Rush: Entre acelerones y el piloto automático

“Veinticinco pilotos empiezan cada temporada de Fórmula 1, y cada año mueren dos. ¿Qué clase de gente se dedica a esto?” El monólogo que el guionista Peter Morgan pone en boca de Nikki Lauda, y que sirve para abrir la película, supone el planteamiento explícito de la pregunta que pretende abordar Rush: ¿Qué pasa por la cabeza de una persona para arriesgar la vida en una competición en la que hasta finales de los setenta era raro una temporada sin que ningún piloto falleciera? Para abordarlo, nada mejor que una competencia histórica entre dos pilotos con personalidades completamente opuestas.

Sorprende que una película deportiva como Rush se pueda definir sin que a nadie le explote la cabeza como un estudio de personajes, pero se hace una apuesta firme por el análisis paralelo de ambos, quedando al juicio del espectador decidir quiénes son sus protagonistas y antagonistas. Aunque la balanza quizá se incline por Lauda, sobre todo a raíz del accidente, no es nada frecuente que los dos protagonistas alternen el recurso de la voz en off en primera persona, y por tanto el punto de vista. Hedonismo y estoicismo frente a frente, en una batalla en la que se muestra más que tomar partido. El metódico Lauda parece salir victorioso de la afrenta, pero el canto de admiración al romántico Hunt es innegable en la recta final.

Los encargados de poner cara y verbo a estas dos personalidades son Chris Hemsworth y Daniel Brühl, que engrandecen el duelo de personajes con un equivalente actoral a la altura. Mientras que el talento de Brühl es de sobra conocido, al menos para el público europeo, Hemsworth es toda una sorpresa en su encarnación del Playboy kamikaze, pasional, chulo y vividor. Potencia la reconstrucción el esfuerzo por asimilar físicamente a ambos con sus personajes, lo que en el caso de Brühl roza lo espectacular. No es sólo el maquillaje, que por supuesto también aporta, es toda su expresión facial la que sufre una metamorfosis que impresiona.

Con un abordaje de la historia tan acertado y unas herramientas tan bien puestas, la película podría haber aspirado a cotas superiores de excelencia si no fuera por los más que evidentes problemas de ritmo. A un primer y tercer acto demoledores, con un pulso narrativo nada frecuente en las superproducciones hollywoodienses, se opone una parte central en la que el interés baja muchos puntos. Al coincidir el grueso del tiempo narrativo con un campeonato mundial completo, las carreras por las que se pasa de puntillas resultan un tanto tediosas por lo poco que aportan al conjunto más allá de ir conociendo cómo se va moviendo la clasificación. Lo mismo pasa con los personajes, que hasta el momento central del accidente de Lauda, dejan aparcada su evolución en favor del avance del mundial. Seguramente demasiado sacrificio para la ínfima recompensa que supone seguir la competición carrera a carrera.

Porque en ese tramo intermedio ni siquiera destacan las carreras, que se resuelven con un par de escenas sin emoción que dan paso a la siguiente de forma casi mecánica. Y es una pena, porque cuando sí que se paran en los duelos deportivos el resultado es espectacular. La variedad y calidad de los planos dejan las retrasmisiones de Antena 3 a la altura de la realización de Punto Pelota. Contribuyen a ello un montaje trepidante y la música del siempre efectivo Hans Zimmer, que se alterna con algunos clásicos de la época para crear el envase perfecto para una película que, lejos de ser una maravilla, quedará como uno de los títulos sobre deporte más efectivos de los últimos años.

Lo que dije de Rush

Hay poderosísimas razones para que piense que esta película va a parecerme un pestiño, empezando por el ya mencionado Ron Howard, al que no admiro nada más que en su faceta de narrador de la imprescindible Arrested Development.

No me queda más remedio que ponerme un sello en la boca ante el trabajo de Ron Howard, que en esta ocasión se gana de sobra su (probablemente abultado) sueldo. Viéndola rescaté de mi memoria su trabajo en Frost vs Nixon, en la que ya demostró un talento a la par del que despliega aquí.

También está claro que puede caer en el disco rayado de la típica competición entre dos personalidades opuestas y dejarse llevar de cliché en cliché sin ningún tipo de riesgo. Pero lo espectacular de las carreras mostradas en el tráiler me hace dejar todo el raciocinio a un lado y querer creer que puede ser una buena película de entretenimiento.

Menos mal que cada vez hago menos caso a lo que dice mi cabeza, que ha demostrado con los años ser bastante menos efectiva que mis impulsos, porque como ya dije más arriba, tanto los personajes como las carreras son justo los dos puntos fuertes de Rush.

Para que eso pase tendrían que cumplirse al menos unos cuantos requisitos: que el editor del tráiler no nos haya engañado y las carreras sean tan impresionantes como parecen, que los personajes no sean un arquetipo con patas y melena y que las historias personales no den vergüenza ajena.

Salvo lo de las historias personales, que no son nada del otro mundo pero tampoco tienen peso específico suficiente para lastrar la película, el resto de requisitos se cumplen con creces. Con sus fallos, me alegro por haberme decantado por Nikki Lauda en lugar de Steve Jobs.

¿Qué gafas me llevo?

 Rush

Entonces: ¿voy a verla?

Si no te horrorizan las películas deportivas o las carreras de coches, es una muy buena opción para entretenerse dos horas sin tener que renunciar a tu buen juicio.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s