Dinero virtual, dinero real

Uno de los momentos más divertidos de la televisión es cuando Fry, de la serie de animación Futurama, recuerda que tiene una cuenta abierta en un banco con unos pocos centavos desde hace 1.000 años, antes de que fuera congelado y despertara en el futuro. Fry decide acudir a una sucursal y la cajera le informa de que los intereses acumulados durante ese periodo le han generado una suma de 4.300 millones de dólares en su cuenta. Algo que en España no pasaría, dado que las cuotas de mantenimiento de la tarjeta y de la cuenta -y de los sueldos del consejo de administración del banco- se comerían a los intereses generados, si existieren.

Algo similar le ha pasado a un ciudadano noruego, que se ha acordado de que invirtió alrededor de 26 dólares en bitcoins, la moneda virtual de internet, allá por 2009. Con eso le alcanzó para hacerse con 5.000 BTCs, las unidades de esta divisa, pero parece que es un hombre olvidadizo que no sabe muy bien qué hace con su dinero. Si lo supiera, habría cambiado los BTCs por dinero corriente en cuanto esta moneda hubiera experimentado un auge significativo. Pero no lo hizo. Ahora, sus 26,60 dólares se han convertido en casi un millón, 885.520 dólares para ser más exactos.

Una moneda que fluctúa demasiado

El motivo por el que pocos se fían del bitcoin es que es una divisa que puede fluctuar demasiado, tal y como se demostró con la bajada de su valor tras la caída de Silk Road. Este era un servicio en el que se podían comprar sustancias ilegales, actividad que se podía sostener gracias a lo que se conoce como la “red oscura”.

Los bitcoins siempre han levantado ciertas dudas, sobre todo porque no existe un Producto Interior Bruto convencional que respalde a esta moneda como sí sucede con las divisas tradicionales que conocemos. De ahí que se sugiera que existe una burbuja en torno al BTC. Pero también se tiene miedo porque, al formar parte de un fenómeno tan nuevo, la legislación que ha de controlar la relación del bitcoin con la economía palpable está en pañales.

Lo que sí hay que reconocerle a esta moneda es que supone una alternativa a métodos de pago electrónicos en manos de multinacionales tradicionales. Aunque la sensación de seguridad sea menor, los bitcoins pueden resguardar mejor la privacidad del usuario, algo muy importante en países donde la libertad en internet está en entredicho. Además, esta divisa permite saltarse a intermediarios -ya sean empresas o políticas monetarias- algo que siempre ha estado muy de moda entre los amantes de la eficiencia.

Animo a todos los lectores a que profundicen en este tema, a que busquen y lean hasta que se cansen. El bitcoin podría ser un gran avance económico o una burbuja terrible, pero que se plantee la posibilidad de crear una moneda con la libertad de internet por bandera es ya, de por sí, un gran hito.

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Foto de portada: The money is better on the top layers… (Foto: Zach Copley)

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