío. Con el objetivo de que la pelea saliese lo mejor posible. Ahora hago eso para conectarme, para tener media horita de silencio al día. Y lo utilizo para estar conmigo. Son dos cosas distintas. El boxeo es lo que es. El boxeo es un deporte que para ganar tienes que hacer daño al otro. No hay más. Es así.

¿Alguna vez has pensado en alguna pelea aquello de “si sigo le hago daño de verdad?

Yo me acuerdo de mi primera pelea de profesional, en mi debut, que me enfadé con el árbitro porque no paró la pelea. Porque yo consideraba que el rival no podía seguir. Y el árbitro permitió que siguiera la pelea y creo que se llevó dos o tres goles de más que no debería haberse llevado. Luego me acuerdo que mi entrenador me echó una bronca importante.

Cuando estás allí arriba, partes de la base real de que el rival está preparado. Que no viene a tomarse unas copas y que ha estado preparando la pelea. Se trata de dos peleadores subidos al rin. Como tampoco piensas que él te va a hacer daño a ti. Tú vas a  pelear porque es lo que quieres hacer, no hay más.

¿Piensas mucho en los fallos?

Suelo analizar mucho los errores que he cometido y no me hago cruces, pero sí los analizo. También te voy a decir una cosa, hay errores que he cometido que haciéndolos ya sabíoa que estaba cometiendo un error. Conscientemente sabía que no estaba haciendo las cosas bien, pero tenía necesidad de hacerlos. Y otras veces he estado muy convencido de que estaba haciendo algo correctamente y ha sido un error todavía más grande que el otro. En definitiva,el resultado de una decisión es el tiempo quien te lo dice.

¿No te resulta doloroso compartir tu pena con toda la gente que pueda leer tu libro? Al fin y al cabo, la vuelves a recordar.

No a mí no me duele. A mí lo que me dolió fue pasar por todo eso. Lokura cuando lo escribí fue un refugio para mí. Es un libro muy duro. Tenía muchas cosas en mi vida y en mi interior que me hacían daño y lo escribí. Y cuando lo hice me pareció sangre. No, ni me preocupa ni me asusta que la gente conozca mis dolores, mis vergüenzas o llámalo x.

Hay poemas tuyos donde se aprecia una atmósfera muy opresiva de dolor y angustia. Eras consciente de tu hundimiento y sin embargo parecía que te daba igual.

Cuando te estás hundiendo y no quieres nadar para salir a flote, hablo de mi caso, es como si desearas hundirte. Llegas hasta a disfrutar de tu estado. Se convierte en una dependencia. Te das lástima de ti mismo y te empieza a gustar cuando sientes asco y vergüenza de tu propio estado.  Quieres que te dejen en paz y haces mucho daño.

Cuando en un poema le dices a la muerte “A veces he pensado en ti”, ¿es una especia de broma macabra?

No. La muerte es una cosa que a mí me provoca mucha curiosidad. Todo el mundo teme a la muerte y absolutamente nadie sabe a ciencia cierta quÉ cojones hay detrás. Imagínate que te mueres y te despiertas al día siguiente siendo absolutamente inmortal y feliz para siempre. ¿Quién te dice que eso no es así? Nadie, porque nadie ha vuelto de la muerte. Sí, el túnel y toda esa movida. Pero nadie ha vuelto realmente de la muerte. O al menos no lo sabemos. Sentimos miedo a perder lo que tenemos. Y a lo mejor cuando te mueres tienes más. O no tienes nada. O tienes algo intangible pero que es infinito. Es tan ridículo. Por eso a mí la muerte me atrae. Por eso digo en Lokura, “Hay muchas veces que he pensado en ti”. Y ahora que estoy bastante mejor, más centrado y bastante más equilibrado, es un tema recurrente en mis escritos. En uno de los poemas digo que es la mujer más hermosa que existe. La muerte es una niña bonita, sin duda alguna.

¿Se puede decir que en tu caso ya se produjo ese click que te hizo nadar?

He recuperado cosas. He recuperado la fe y la creencia, sobre todo en mí. En mi capacidad y en mi fuerza. He vuelto a creer.

¿Cuál fue la causa de que ya no quisieras seguir hundiéndote?

Fue un cúmulo de circunstancias. Lo que te dije al principio de parar de correr…. Pero por mil. Ni siquiera me di cuenta. Llegó un día en que estaba ya muy cansado. No quería seguir, ni tenía fuerzas, ni me quería mover ni nada. Mi hermano mayor me sacó de casa, me ayudó mucho. Mi hermano y mi cuñada me dieron calor, me dieron amor, me cuidaron mucho. Y ahí empecé a sacar la cabeza. Ahora cuando me ha venido algún golpe, o alguna sensación de “¡ostias, que vuelvo a caer!” La veo venir, la reconozco, la olfateo. Le digo: “Buenas noches, pasa. Quédate dos días y luego tira”. Y entonces se queda dos días y se va.

Si te dijera que tengo tu vida contenida en un rollo de celuloide y que puedes cortar todos los momentos tristes de tu vida, de forma que tuvieras una vida sólo con felicidad ¿lo harías?

¿Para tener una vida sólo con las partes buenas? Hombre, tendría que pensar mucho esta pregunta pero te voy a contestar de una forma directa: no. Cuando hablas con la gente, te paras a repasar momentos de tu vida y dices ¡ostias! Los momentos que más me enseñaron son los que me hicieron daño, los que me hicieron sufrir, los que no pensaba que iba a superar. Me quedo con mi vida según está

Para terminar ¿haya ilusión en el momento actual de tu vida?

Tengo ilusión por muchas cosas, se me va y se me viene porque hay un punto de mi cabeza que todavía no controlo bien. Pero hay mucha ilusión. Empecé haciendo Hispania a raíz de los monólogos. Con los monólogos me ha ido muy bien. Luego he hecho Isabel,  he participado en cuatro largometrajes, tengo dos encima de la mesa, estoy preparando un disco recitando poemas con una banda de música espectacular que lo sacaremos en el año que viene. Me cuido y estoy tranquilo. Estoy con  ilusión de ver qué viene. Lo que te he dicho antes de empezar la entrevista. A ver qué va a pasar. A ver por dónde sale. Sí con ganas.

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