Entrevista completa a Alicia Borrachero

Retratos: Alicia Borrachero “Es muy fácil juzgar”

Desclasificados es una obra que, por lo que he leído, era un proyecto de fin de carrera de Pere Riera, que ya se ha representado en Barcelona y que, la sensación que nos da, es que es una obra muy actual, pese a ser de 2006. ¿Esto es una virtud de la obra o un defecto de nuestra realidad, que es cíclica, que caemos en los mismos errores?

Yo creo que esto viene desde los griegos y de antes. La corrupción que el poder ejerce sobre el ser humano no es un tema de hoy, es un tema eterno. Y cómo funciona el poder y cómo el sistema nos engulle a todos, incluso a veces hasta a las personas que supuestamente tienen los valores más férreos y más asentados.

Siempre hay un límite, y en esta obra se habla de eso. Pere Riera, a pesar de que el tema está muy de actualidad, es el primero que dice “yo no estoy contando nada nuevo”. Lo que pasa es que ahora, desgraciadamente, está de rabiosa actualidad.

La obra es cierto que la escribió en un curso –no sé si fue un trabajo de fin de carrera o no-, pero fue un ejercicio de clase y eso creo que es una de sus grandes virtudes. Hay algo en la función que es evidente y es que no ha tenido cortapisas, que no ha tenido una censura. No es un encargo, no es algo hecho para… Es algo libre. Esa libertad tiene una frescura, una inmediatez y una cosa brillante y muy desconcertante que yo creo que tiene que ver, en parte con su talento y, en parte, con el momento en el que escribió esta obra, que fue libre.

Además, podemos fijarnos en ese presidente que está flaqueando por un caso de corrupción –que no vamos a entrar más ahí para no desvelársela a nadie que quiera ir a verla-, pero en realidad flaquean todos los personajes. No está dirigido. Estamos cuestionando a todos los actores.

Sí, yo creo que esta obra tiene la virtud que debe tener toda historia, sobre todo toda aquellas historias en que se presentan distintos puntos de vista sobre un mismo asunto. Esta no es una obra de buenos y malos. No es una obra de perpetradores y de víctimas. Es una función que simplemente presenta una foto con tres personajes que tienen tres cargos de muchísima responsabilidad y, por lo tanto, tres personas muy inteligentes y que han peleado mucho para llegar adonde están, y empiezan muy peinados y acaban muy despeinados. El desmoronamiento de todo lo que supuestamente representan y todo lo que supuestamente son.

¿Qué es lo que más te atrajo del libreto cuando te lo ponen delante?

El principio, no lo olvidaré nunca. Estaba en mi casa, empecé a leer y empecé a leer y  empecé a leer y era como “¿esto qué es?” No sabía si me gustaba o no me gustaba, la verdad, porque era muy desconcertante. Y no pude dejar de leerla hasta el final. Me atrapó como yo creo que atrapa al público. Porque el público piensa que viene a ver algo, en un código, y cuando se sienta y ve esa situación, no da crédito. Entonces, ahí la atención se queda en el escenario.

Además, en el inicio con el jefe de prensa, la situación es muy incómoda durante toda la conversación, incluso para el espectador. No sé si vosotros desde arriba percibís cómo reacciona el espectador. ¿Se ríe, se sorprende?

Hay de todo. Yo lo que más puedo valorar es que está la atención. Cuando tú estás en un escenario, es evidente cuando hay una frialdad o una falta de comunicación. Cuando el espectador está retirado, se nota. Y aquí, la verdad, está siguiéndolo. Unos se ríen, otros no, a otros les da por toser, a otros les da por moverse, otros se parten de la risa… Pero no todo el mundo reacciona igual, lógicamente porque no todos somos iguales. Hay gente que se pone muy nerviosa, también. El asunto es que se ve, se intuye y se siente claramente que el principio de la obra agarra la atención y creo que no se suelta hasta el final.

