Estadio de petróleo

Álvaro Méndez | Falso9

He de reconocer que, desde hace poco más de tres años, he desarrollado un extraño interés por por aquellos temas que, de una u otra manera, tiene algo que ver con la madre Rusia. ¿La razón? Puede encontrarse en las magistrales clases que recibí en mi último año en la mole gris —despectivamente conocida como Facultad de Ciencias de la Información de la UCM— sobre las particularidades de los distintos sistemas informativos del mundo. O puede que sea porque parientes y buenos amigos residen dentro de los antiguos límites de la Unión Soviética. Lo que sí es cierto es que, desde entonces, su historia, su literatura y su cultura me han ido seduciendo con un romanticismo similar al que cualquier turista siente al otear San Petersburgo desde cualquiera de sus puentes sobre el río Neva.

Y, por supuesto, su fútbol, de cuyo resurgir he quedado prendado. La semana pasada pudimos echar un vistazo en algunos medios de comunicación al flamante nuevo estadio que está construyendo el Spartak de Moscú en las afueras de la extraordinaria capital rusa. Hablando en plata, no pinta nada mal el nuevo hogar en que se hospedarán viejos conocidos de la Liga como José Manuel Jurado o Tino Costa.

Con capacidad para más de 42.000 espectadores, el bautizado como Otkrytie Arena será inaugurado —si las inclemencias meteorológicas lo permiten— en verano de 2014. Por primera vez en su historia, el equipo del pueblo tendrá su propio estadio de fútbol y no tendrá que mendigar respeto balompédico desde el césped del Olímpico de Luzhniki. Ahora bien, aunque las primeras estimaciones cifraron el coste de su edificación en 100 millones de euros, los cálculos rápidamente se cuadriplicaron. ¿Cómo ha podido el club hacer frente a esta estratosférica inversión? Muy fácil. A base de rublos. Gran parte de ellos, de propiedad estatal.

Estado de las obras del nuevo estadio del Spartak en Febrero de 2013 (Fuente: Wikimedia http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Spartak_stadium_(Otkrytiye_Arena)._February_2013.jpg)

Estado de las obras del nuevo estadio del Spartak en Febrero de 2013 (Fuente: Wikimedia)

Que hoy en día Rusia es una potencia totalmente emergida ya nadie lo pone en duda. No solo por su capacidad para imponer su propia agenda a nivel internacional, sino también por el sólido despegue de su economía. Y todo ello funciona gracias a su papel como monopolista de uno de los bienes más preciados: el petróleo.

Según coinciden la mayoría de los expertos en energía, Rusia parece contar con unas reservas probadas de 60.000 millones de barriles de crudo —lo que significa algo más del 13% del total mundial— y se sitúa sólo por detrás de Arabia Saudí en cuanto a posesión del oro negro. Por si fuera poco, la producción de petróleo en los años de Vladimir Putin —incluyendo en esta etapa la Presidencia de su perrito faldero Dmitri Medvédev— no ha dejado de crecer, algo que saben muy bien la Unión Europea, China y la India.

Es precisamente en este contexto en el que entra en juego la cúpula del Spartak. No en vano, el máximo mandatario del club moscovita no es otro que el oligarca Leonid Fedun, mano derecha en la empresa LUKoil de su presidente Vagit Alekperov. Al fin y al cabo, hablar de hidrocarburos en este país es hacerlo de las dos intocables patas que sostienen todo su potencial energético: Gazprom y la anteriormente mencionada LUKoil. Mientras que la primera es la empresa estatal que se dedica a la extracción y comercialización del gas ruso, la segunda opera de forma similar con el petróleo patrio. En ambos casos, de manera absolutamente monopolística.

Así, la fortaleza económica del Spartak de Moscú reside en el mullido colchón de rublos que le ofrece LUKoil, un poderoso guardaespaldas que, a la vez, garantiza la supremacía de Rusia como potencia energética mundial. Mientras su nombre perdure en la elástica rojiblanca y en la publicidad del nuevo Otkrytie Arena, los aficionados moscovitas podrán estar seguros de que a su equipo no le faltará de nada. El Kremlin, para seguir siendo lo que es, jamás dejará que LUKoil se seque por completo.

***

Foto de portada: Maqueta del futuro estadio del Spartak de Moscú (Fuente: Anton Semionov)

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