Una cuestión de tiempo: carta de amor al presente

Tendemos en nuestra disparatada sociedad a desechar el presente. Entre los nostálgicos y los que viven continuamente en lo que pasará dentro de cinco minutos, nos olvidamos de que el ahora es lo único que existe. Lo demás no son más que proyecciones de nuestra mente, a lo sumo presentes que pasarán en un rato y que cuando lleguen serán apartados porque tenemos futuros más importantes en los que pensar. Piénsalo, ¿cuándo fue la última vez que mientras te lavabas los dientes pensaste “me estoy lavando los dientes”? Curioso que la película que viene a recordarnos todo esto sea una en la que el protagonista se pase el metraje viajando al pasado.

Para disfrutar como es debido de la muy disfrutable Una cuestión de tiempo hay que tener una cosa clara: no es una comedia romántica de dos que se quieren, se dejan querer y se quieren otra vez. La película no va de eso en absoluto. Prueba de ello es que la trama amorosa deja de tener conflictos hacia la mitad del metraje. El protagonista sólo es uno, el chico, y la historia que se cuenta es la de su búsqueda de la felicidad. Me atrevo a decir que si hay una historia de amor que vertebre el relato, no es la de la pareja, sino la de Tim y su padre. No tengo claro si los responsables de montar el tráiler no entendieron esto o querían vender más entradas a adolescentes ávidos de historias de princesos y princesas, pero en cualquier caso aquí estoy yo para aclararlo para que la podáis disfrutar más y mejor.

Tim es un chico tímido y un tanto frustradillo que de repente se encuentra con la revelación: puede ir y venir del pasado a su gusto. ¿Cómo puede ayudarle eso a ser feliz? Para él en ese momento la cosa está clara: va a servirle para echarse novia. Evidentemente se pone a ello, pero con el tiempo se dará cuenta de que el secreto que encerraba la revelación de su padre era otro mucho más sabio y profundo, y que el regalo más grande que le podía haber hecho fue dejarle descubrirlo por sí mismo.

Ya estoy viendo caras largas entre los aficionados a las comedias románticas, pero tranquilos porque no tenéis motivo. Que la historia de amor no sea la espina dorsal no significa que no vayáis a ver flechazos, enamoramientos, besos apasionados y un buen puñado de escenas que sacarán vuestros  “ohhhhh” con voz ñoña. Porque la historia de la pareja es realmente bonita, principalmente por la química entre los actores y porque los dos personajes han sido construidos el uno para el otro por el maldito de Curtis.

Y es que Richard Curtis es un maldito cabroncete que sabe muy bien cómo escribir guiones. No era una historia fácil de contar, y salvo algún cierre en falso y un par de personajes que sólo están allí para dar aliento cómico a algunas escenas, el guion funciona como la seda. No voy a decir que sea la película perfecta ni que vaya a cambiar vuestras vidas, pero estoy bastante seguro de que serán muy muy pocas las personas que salgan echando sapos y culebras a la salida del cine. Y eso, cuando hablamos de una “de amoríos”, tiene un mérito descomunal. Haced el favor de ir a verla, que falta nos hace reivindicar el presente.

Lo que dije de Una cuestión de tiempo

Richard Curtis es uno de los grandes exponentes de la comedia romántica en las últimas décadas gracias a algunas películas de esas que ha visto todo el mundo. Love Actually, Notting Hill o Cuatro Bodas y un Funeral son títulos esenciales del género gracias sobre todo a la combinación de personajes imborrables y cercanos con la actualización del cuento de hadas clásico. Aquí da la impresión de que la fórmula será la misma, y todos conocemos el dicho “si funciona, para qué cambiarlo”, así que como mínimo podemos estar bastante seguros de que no faltarán las risas y el azúcar en su justa medida.

Hay risas y hay azúcar espolvoreado con buen gusto, sin empalagar. Dudo, aunque quién soy yo para decirlo, que con el paso de los años se ponga en el lugar de las creaciones más célebres del director, pero los habituales de este tipo de cine guardarán un buen recuerdo de ella.

Los viajes en el tiempo, al igual que las comedias románticas tienen sus clichés, con lo que no dudo que caeremos en unos cuantos. Sin embargo, una de las virtudes de Curtis es su forma de trabajar con estos lugares comunes, tomándoselos con ironía y tratando de darles una vuelta más.

Conviene no pensar en la lógica interna de los viajes en el tiempo de Una cuestión de tiempo más de dos minutos, porque las clásicas paradojas no tardarán mucho en aflorar y la película no tiene ninguna intención de sentar cátedra en el tema. Si nos quedamos en la superficie, el tema funciona bien, que al fin y al cabo es lo que importa. En cuanto a los lugares comunes, como bien predecía, los tenemos pero sin exagerar, y siempre intentando dar un matiz distinto. Sirva como ejemplo el siempre “mágico” primer encuentro entre los protagonistas, el inevitable flechazo en el que la química surge. Efectivamente se da, y sí, es perfecto, pero nunca lo habíamos visto contado como aquí.

Ahora bien, una resolución rollo “cuando empecé a viajar en el tiempo pensaba en cómo hacer todo perfecto, pero ahora me doy cuenta de que el amor es imperfecto y lo verdaderamente importante es estar contigo” no me extrañaría nada.

Patinazo que viene por la impresión que da el tráiler de que los protagonistas de la película serán los enamorados. La conclusión es bastante parecida, pero los sujetos son distintos. Tampoco quiero desvelar más para no arruinar el visionado.

En fin, que no espero la gran obra maestra que reinvente el género, pero sí una película entretenida, con buenos diálogos y algún personaje para el recuerdo (el padre es el candidato mejor posicionado a la salida).

No es una obra maestra, pero alcanza cotas bastante más altas de lo que cabría esperar a priori. Los diálogos, convenientemente plagados de ironía a la inglesa, son de altos vuelos y los secundarios son los que de verdad llenan de vida a Una Cuestión de Tiempo. No quiero dejar de mencionar al personaje de la hermana, todo un torbellino de vitalidad, pero está claro que la palma se la lleva el padre (habría que discutir hasta qué punto es un secundario) del que no me cabe duda que con el tiempo será lo más recordado.

Si además soltamos una lagrimita y a la salida empezamos a ver el amor en cada canción y semáforo, el éxito habrá sido total.

El amor que contagia es distinto del que esperábamos. En su lugar irradia amor por la vida, por no tirarla al váter y no pasarse los viajes en transporte público jugando al Candy Crush, al Angry Birds o a cualquiera que sea tu narcótico mata-esperas.

¿Qué gafas me llevo?

 cuestion-de-tiempo

Entonces: ¿voy a verla?

Para ir con tu padre y darle un buen abrazo a la salida. O para ir toda tu familia y daros un gran abrazo común a la salida. O bueno, en realidad con quien sea, lo innegociable es que cuando acabe te puedas abrazar.

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2 Respuestas a “Una cuestión de tiempo: carta de amor al presente

  1. Resulta curioso que en la crítica se reivindique el presente y el Crítico Prejuicioso realice varias proyecciones sobre cuál será la imagen de la película en el futuro. Desde el cariño. ;-)

  2. El crítico es tan profesional que sacrifica sus propios ideales en favor de sus lectores.

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