El personaje que interpretas, esta periodista con una gran experiencia que es una referente en su oficio, no es el primero que realizas de este tipo. Te iba a preguntar cómo lo preparaste, pero con la trayectoria de interpretar a periodistas que llevas encima, sería una obviedad. Pero, ¿cómo se trabaja ese paso que va teniendo el personaje durante la obra, que llega cargada de razones, con una ética y moral muy firme y que se va perdiendo y acaba en una situación muy desconcertante?

Para mí en este caso fue un poco al revés de como suelo trabajar. Yo, normalmente, me preparo mucho los personajes con tiempo, cuando lo tengo, y si no lo tengo, hago lo que puedo, pero no llego nunca a ver qué pasa. Hay gente que sí, y lo respeto muchísimo, pero yo necesito un trabajo previo.

En este caso no pude, porque estaba terminando el rodaje de Isabel cuando empezaba esto. No tuve tiempo material para ello y esta vez sí que fue “a ver qué pasa”. Y la verdad es que ha sido una experiencia muy divertida a un nivel, porque me he sentido menos exigente conmigo misma. Construyendo poquito a poco, día a día, según lo que veía que quería también el director y lo que me pasaba con los actores que tenía delante.

Ha sido un trabajo más del momento y simplemente he ido como quien se sube a una montaña rusa y se deja llevar. Dejándome afectar, viendo lo que funcionaba y lo que no, qué interesaba más para contar la historia, pero yo no he hecho un trabajo de composición, como sí he hecho en otras ocasiones.

Sí que, por supuesto, he visto mucho material, porque hay una escena en la obra que es una entrevista, de periodistas tanto nacionales, como autonómicas, como internacionales. Pero al final, he hecho como una especie de cóctel y luego lo he pasado por la túrmix, que soy yo, y he hecho una cosa más cercana a mí que a nadie.

Porque, en la escena de la entrevista, los códigos de lo que hace el presentador, sus gestos, sus formas de hacer… Entiendo que, al menos, hay que observarlo para saber cómo hacer.

Sí, claro. Es nuestro trabajo.

Siendo una obra de diálogos y de diálogos muy duros, entiendo que ayuda cuando trabajas con gente con la que ya tienes cierta complicidad, como en el caso de Jordi Rebellón.

Claro, yo con Jordi puedo jugar muchísimo. Y él conmigo. Hay una confianza ya implícita en la comunicación y en la relación, no tenemos más que mirarnos y sabemos. Y nos estamos divirtiendo mucho. Sobre todo ahora, que ya hemos pasado el estreno, el nosequé… Ya hemos pasado toda esa fase. Ahora que es estar y disfrutar más, la verdad es que está siendo muy placentero. Y con Joaquín también. No había trabajado con él, pero ahora ya sí. [Risas] Con Joaquín ya tengo, también, mi forma de comunicarme.

Su personaje, la periodista Silvia Galván, llega con una gran seguridad en una ética que se va minando con el paso de la obra, ¿cree que las personas en nuestros días tenemos éticas endebles, que no soportan las dificultades?

Yo no creo que vaya por ahí, fíjate. Yo creo que tiene más que ver con la facilidad que tenemos para juzgar a los demás. Es decir, mi personaje, cargado de todas las razones y siendo una mujer impecable, impoluta e intachable, llega haciendo esto. Es decir, juzgamos muy fácilmente al otro. Es que todos, yo creo que es una especie de pecado nacional: “¡Ah! El político, el periodista, el de la calle, el vecino”… Tenemos una facilidad para juzgar sin saber, la presunción de inocencia, no solamente en los juzgados sino también en la calle, yo creo que nos la saltamos a la torera, nos gusta mucho sacar el dedo. Y hay una frase, que se dice ahora, que juzgarse a uno mismo siempre implica la menor de las condenas. Entonces yo creo que Silvia pasa por un arco que, además de otros factores como defender sus creencias -que está muy bien, yo no digo que no- tiene que ver mucho con “ah, ¿pero tú no eras la juez absoluta de la verdad verdadera?”. Ah, ¿y tú qué? Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra. Yo creo que tiene mucho que ver con esto, con el sistema en el que estamos metidos todos, que es un sistema en el que es muy difícil, muy difícil, no sé tanto los valores, pero mantener la moral, la ética…

La sensación que nos queda al final es que nadie puede ser juez de nadie. No sé si en el fondo no es también una imagen de los medios de comunicación, que han perdido ese papel de juez. La gente ya no confía en ellos tanto como jueces de lo que ocurre.

