Gravity: un monumento al cine

Este año no vas ver nada como Gravity. Seguramente no vayas a ver una cosa así en mucho tiempo, porque de momento no existe y hace falta una acumulación de muchas circunstancias para que una película así tenga lugar: un director ambicioso en estado de gracia, unos productores que se arriesguen y se atrevan, una buena cantidad de millones y la confianza ciega en las posibilidades de una tecnología que hasta ahora había dado muchísimo menos de lo que prometía.

Vaya por delante que Gravity no tiene una gran historia. A más de uno le molestarán ciertos lugares comunes del guion, que en mi opinión sin ser brillante, puede presumir de economía y buen gusto. Pero es que la película no va de eso, sino de abrir un nuevo camino en la relación entre el espectador y la película. De volver a dar sentido a la experiencia del cine en la sala sin necesidad de recurrir a romanticismos, nostalgias ni elogios de la experiencia colectiva.

Aquí está lo que prometía el 3D mucho antes de Avatar, desde que cuando eras pequeño te juraban en aquel simulador del parque de atracciones o el Imax que te asustarías cuando los tiburones se acercaran a la pantalla. Pero no se trata de ver como una astronauta inexperta lucha por la supervivencia mientras un tenedor sin gravedad se acerca a tus narices, sino de sentir su odisea a la vez que ella. Porque Gravity no apela al deleite de tu intelecto, pese a que las inevitables cuestiones metafísicas también planean por allí, sino que ataca directamente a tus tripas. Te obliga a que te alejes de Godard y durante hora y media seas ese espectador primigenio que huía de la butaca cuando el tren aparecía en pantalla por miedo a ser atropellado.

No trato de decir con eso que sea una película simple en su concepción, sino al contrario. Apelar al instinto del espectador en la segunda década del siglo XXI requiere muchísimo esfuerzo y un cálculo milimétrico. Eso y un talento descomunal por parte de todos los miembros del equipo técnico y artístico. De todas formas, aun si eres un cerebro con patas incapaz de sentir, la película te ofrecerá al menos un espectáculo visual incomparable, especialmente durante una primera mitad, en la que el espacio es el máximo protagonista.

Si en Hollywood tienen algo de sentido común (no estoy tan seguro), la carrera por los Oscar empieza y termina con Gravity. Pueden venir películas magistrales, como de hecho tiene pinta, pero ninguna va a hacer por la industria del cine la mitad de lo que ha hecho la obra de Cuarón. Tanto si abre un camino con el que hasta ahora sólo se había amagado como si queda en una anécdota, es un largometraje del que se seguirá hablando en veinte años. Por eso tienes que verla, para no mirar al suelo cuando tengas que confesar que te perdiste este monumento al cine.

Lo que dije de Gravity

Todo parece dispuesto para que asistamos nada menos que a la experiencia cinematográfica del año. Alfonso Cuarón se lanza en busca de su “2001: Odisea en el espacio”, con la que creo que no faltarán comparaciones.

Las similitudes, más allá de las obvias, son escasas. Lo que las convierte en paralelas es la sensación de que ambas son películas pioneras y paradigmáticas de su tiempo.

El director ha dado un paso al frente con una película distinta y ambiciosa con la que asentarse definitivamente entre los más grandes de la época si la jugada le sale como es debido.

Le sale, le sale.

Los alicientes son muchos: el innegable virtuosismo de Cuarón jugando a coreografiar películas es conocido y admirado por los cinéfilos, y una aventura en el espacio como la que se propone es el escenario perfecto para explorar sus límites.

Empiezo a dudar que tenga límites. Ha conseguido meternos en el puñetero espacio por apenas diez euros, no sé qué puede hacer después.

Pero además cuenta con la ayuda de Emmanuel Lubezki como director de fotografía, el mismo que fascinó a todos con su imborrable trabajo en “El árbol de la vida”.

Si Lubezki retrató la tierra de la forma más bella que hemos visto en muchos años, ahora repite con el espacio. Con este Oscar sí que no hay ninguna duda.

Veremos la historia de dos astronautas tratando de sobrevivir a una situación límite, lo que a priori no parece una gran trama. Pero es que eso aquí será lo de menos. Lo importante es transportarnos hasta la inmensidad de un lugar sin fin y lograr una inmersión completa en el entorno y en las sensaciones de los protagonistas.

