Don Jon: Narciso vence a Don Juan

Don Jon es más seria de lo que parece, incluso me atrevería a decir que más seria de lo que ella misma pretende. No hay lugar para el amor romántico en nuestro tiempo, parece decir, pesimista, cuando los mayores abanderados de la idea son personas enamoradas de sí mismas que lo que buscan es una bonita estampa- jersey de renos, gorro-rojo-borla-blanca- que enviar en navidad a envidiosos parientes. Un valiente envite del novato director al que marcó su participación en ese hit generacional llamado 500 días juntos.

La presentación en sociedad de Joseph Gordon Levitt como director es de lo más provocador que ha cruzado este año el charco hasta las salas comerciales. No sólo le toca recibir al ombligismo social en el que estamos inmersos, también atiza a la hipócrita religiosidad de misa a las nueve y blasfemia a las diez que tanta paz de espíritu regala a millones y, sobre todo, a los usos sexuales de la generación que ha crecido con el orgasmo a tres clicks de distancia. Elegid la que queráis de las tres y pensad en lo contentos que tienen que estar en Los Ángeles con lo que tiene que decir una de sus estrellas más recientes.

Toda esta farsa, en la que cada uno tiene un plan y no dudará en ejecutarlo, se sirve de un grupo de personajes bastante detestables entre los que sin embargo sólo el protagonista recibe la compasión del director en forma de múltiples oportunidades de redención. Este Denisuco de la era 2.0, que levanta pesas al ritmo que marca el padrenuestro, es un seductor nato cuya vida está consagrada a convertirse en la mercancía más apetecible para el rápido consumo del sexo opuesto en un viernes de calentón. Sólo cuando el cazador es cazado por Scarlett Johansson, que tras sus curvas esconde un afán irrefrenable de moldear el mundo a su paso como si fuera el Alfanova, Jon se dará cuenta de  que el espejo del que estaba enamorado podría ser el del callejón del Gato, aunque no hará nada al respecto hasta que Julianne Moore le meta en la bañera a meditar.

La receta, pese a todos los excitantes ingredientes con los que cuenta, termina atragantándose un poco por la temida caída a los infiernos del tercer acto, baño de realidad para tantas y tantas películas. Aquí JGL se pone conservador, tanto en maneras como en contenido, dejando de lado los interesantes caminos abiertos para entrar de lleno en la autopista de la palomita. Voz en off, musiquita, montaje ñoño y nos olvidamos de lo que hemos estado diciendo durante noventa minutos. Los amantes del happy ending más conservador aplaudirán encantados si es que no han huido de la sala durante el festival de pajas desplegado hasta el momento.

En las formas, a Joseph le pasa como en el fondo, que apunta pero no dispara. Hay muchas cosas buenas e interesantes como esa estructura cíclica que nunca se abandona o ciertos montajes videocliperos como el que abre el tráiler, pero la voluntad de hacer algo distinto en cada secuencia y de poner en práctica todo lo que sabe al mismo tiempo provoca una acumulación de trucos que perjudica la unidad de la película, que queda finalmente como un collage de curiosidades más que como una obra uniforme. Así que nos vamos con la alegría de que el joven actor tiene cosas que contar si se pone detrás de la cámara, y con la pequeña decepción de que aún no sabe muy bien cómo hacerlo. Pero bueno, con 32 años tiene tiempo.

Lo que dije de Don Jon

Joseph Gordon-Levitt (JGL para los amigos) se estrena como director y guionista en un largometraje. Es un chico guapo, famoso, inteligente y simpático que nos cae bien, así que hay que tratar de no ser muy duros con él y entrar a la sala sin demasiadas pretensiones y muchas ganas de pasarlo bien.

Se pasa bien, pero la cosa no va tanto de carcajadas como de sonrisa culpable. Pese a una estructura peculiar, no se hace pesada porque los personajes son suficientemente carismáticos como para aguantar el tirón.

Está claro que es lo que él pretende con esta representación choni de la anticomedia romántica: ser valiente pero sin volverse loco. Para ello compone un personaje egocéntrico y cínico que le pone en bandeja de plata una interpretación para lucirse derrochando testosterona.

Se vuelve más loco de lo que pensaba. Es un actor curtido en el cine independiente y eso se nota en la puesta en escena. Quizá peca de querer demostrar demasiadas cosas y en el camino pierde de vista la película que tiene entre manos. Aun así, suficiente como para seguir mirando con atención sus próximos proyectos tras las cámaras. En cuanto a su actuación, me reafirmo en lo dicho el viernes.

Julianne Moore y Tony Danza, buen trabajo garantizado, serán escuderos de lujo, pero lo que todos esperamos ver es si Scarlett Johansson consigue desenvolverse entre la finura, la sensualidad y el princesismo de barrio con tanta soltura como la que apunta el tráiler.

Moore y Danza sobresalen como secundarios robaplanos como cabía esperar, aunque también cabe destacar en este aspecto a Rob Brown y Jeremy Luke, el séquito del protagonista, que nos dan algunos de los momentos más acertados de la cinta.  Scarlett Johansson, por su parte, nos da una de cal y otra de arena con un personaje tan sexy como odioso, pero que termina siendo demasiado plano. Aunque sea una característica que comparte con la mayoría del reparto, el peso específico que Barbara tiene en la trama reclamaba un poco más de complejidad.

Espero también cierta reflexión sobre lo difícil que resulta crear lazos auténticos en la época del culto al yo más extrema que nunca antes se ha vivido, pero también ruego a Kubrick y Wilder en los cielos que no caiga en la redención facilona del protagonista. El tercer acto siempre es el más complicado en este género, porque es donde más tentador resulta recorrer los caminos ensayados con éxito una y mil veces. Así que me resigno al bajón y sólo pido que no sea para tanto.

Efectivamente, de lo más facilón y complaciente consigo mismo y con la audiencia que te pueden echar a la cara. El olor a moraleja y a todos contentos a casita que han ganado los buenos es demasiado evidente en el tramo final, pero no es tan terrible como para que salgamos de la sala con ganas de merendar cabezas de niños. pueden echar a la cara.

¿Qué gafas me llevo?

 don-jon-grafico-prejuicioso

Entonces: ¿voy a verla?

Una película tan atrevida como irregular, que se atreve a poner sobre la mesa algunos temas con los que Hollywood no se sentiría especialmente cómodo. Una apuesta interesante.

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