Hombre, es que yo creo humildemente que los medios de comunicación no están para juzgar. Que -es que ya lo decimos como si fuera la cosa más natural del mundo- los medios de comunicación están para informar. Y sí que, claro, como periodistas pueden, y deben, expresar en ciertos espacios una opinión, pero, ¿un juicio? ¿Desde cuándo? Pero estamos acostumbrados, es natural que sea así; no sólo, insisto, en las grandes esferas -en la prensa, en la política… En la judicatura es su trabajo, pero su trabajo es el proceso judicial, no el juicio en sí, se investiga y se busca la verdad…-. ¿Pero en la calle? ¿Nosotros mismos, con el vecino? Juzgamos con mucha facilidad. Yo también, de hecho a mí la obra me ha ayudado a verlo, es muy fácil juzgar. Y se ve todo el tiempo. No hay compasión. Y no estoy hablando de ningún asunto religioso, ni cristiano, ni católico, ni budista, ni nada. Hablo de compasión, de saber mirar al otro con unas gafas un poco más limpias.

¿Juzgamos muy duro a nuestros políticos, o es que nuestros políticos son demasiado endebles?

No se puede generalizar, yo creo que hay de todo. Hay ciudadanos que juzgan muy duramente a los político, los hay que no les juzgan en absoluto.. .Digo yo, vamos, son ideas que tengo. Yo no sé nada. Igual que creo que tenemos una clase política que, en general, es cierto que la ciudadanía está decepcionada. Pero eso no significa que todos los políticos sean lo peor, ni que todos los políticos sean unos corruptos o sean unos endebles. Yo creo que es una situación generalizada de cambio, de decadencia de ciertas formas de gobernar… Y de ver el mundo también. Al fin y al cabo, los políticos están ahí para servir al ciudadano, ¿no? Es un momento de cambio muy complejo.

¿Qué tiene el teatro que nos permite tan fácilmente reflexionar sobre este tipo de temas, que igual al cine le cuesta un poco más entrar, en temas de corrupción política como este, o que nos dé para hablar de temas de corrupción política, de moral?

Ahí no estoy de acuerdo contigo, fíjate. Yo creo que hay grandes películas sobre esto , pero grandes, y muchas desde hace muchísimo tiempo. El cine se ha metido mucho con este asunto, no sólo el nuestro sino también el americano. Hombre, sí que es cierto que en el teatro son grandes textos, si quieres hay textos que hablan de esto también en Shakespeare y en grandes autores. Y eso está en el teatro, porque es cierto que el teatro cuestiona, el teatro con mayúsculas quiero decir, es cierto que es un lugar casi diríamos sagrado, donde cuando ocurre lo que idealmente debería ocurrir sí que se cuestionan grandes asuntos, grandes asuntos. Y en el cine, a veces sí y a veces no…. Y en el teatro igual, hay teatro de entretenimiento y hay teatro más profundo, y en el cine pasa igual.

Sï, pero yo me refería más a que el teatro está más pegado a lo que ocurre en la calle, a la temporalidad. Me refería más a lo concreto, no tanto a lo global. Igual en la televisión sí, pero en el cine español no estamos viendo que traten estos temas.

Es que ahora mismo no hay cine.

Además…

Yo es que realmente creo que nuestro cine tiene una gran vocación social, creo que en se han hecho grandes películas sociales, con denuncias sobre asuntos muy diversos, o de por lo menos poner un espejo, ¿no? Lo que ocurre es que ahora se está haciendo muy poco cine y en los contenidos de las películas, igual que en televisión, no se está pudiendo hablar de muchas cosas porque todo está tan tan crítico que hay que tener mucho cuidado sobre todo con que funcione; si vamos a invertir que sea así o asá, no nos metamos en mucho… Ahora mismo no hay muchas posibilidades de riesgo. Es la realidad, es como está el mercado. Entonces tal vez no es un buen momento para analizar eso porque está todo muy tembloroso.