Tal cual, aunque confieso que cuando escribí estas líneas no tenía ni idea del nivel de inmersión del que estábamos hablando,

Ya hemos hablado de la fotografía y de la labor del director, que podrá explorar al máximo los límites de sus famosos planos secuencia. Pero también el sonido será clave para conseguir su objetivo, tanto a nivel musical como de efectos.

Hay un par de planos secuencia, entre ellos el que abre la película, que son tan espectaculares que no te caben en la cabeza. Yo, para hacer negocio, estrenaba el making of en salas porque los cinéfilos morimos de ganas por saber cómo coño se ha hecho esta locura. En cuanto al sonido, espectacular como todo lo demás.

En cuanto a los intérpretes, no dudo de la capacidad de dos actores que han demostrado ser sobradamente competentes en varias películas de Hollywood. Pero es Sandra Bullock la que se juega el respeto de sus muchos críticos después de un Oscar que le hizo más daño que otra cosa. Yo no dudo de ella, porque sabe lo que se juega y una película como esta puede ser una máquina letal de callar bocas.

A ver quién tiene el santo papo de decir una palabra sobre Sandra Bullock después de ver Gravity.

Las Expectativas de Gravity son enormes, seguramente las más grandes del año, pero me apetece pensar que tiene posibilidades de colmarlas.

Dejad de leer e id a verla por favor.

¿Qué gafas me llevo?

grevity

Entonces: ¿voy a verla?

Hay que verla, hay que verla en el cine y hay que verla en 3D. Te puede gustar o te puede encantar, pero si te la pierdes te vas a arrepentir tarde o temprano.

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6 Respuestas a “Gravity: un monumento al cine

  1. Ayer la volví a ver, ya en VOS y a los cinco minutos decidí que me daría igual que en vez de astronautas de la nasa fueran perros salchicha hablando en chino sin subtítulos en busca de su amigo el gato Félix. No cambiaría una coma la crítica. Es TAN espectacular que me da exactamente igual lo que pase ahí dentro.

  2. ¿Alguien se ha dado cuenta de que los conflictos de los personajes son de Manual de primero de carrera?

    “Me daría igual que en vez de astronautas de la nasa fueran perros salchicha hablando en chino sin subtítulos en busca de su amigo el gato Félix”.

    ¡Esa es la cuestión!

    Crítico prejuicioso, has sido abducido por la técnica. Detrás de 2001 había ALGO. Detrás de Gravity hay perfección técnica. Y detrás, más técnica.

    Ains… xD

  3. Y digo yo ¿Qué mas da?

    ¿O es que como ya se hizo 2001 cualquier película que tenga naves especiales tiene que hablar del origen del universo para que pueda ser alabada?

    Más: Si en vez de decir que es técnicamente increíble o espectacular dijera que es “poesía visual” ¿ya queda legitimada? Si es que sí, apañados vamos si todo se resume a discusiones terminológicas. Si es que no ¿estás acotando el buen cine a aquel que habla de los grandes temas? O más simple ¿estás poniendo requisitos a lo que es buen cine? Porque mi opinión al respecto es tan simple como que el buen cine es lo que a mí me parece buen cine. Yo salí flipando de Gravity por H, V o Z, la cuestión es que salí flipando. No puedo permitirme tener una lista de la que voy tachando cualidades que se cumplen o se dejan de cumplir, me quedaría demasiado poco tiempo para disfrutar viendo películas. Y eso, creo, es de lo que se trata.

  4. SPOILERS ALL AROUND

    No, hombre, no: yo no le pido a una película que sea TRASCENDENTE porque sí. Yo me siento, y veo lo que la película me ofrece. No hay requisitos previos. No le pido que me cuente LO QUE YO QUIERO. Viviría en una perpetua frustración.

