¿Es ‘The Good Wife’ la serie del año?

Sólo lleva cinco episodios de esta quinta entrega y en la actual temporada series como ‘Breaking Bad’ o ‘Juego de Tronos’ han tenido merecida relevancia debido al nivelón de sus temporadas, pero lo que acaba de hacer ‘The Good Wife’ en su último capítulo emitido muy pocas veces lo han visto mis ojitos en televisión. Es osadísimo hablar de serie del año con tan pocos episodios y con una competencia tan salvaje, pero ‘The Good Wife’ demuestra que otra televisión es posible, que no está todo inventado y que no hace falta partir de un concepto estrambótico para hacer vibrar al espectador.

Leo por todas partes que este quinto episodio de la quinta temporada de ‘The Good Wife’ es fácilmente equiparable con Las lluvias de Castamere de ‘Juego de Tronos’ o con Ozymandias de ‘Breaking Bad’. Y no es para menos. Casi diría que es para más, porque no estamos muy acostumbrados a este nivel de locura en ‘The Good Wife’. Sí que podíamos esperarnos algo así de bueno, porque la serie es magnífica, pero no que la explosión de algo que lleva cociéndose durante tanto tiempo desemboque en que todos y cada uno de los personajes de la serie levanten sus cartas y nos regalen escenas que llevábamos temporadas esperando. Esa llamada de Peter Florrick a Will Gardner es un hito en la serie y se ha producido en medio de un cataclismo que ha destruido todas las relaciones personales y profesionales de la serie. Así, en 42 minutos. Y sin despeinarse.

Hay algo que me fascina siempre en ‘The Good Wife’ y es la ausencia de elipsis en los momentos de más tensión argumental. Entendemos que durante los casos sí que hay una omisión del tiempo imprescindible para poder ir siempre a los puntos álgidos de cada juicio, pero la trama serializada, la que vertebra toda la serie y conecta a todos los personajes, se muestra al espectador con transparencia, situándonos siempre por delante de los protagonistas. El capítulo anterior a éste terminaba con uno de esos cliffhangers que en otras series tanto odiamos en los que se corta una escena por la mitad, siendo esto el recurso que genera excepción. Lo valiente y tremendo en ‘The Good Wife’ es que estos cliffhangers se resuelven con maestría en el capítulo inmediato, que comienza con esa misma escena final y su continuación. Incluso los finales de temporada funcionan así, por lo que como espectadores sentimos que no nos estamos perdiendo nada, que somos testigos de todo lo que les pasa a nuestros personajes. No hay un “2 semanas después” que sirva a los guionistas para ahorrarse el trago de mantener el listón climático del cliffhanger.

La honestidad de ‘The Good Wife’ es casi tan valiosa como el ritmo frenético de sus diálogos, que en este último episodio consiguen atraparnos con la primera frase de Will Gardner y no soltarnos hasta las tres últimas palabras de Peter Florrick. Todo lo que ocurre en este episodio es  tan relevante, que cada uno de los acontecimientos podrían ser pivotes independientes para nuevas temporadas.

El cóctel de ‘The Good Wife’ ha estallado imprevisiblemente y nos ha salpicado a todos en la cara, pero los ingredientes son tan de primera clase y la explosión ha sido tan bella, que lo único que podemos hacer es rezar porque la sombra de la cancelación se esfume y podamos disfrutar de esta serie para siempre.

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