Hablábamos antes del espectador de teatro, ¿cómo ha afectado el IVA cultural al espectador, a las obras? ¿Puede acceder a menos obras que antes?

El IVA cultural, la realidad es que la mayoría ha sido absorbido por los propios empresarios. Entonces el público también va menos (al cine, al teatro… ) porque tiene menos dinero. Pero no necesariamente el público va menos por el IVA, sino porque tiene menos dinero para pagar una entrada. Porque el IVA, si no me equivoco, lo están absorbiendo sobre todo las propìas empresas. Esto está perjudicando al empresario, que tiene cada vez menos para invertir. Es la pescadilla que se muerde la cola. Éste es sin duda un momento en que todos tenemos, y ya lo hemos hecho, que apretarnos el cinturón, bajar un poquito la cabeza y salir adelante cogidos de la mano y haciendo mucho sacrificios. Pero, dicho esto, en el caso del IVA cultural, yo creo que ha sido un error porque la cultura, como se ha dicho ya en tantas ocasiones, no puede ser un lujo. Y realmente están haciendo un daño a todo lo que tiene que ver con lo cultural y el espectador bastante grande. Yo espero que den marcha atrás en algún momento.

No sé si encima da rabia ver que los políticos de ahora se ponen a juzgar, por ejemplo Montoro hace unos días y diga que el cine español “será que no es lo suficientemente bueno”. Denota poca comprensión de lo que es el sector, no sé si lo compartes.

Yo creo que hay que pensar más en el público que en el sector. Es una reflexión muy naif mía porque yo, como actriz, intento pensar siempre en el público, porque nosotros trabajamos para el público. Y que si el cine español es bueno o malo, que lógicamente habrá de todo, pues es su opinión. ¿Que la deba expresar o no? Ya no voy a entrar ahí. Pero yo creo que lo que importa no es su opinión, ni la nuestra ni la de nadie. Aquí lo que importa es el público, el ciudadano que paga sus impuestos y que tiene derecho a tener acceso a la cultura y que ésta no sea un lujo. Y luego será el ciudadano el que elija si va a ver o no la película porque ésta es buena o es mala. Pero es el público el que tiene el derecho de tener acceso a la cultura. Claro que este señor, con todos mis respectos, es un ciudadano también y que a él le parezca que el cine es malo… Pues bueno, es su opinión.

Te preguntaba por esto en el sentido de que medir todo el cine español por los espectadores que tiene, ¿no es perderse una parte del cine español?

Bueno, yo creo que eso ya es pedir mucho, no se puede medir todo con cifras. Pero no se puede pedir tanto a personas cuyo trabajo tiene tanto que ver con los números; pedirles esa sensibilidad a mí me encantaría, pero yo creo que es un poco idealizado. Se manejan con lo que se manejan, y seguramente están tratando de hacerlo lo mejor posible, yo de verdad que no lo dudo, y a veces uno se equivoca, a veces acierta, pero el asunto es, de verdad, insisto, no perder de vista al público.

En ‘Desclasificados’ retomas un papel que es el de periodista, que has ejercido en otras ocasiones en tu carrera. No sé si lo tomabas con gusto, como un reencuentro como una parte importante de tu carrera…

Con muchísimo gusto, a mí me encanta el mundo del periodismo, me ha fascinado siempre muy particularmente la radio. Es de ese tipo de profesiones que a mí me gusta que me toque como actriz. Porque disfruto, porque es como cuando de pequeño te dicen “anda, ponte el disfraz de princesa, súbete a la torre y haz como que estás esperando a un príncipe”; pues a mí me gustaba hacer de periodista. Es de esas cosas que disfruto mucho: me gusta mucho hablar, intentar encontrar en el otro lo que hay dentro, sacar información… Y sobre todo me gusta que afortunadamente las dos periodistas que hasta ahora he podido hacer han sido dos bombones de personajes. Han sido dos regalazos.

