The Bling Ring: tronistas en Beverly Hills

A veces el azar nos regala casualidades deliciosas. El próximo viernes, sólo una semana después del estreno de The Bling Ring, Belén Esteban vuelve a su hábitat natural de plató telecinquero, grito y lágrima, el equivalente de sobremesa que Jorge Javier Vázquez y Paolo Vasile idearon para reemplazar el clásico “copa y puro” nacional que tan mal encaja en medio de la sociedad del espectáculo. A la que un día fue “princesa del pueblo” le organizarán una ceremonia de Restauración con Vázquez a lo Martínez Campos; toda una muestra de subordinación para que Belén, dama de España, sienta que el trono no fue de nadie más durante los seis meses de exilio. Medio año de silencio, dos legislaturas en tiempo televisivo, que se originó por un incidente similar al que cuenta Sofia Coppola en su último trabajo.

Durante las vacaciones de Semana Santa, nuestro Spring Break con procesiones, unos delincuentes entraron en su casa y sustrajeron numerosos artículos de valor. Entre ellos, no sabemos si por afán coleccionista o gran olfato comercial, algunas prendas de ropa interior pertenecientes a la que tiene por profesión la de famosa. Días después, como indican todos los manuales del cuarto poder, allí estaba Belén bajo el foco narrando la tragedia. –¿Pero las bragas estaban sucias o limpias?- inquirían los sabuesos periodísticos que la acompañaban. Y Belén colapsó. Después de tanto tiempo dudando si había límites sobre el grado de intimidad que estaba dispuesta a desvelar, se los encontró de frente en la pulcritud de su lencería. Eso era demasiado. Abandonó el plató y no ha vuelto a pisarlo desde entonces.

Lo que hace Sofia Coppola en The Bling Ring es contarnos esta historia desde el punto de vista de los roba-bragas, especie por lo visto en ascenso en el mundo económicamente desarrollado e hiperconectado al que aun pertenecemos a pesar de los esfuerzos del gobierno. La única diferencia relevante respecto a los castizos chorizos patrios es que Beverly Hills desprende mucho más glamour que Paracuellos del Jarama, lo que resulta en la casi única virtud de la película: un envoltorio de lujo que incluye música, interesantes juegos de montaje, gente guapa y casoplones de cuidado. El envoltorio por desgracia sólo tiene más envoltorio dentro, lo que de pura reiteración comienza a hacernos sospechar que la directora no tiene mucho que decir, porque su discurso cinematográfico tampoco evoluciona hacia nada muy distinto que un bello spot de noventa minutos.

Una pena porque el tema pide a gritos una reflexión a la altura. En tiempos en los que a la crisis de valores se le ha sumado la material, sospechamos que la excesiva veneración a ídolos que no lo son por nada en especial es algo que está mal, pero tampoco tenemos argumentos de peso para que aquellos que pasan tres horas diarias en el gimnasio no vean el trono de Mujeres, Hombres y Viceversa como una aspiración laboral deseable. Quizá estábamos equivocados y el superhombre de Nietzsche era este.

Lo que dije de The Bling Ring

De momento por el tráiler parece que no nos vamos a aburrir: asaltos, cameos estelares, cotilleos, fiestones, el FBI, drogas, accidentes de coche…Vamos, que tendría delito si resulta ser un coñazo.

En el código penal creo que no está, pero yo me pondría a ello sin tardar mucho.

Además parece que Sofia ha decidido rodarlo con un tono pop, música guay y montajes entretenidos. Así que por lo menos voy a ir con la esperanza de entretenerme.

Todo eso lo tiene y mola, pero como toda la peli es un loop permanente también te acabas cansando del mismo montaje de las narices.

La segunda parte será descubrir si la directora tiene algo que decir sobre la generación que va a retratar. Ídolos ultra materialistas y superficiales a los que se puede hacer un seguimiento casi permanente; el uso que hacen los adolescentes de una tecnología con la que cada vez están más fusionados; la falta de cortapisas morales para cumplir con el hago lo que quiero, como quiero y cuando quiero que predican esos ídolos…

Te enseñan todas y cada una de esas actitudes, pero en ningún momento se adivinan atisbos de que tenga que decir nada sobre ellas. Ni siquiera pasa lo de Springbreakers, que el mismo hecho de retratar sirve para opinar. Aquí no damos para tanto.

En fin, mucho y muy interesante debate sobre la mesa. La propuesta parece atractiva en fondo y forma, pero prefiero ser prudente para no llevarme decepciones.

Creo que el refrán era “hombre prevenido vale por dos”. Pues eso.

¿Qué gafas me llevo?

blingring-critico-prejuicioso

Entonces: ¿voy a verla?

Es mucho más barato que asaltes y robes casas tú mismo para ver lo que se siente. Si os pillan yo no incité a nada, que según está Gallardón cualquiera sabe.

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