    Pero, en este caso, el director me pone sobre el tapete a dos personajes. Y los desarrolla, o trata de hacerlo, dentro de los límites necesarios que su narración le pone. Incluso en un momento dado Sandra Bullock habla de que siente que va a morir, y de que tiene miedo. Para colmo, resulta que su hija falleció a los siete años. ¿Hay algo más trágico que la muerte de una hija? ¿Hay un momento más intenso en la vida de cualquiera, que aquél en que uno está convencido de que va a morir? Pues bien, yo no le pedía eso a Cuarón: él me lo da. Y ni el trauma llega o emociona, ni parece que el momento “me muero” se quede durante más de un minuto en la cabeza del espectador. Los personajes no calan. He leído mil críticas de esta película -además de haberla visto- y nadie cita para nada la psique o las motivaciones de los personajes. Sencillamente no son relevantes, porque recaen en ciertos tópicos, y no están bien construidos. ¿Y acaso sé eso porque soy un oráculo de construir personajes? Pues no: lo sé porque su efecto en la película es nulo. Sólo importan cuando el entorno les oprime. Esto es: nos importan en cuanto sujetos de la acción. Como seres humanos individuales nos importan un carajo. Pero el guión NO quiere que pase eso. De lo contrario, ¿a cuénto de qué tanto trauma y tanto sentimentalismo?

    Más o menos, Cuarón emplea más de 15 minutos (de 90) en fijarse sólo en ellos. Hablando de sus cositas.

    Así que no son mis exigencias, sino las carencias intrínsecas de la película, según están esbozadas. Fallan en su objetivo.

    La impresión final es la de que, mientras Cuarón y su co-guionista dedicaron todo su esfuerzo (inconmensurable y perfecto) a reinventar la técnica de “cómo rodar” en el espacio, y a envolver al espectador en él, y todo lo que se quiera… se contentaron con dibujar dos personajes con prisa, y a tirar para el monte.

    Por desgracia, como una película es un todo, un bloque, a mí que sea una obra maestra en realización toda, y que a la hora de perfilar personajes resulte banal, llámame estadístico, pero no veo que sea 100% perfecta. Réstesele el porcentaje de “caracteres”. Y más o menos “la perfección” es lo que creo que es una “obra maestra”. O quedar muy, muy cerca.

    Yo en Gravity (insisto en que no se trata de una rareza mía) me impacientaba cuando ella monologaba: y era algo que me salía de dentro. No estaba proyectando mis requisitos de manera consciente o intelectual.

    El disfrute es otra cuestión: la disfruté, desde luego. Pero el análisis revela otras cosas. Se pueden disfrutar películas infames (todos lo hemos hecho alguna vez). Son ámbitos distintos. No se le puede reprochar a nadie que disfrute mucho de una película. Sí que se tape los ojos con una venda para saltarse por encima sus defectos y considerarlos como “aparte” de la película.

    Entonces llego a mi lamento: es una lástima, una jodida lástima, que habiendo hecho una película tan grande en forma, se hayan quedado a años luz con el fondo (fondo que está ahí, que no es que yo lo quiera así o asá). Una mujer con una hija muerta perdida, luchando en el espacio por sobrevivir, debería ser la emocionalmente más salvaje que la versión extendida de Amour. Pero no, sólo es físicamente salvaje.

    Y, estando de acuerdo como estamos (“Me daría igual que en vez de astronautas de la nasa fueran perros salchicha hablando en chino sin subtítulos en busca de su amigo el gato Félix”), no concibo que “¿Qué más da?” sea la respuesta.

    Observa que no quiero tener razón (pobre troll de mí), sino razonar serenamente sobre el asunto.

  5. Siempre tendremos tiempo para hacernos la eterna pregunta: ¿Qué es el arte?. Y la respuesta es sencilla y única: Nadie lo sabe, y por tanto, nadie lo puede definir con exactitud. En todo caso, leyendo las críticas de la película, todas más o menos parecidas en cuanto a los aspectos positivos y también muy parecidas en cuanto a los negativos, creo que habría que tener en cuenta que las supuestas deficiencias del guión también deberían afectar a la forma, es decir al espectáculo visual, que si duda es magistral. Ese alarde técnico, apabullante, electrizante, magnífico en mi opinión, pues también deberíamos de convenir que es guion, si si, también es guión, por lo tanto, debemos mirar la película como un todo y no analizar por separado aspectos técnicos y melodramáticos, porque, insisto, es mi opinión, todos son uno sólo. Una mayor complejidad de los personajes, quiero decir, mejor retratados psicológicamente hablando, habría quizá obligado a alargar la película, y eso le hubiera hecho perder brío, que en mi opinión, es una de sus virtudes (un rítmo perfecto y adecuado para la historia contada). ¿Obra maestra? Puede. ¿compite con 2001? En mi opinión, si. En este tiempo, 2013, compite absolutamente.

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