¿Qué recuerdos guarda de ‘Periodistas’?

Fue muy bonito, fue muy divertido… Y muy duro, también lo digo, muy duro. Pero fue una oportunidad para mí enorme, lógicamente. Pero, además, esa cosa que ocurre en televisión a veces, no siempre, en la que se va escribiendo el personaje casi sobre la marcha -según lo que tú vas dando, el guionista va escribiendo, no está todo decidido desde el principio-… Pasó algo muy bonito con todos los personajes, donde hubo una comunicación sin palabras y sin apenas vernos con los guionistas, y lógicamente con la producción ejecutiva, que yo creo se perfilaron unos personajes que al público le llegaron mucho.

En el caso de ‘Periodistas’ y de ‘Hospital Central’, eran dos papeles de profesiones muy vocacionales. Se dice que las series de televisión sobre oficios provocan vocaciones ¿Se encuentra uno con muchas personas que confiesan que consideraron su vocación a partir de una actuación suya? ¿Da una sensación de responsabilidad?

Cuando estábamos haciendo ‘Periodistas’ sabíamos el efecto que estaba teniendo en la Facultad de Periodismo, y me ha pasado mucho, a mí y a mis compañeros. La semana pasada mismo, a la salida de la función me dijo una chica: “Yo estudié Periodismo por la serie”. Yo ni lo pienso, bastante tengo con pensar en lo que me toca hacer, luego las consecuencias de lo que cada uno siente con el personaje, lo que cada uno vea en el personaje… Yo espero que la serie alimentara vocaciones que ya estaban allí, porque una serie es ficción, la realidad no tiene nada que ver.

Pero entiendo que es algo que llena…

Por supuesto, porque como te digo para mí el foco del trabajo es el público. Y esto implica que se ha recibido, y se ha recibido bien.

Por lo general son personajes de mujeres con mucha fuerza, incluso este último papel en ‘Isabel’ es una mujer de armas tomar. Entiendo que te estimulan, pero no sé si en algún momento te sientes un poco encasillada…

Bueno, es una doble sensación. Por un lado el agradecimiento, yo creo que que te encasillen es bueno, en un sentido, porque tienes un sitio, tienes una casilla (risas). SI no te han encasillado… Es decir, no es bueno en el sentido de la rigidez, es decir, solo te ven así. Yo he hecho mujeres fuertes, pero diferentes. Nada tiene que ver el personaje de ‘Isabel’ con el personaje de ‘Hospital Central’, es decir, son fuertes, pues sí, porque son mujeres de hoy –bueno, el de ‘Isabel’ no exactamente-, pero son mujeres que ante los conflictos, son luchadoras más que fuertes…

No son elementos pasivos en las historias

Exacto. Pero por ejemplo, en ‘Niños robados’ que se acaba de emitir, yo he hecho todo lo contrario. He hecho una mujer, en una época, y he hecho el prototipo de la mujer de familia bien que vive para el marido y que ella no opina, ni piensa, ni decide, y que ante un hecho tan grave como el presunto robo de un niño, era mira para otro lado… Y esa no es una mujer de este tipo. En ‘Vidas pequeñas’, una película que dirigió Enrique Gabriel con Roberto Enríquez, Ángela Molina, Emilio Gutiérrez-Caba, Fran Moira, y un reparto estupendo… Yo hacía una pobre mujer que vivía en una roulotte y no podía con su vida. Evidentemente esta película no se ha visto tanto como las series de televisión…

Incluso en ‘Agosto’ eras una mujer menos fuerte…

En ‘Agosto’ yo era digamos, dentro de que tenía una gran fuerza porque era la que tiraba con esa madre y cargaba con toda la familia, no era una fuerte, luchadora, expresiva… Que es lo que más se me da. Afortunadamente de vez en cuando hago otras cosas. Tengo ganas de hacerla. Y tengo muchas ganas de hacer comedia.

