Mujeres, ¿para qué?

Álvaro Méndez | Falso9

Cada vez es mayor. Y es algo de lo que alegrarse. La presencia de las mujeres en los distintos aspectos de la vida cotidiana ha crecido en los últimos años hasta límites insospechados. Si bien es cierto que aún queda mucho camino por recorrer, no menos evidente es que, por primera vez en mucho tiempo, hay razones para el optimismo. En el universo balompédico, siempre tan masculino, se inició una reconversión hace una década para dar cabida a la emergente figura del género femenino. Fruto de este cambio de paradigma se comenzó a valorar todo lo que ellas podían aportar (que era, y es, mucho) y se empezó a dar una cierta visibilidad a este nuevo universo. Este progresivo interés se tradujo en una creciente presencia de mujeres en las gradas, de hornadas de periodistas sedientas de actualidad balompédica o de, por supuesto, nuevas generaciones de futbolistas. Desde Milene Domingues hasta Homare Sawa pasando por Verónica Boquete.

Sin embargo, el deporte femenino es todavía una utopía en países del sur y en otras regiones donde todo lo llena la versión más radical de la religión islámica. En Irán, por ejemplo, muchos recordaremos las lágrimas y el desconsuelo de las jugadoras de la Selección nacional cuando, viéndose sometidas a la obligatoriedad del velo por parte del Gobierno de su país, fueron expulsadas de los Juegos Olímpicos de 2012. Pero el relato de hoy no nos lleva al país de los ayatolás, némesis de EEUU, sino a un régimen más ‘amistoso’ para los intereses energéticos de Occidente, pero igual de cruel y macabro que el de sus vecinos chiíes de Teherán.

Hablamos de Arabia Saudí, la monarquía absoluta suní gobernada con mano de hierro por Abdalá bin Abdelaziz. En esta árida nación entre el Mar Rojo y el Golfo Pérsico impera la sharia —la ley islámica— y la interpretación más radical del Corán, motivando que Arabia Saudí cope los primeros puestos en los distintos rankings de violaciones de los derechos humanos. Lapidaciones, ejecuciones sumarias y castigos físicos continúan estando presentes como penitencia más común para aquellos delincuentes de la moral y la fe.

En este marco de represión, el género femenino sigue siendo considerado el sexo débil en la práctica totalidad de los aspectos de la vida incluyendo, por supuesto, el fútbol. Tradicionalmente, las mujeres jamás han podido, por ejemplo, acudir a los estadios (ni siquiera acompañadas por su marido o su padre). Ello ha generado diversos altercados a lo largo de los últimos años con federaciones europeas. De hecho, en 2006, el Gobierno de Arabia Saudí revocó la prohibición de la entrada a mujeres al Estadio Rey Fahd después de que el Ejecutivo sueco elevara una queja formal a diversos organismos internacionales en los días previos a un amistoso en Riad entre los dos países. Finalmente sí se pudo ver a varias suecas en el interior del recinto, aunque hubieron de sentarse en la zona reservada para los medios de comunicación, lejos de las gradas ocupadas por el resto del pueblo.

Y así ha venido ocurriendo hasta nuestros días. No obstante, hace un mes saltó la noticia. El manager del Estadio Rey Fahd anunció que permitiría la entrada a familias extranjeras (incluidas las mujeres) en los partidos de la Copa OSN, en la que iban a participar también Nueva Zelanda, Trinidad y Tobago y Emiratos Árabes Unidos. Pero la Real Federación de Fútbol Saudí se lanzó rápidamente a negar la mayor, explicando que la prohibición permanecería vigente, ya que medidas de semejante importancia sólo competen a las más altas instancias del Gobierno.

De nuevo, otro portazo al progreso. Otro latigazo a la tolerancia. Otro varapalo a la igualdad. De momento, tendremos que seguir esperando a que en Arabia Saudí el fútbol—y la vida— sean accesibles en plenitud para todos. Y para todas.

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Foto de portada: Partido entre Irán y Turquía en los Juegos Olímpicos de la Juventud de Singapur 2010 (Monfie)

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Una respuesta a “Mujeres, ¿para qué?

  1. Personalmente, me queda la duda de, en el caso del veto de la FIFA a Irán por jugar con el velo, quién hace menos por la igualdad, la FIFA o Irán. Pese a jugar con velo, ¿no daría una imagen mucho más integradora el hecho de que un equipo iraní de fútbol femenino pudiera competir en un evento como ese? Al final, el hecho de que hubieran podido jugar, imagino que les hubiera dado una visibilidad dentro del país que podría ayudar a romper con roles impuestos sobre las mujeres, más allá de que lo hicieran con o sin el pañuelo. Creo que a veces nos quedamos más con la forma que con el fondo en la lucha por la igualdad.

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