El Neng de Móstoles

Sergio Menéndez | Falso9

Llevaba tiempo sin hablar el bueno de Iker Casillas. Al menos, en lo que a una comparecencia pública frente a los medios se refiere. Salvando la conversación tan oportunamente televisada con Reina durante el calentamiento del España-Bielorrusia, donde el portero y capitán del Real Madrid parecía descartar su salida del club, la última vez que Casillas había atendido a los compañeros de la prensa se remonta a principios de la temporada, con Carlo Ancelotti recién aterrizado en Valdebebas y una portería sin dueño fijo.

Desde entonces y hasta ahora, el mostoleño ha tenido oportunidad, en contra de lo que cabría haberse esperado si tenemos en cuenta la fama que precedía al míster italiano como hombre de club, conciliador y contemporizador,  de sufrir un nuevo chasco al verse relegado a la suplencia en Liga en favor de Diego López, jugando una Champions con sabor a limosna que, para colmo de males, se le atragantó en el primer encuentro frente al Galatasaray  después de retirarse lesionado. Pero si de algo había tenido ocasión Iker en los últimos meses, es de meditar sus respuestas llegado el momento de hablar frente al micrófono.

El momento llegó durante un acto promocional, espacio donde los futbolistas suelen dejar sus mejores perlas de un tiempo a esta parte. En actitud relajada y sonriente, Casillas se plantó frente a las hordas de niños que hicieron las veces de reporteros y contestó a todas sus preguntas, incluyendo las que abrían la posibilidad de su posible marcha. Lo hizo con una precisión milimétrica, la misma de quien se tiene el discurso bien trillado. Y aunque de todos los testimonios vertidos el que mayor repercusión alcanzó fue su ultimátum de tres meses para replantearse su situación en el Real Madrid, lo cierto es que hubo más. “Soy humano” dijo el cancerbero, estableciendo una conexión inmediata con un personaje que ilustra a la perfección el momento actual del meta. Porque ‘El Neng de Castefa’, al igual que Iker, solía insistir de modo idéntico en su condición de “persona”.

Una irrupción paralela

La irrupción de Casillas en el fútbol de elite se produjo de la misma forma que la del (otrora) popular y entrañable bakalaero interpretado por Edu Soto: vestido en chándal y de improviso, igual que sus entradas en el plató de Buenafuente a bordo de un Renault 5 tuneado. Corría el año 1997, mes de noviembre para ser exactos, cuando el director del instituto ‘El Cañaveral’ de Móstoles interrumpió la clase y citó a Iker en su despacho para hacerle saber la decisión del Real Madrid de convocarle con el primer equipo y viajar a Noruega en un enfrentamiento de Champions League contra el Rosenborg.

Como el Andreu de turno, el por entonces entrenador blanco, Jupp Heynckes, buscaba un colaborador de garantías que se sumase a Santiago Cañizares y completar una convocatoria de la que se habían caído por lesión Bodo Illgner y Pedro Contreras. Y el talento del muchacho de 16 años que por entonces militaba en el juvenil merengue, no pasó desapercibido para el técnico alemán. Al igual que el del joven de Castelldefels, ello  supuso el punto de partida de una meteórica carrera hacia la fama a cargo de un muchacho de la periferia.

Luego llegó su debut en Liga en San Mamés en septiembre de 1999 y la acumulación progresiva de minutos en la portería y la televisión, hasta que su ascenso como  portero titular del Real Madrid, primero, y la Selección Española, después, lo catapultaron al estrellato balompédico y mediático. Un estatus del que Casillas, exceptuando la temporada  2001/2002, en la que Vicente del Bosque decidió apostar por César Sánchez, un portero de éxito tan efímero que casi podríamos comparar con Rodolfo Chiquilicuatre, no se había visto apeado hasta la llegada a Concha Espina hace ya más de tres años del entrenador que mayores dotes circenses ha demostrado jamás, el ‘Follonero’ por excelencia: José Mourinho.

Igual que Jordi Evolé, el portugués decidió llegado el momento hacer la guerra por su cuenta, montarse su propio programa, aprovechar el desafortunado puntapié de Arbeloa al guante de Casillas y desafiar la autoridad del buque insignia del madridismo gracias a la complicidad de Florentino Pérez, un Maurizzio Carlotti de la industria constructora, al apostar por un cambio en la línea de gol.

Y así, en un mercado de invierno, recaló en las filas de la productora merengue Diego López, que llenó el hueco dejado por un malogrado Adán y, si bien comenzó su andadura con cierto titubeo, se ha ganado a pulso el puesto de titular, eclipsando a Casillas de una forma sólo comparable a la de Berto Romero con su ‘tito’, por mucho que dentro de la fisionomía del portero nacido en Paradela llamen más la atención sus orejas  que la nariz.

Todo ello ha obligado a Casillas a librar una batalla personal que lo aleje del destino de su ficticio y catalán alter ego en el baúl de los juguetes rotos. Ya la empezó en su día, durante un acto de presentación de sus nuevas botas, cuando realizó una corrección sobre la marcha apostillando que, como lo de jugar estaba difícil, sólo le iban a valer para entrenar. Un dardo disfrazado de ironía que, sin embargo, no surtió ningún efecto, así que ahora ha preferido optar por la cuenta atrás y ver qué pasa os próximos tres meses. La pelota se encuentra en el tejado de Carlo Ancelotti. Mejor dicho, en su Terrat.

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Foto de portada: Iker Casillas (Foto: Майоров Владимир [CC-BY-SA-3.0] via Wikimedia Commons)

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