¿Ah sí?

Tengo muchas ganas, sí.

De ‘Hospital Central’ o ‘Periodistas’, hasta ‘Vidas Robadas’ e ‘Isabel’, ¿cómo ha ido cambiando las series de televisión, el proceso interno? Estamos hablando de 15-20 años casi, ¿se nota mucho las diferencias en cuanto al trabajo, las restricciones…? No solo en lo económico, sino en la forma de trabajar, ¿ha avanzado la producción televisiva de ficción en España?

Hay de todo. Tampoco soy quien para analizar una cosa tan importante. Yo me he encontrado con todo tipo de situaciones. Yo he hecho ‘Crematorio’, te quiero decir, no te puedo decir que no ha avanzado. Yo creo que sí ha avanzado en el sentido de que hay más variedad, de que la industria va creciendo, de que somos cada vez más… Hay algo fértil en todo esto. Está claro que en el momento en el que estamos cada vez hay más restricciones, y esto afecta a todo: a la preproducción, al tiempo de rodaje… Hay que hacerlo todo igual, o mejor, en menos tiempo. Pero esto igual aquí, en un taller mecánico, en un restaurante o en una farmacia.

Una última cosa respecto al cine, y respecto a esa pequeña incursión que hiciste en el cine americano con “Las crónicas de Narnia”, ¿cómo fue esa experiencia? ¿Qué diferencias encontraste respecto al cine español?

Fue como si me hubieran regalado un juguete: “vete a hacer una de Disney”. Además era un personaje muy pequeño, tampoco puedo ponerme a hablar horas de eso.

Claro, como experiencia fue muy bueno que me saliera, porque claro, esta gente mira con lupa a cualquiera que hace una película con ellos, aunque sea una frase. Yo estuve cinco meses yendo y viniendo de allí… Pero fue un regalo en el sentido de tener el tiempo de preparar algo: la ropa, la preproducción… Y el rodaje, los medios, todo… Pero es que yo creo que aquí también lo tenemos, es un asunto de industria, de que Hollywood, ¿cuánto tiempo lleva Hollywood funcionando?

Y cuántas películas hacen…

Y qué hacen, cómo lo hacen. Ha sido un gusto haber participado en ello, pero yo no me suelo nublar por hacer cosas aquí o allá. A mí lo que me interesa es hacer personajes que estén al servicio de una historia que merezca la pena contarse. Y siempre, como te digo, teniendo el ojo en el público, siempre siempre. Pero fue una gozada a la que estoy muy agradecida. Un viajazo, me lo pasé fenomenal. Era un juego, era vístete de eso, haz de reina. Pues venga, perfecto.

En Mayhem tenemos una mezcla de cariño y fijación con Crematorio. ¿Cómo fue? Era una serie muy distinta, con una temática distinta, en un momento en el que Canal+ quería apostar por este tipo de productos… ¿Cómo lo viviste?

Me faltan las palabras, no me vienen. Para mí, la experiencia que tuve allí es inolvidable. Tener la sensación, como te estoy diciendo, de estar en una historia que merece ser contada, con un personaje, por un lado tan misterioso y tan en la sombra, y con esa sobriedad que caracterizó al estilo de la serie. Para mí fue un viaje hermoso, y sobre todo la humildad y el orgullo de decir –yo lo siento así—“Estuve en ‘Crematorio’ y pude vivir eso”. De la mano de Jorge Sánchez-Cabezudo y eternamente agradecida a Fernando Bovaira por haber contado conmigo, y también porque Fernando es un productor que, evidentemente, ama lo que hace. Si uno ve lo que ha hecho y cómo lo ha hecho, evidentemente tiene que ser alguien que ama lo que hace, más allá de que por supuesto tenga que saber cómo funciona esta industria y ganar dinero. Fue un encuentro de muchas personas sobre todo, que no olvidaré nunca. Ni empiezo a hablar de Pepe… Porque bueno (se emociona)

Lo iba a mencionar, pero entiendo que es algo muy emotivo…

Pepe… Me da casi pudor hablar de lo que pasa con Pepe, porque yo lo conocí solo personalmente durante ‘Crematorio’. Y teníamos un gran respeto mutuo y admiración mutua. Yo estaba un poco asustada cuando me enteré que iba a ser él. Fue tan grande estar a su lado, conocerlo personalmente, por supuesto también profesionalmente me enseñó mucho, sin pretender enseñarme nada. Y bueno, puedo decir que estuve al lado de un grande y que me tocó el brazo.

Hablando con Jorge (Sánchez-Cabezudo), le comentábamos que nos imaginábamos una continuación de ‘Crematorio’ con Silvia Bertomeu a lo Michael Corleone continuando con la saga familiar. Nos dijo que él se lo imaginaba, ¿tú te lo imaginarías?

Claro, claro que me lo imagino, ojalá, claro que sí. ¿Por qué no? Sería una de las posibilidades, tal y como quedó la historia. Ella se sienta en el despacho del padre, y se le venía todo encima. Yo me imagino que Silvia en el fondo era igual que el padre. O peor (risas)

No sé si en la actualidad seríamos capaces de tener un ‘Crematorio’

Evidentemente, no. Si no se habría hecho, digo yo.

Con ‘Crematorio’ nos dio la sensación de que Canal+ intentaba convertirse en una especie de HBO en España, ¿hay alguien que haya tomado ese papel, piensas?

Yo veo lo mismo que tú. Pero pienso que, como profesional de este gremio, es muy de agradecer que Canal+ lo intentara, es que alguien lo intentara, porque se hizo. Yo creo que una de las cosas buenas de ‘Crematorio’ es que sentó un precedente, el precedente que dice tanta gente de la profesión: “Si es que se puede hacer”. Ya está. Que luego se haya podido continuar o no… Pero eso es muy de agradecer. Canal+ realmente ahí se arriesgó, se metió, no solo con ‘Crematorio’, también la serie de Jorge Sanz. Se ha demostrado que se puede. Que ahora se pueda o no, y tal, eso ya depende de las coyunturas y los asuntos internos, y eso a mí ya se me escapa. Pero que se puede, claro que se puede. Tenemos un país lleno de grandes profesionales, y de talento.

Y de historias que contar, como la historia de la corrupción inmobiliaria en este país.

Sí, y comedias, si es que se puede hablar de muchas cosas. No tiene por qué ser todo, político, grave, grandes dramas. También hay comedias estupendas con gran calidad. Mira lo que hace HBO, puedes ver todo. Ya lo haremos. Ya llegará el día, a lo mejor me pilla a mí abuela (risas). Pero vamos, si todavía me toca algo.

‘Desclasificados’ ahora va de gira, tienes dos series emitiéndose. ¿Cuáles son tus planes a futuro, qué cosas tienes en mente?

La gira de ‘Desclasificados’ es lo más inmediato. Hay cosas ahí, pero están en el aire, como estamos todos.

¿Hay más teatro?

No, hay más series de televisión. Pero todo en el aire, realmente. Está todo muy incierto todavía, son cosas que no se sabe si se van a hacer, si lo voy a hacer yo, si no lo voy a hacer yo… No tengo ni idea. Ahora mismo, lo real, es que estoy con la gira de ‘Desclasificados’, vamos a estar en Zaragoza, Ermua, Basauri, Paterna, Villena, Alicante… Tenemos una gira que espero se prodigue y se mutiplique como los panes y los peces. Porque yo creo que es una obra que está muy bien verla, y en este momento tiene mucho sentido, y la gente la disfruta y sale como con un pequeño debate: “¿Tú te habrías puesto al lado de éste, o de la otra?”

No deja indiferente a nadie…

Yo creo que no, tampoco puedo decir porque no he hecho ningún sondeo a nadie, pero creo que no deja indiferente a nadie.

Entrevista realizada en Madrid, el 22 de octubre de 2013

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