El juego de Ender: Mejor de lo que piensas

Pocas veces desde que llevo esta sección había visto una película tan diferente de lo que esperaba. Y ha sido para bien. El juego de Ender no es la película del año, ni un peliculón, pero tampoco lo pretende. Sí es una película entretenidísima, que se pasa volando y de la que sales con un par de debates internos que no se solucionan en tres minutos. Eso, en comparación con las superproducciones de ciencia ficción que he podido ver este año, es toda una victoria.

La trama es simple: una especie de bichos marcianos estuvo a punto de invadir la tierra hace unas cuantas décadas y el envite se detuvo con un acto de mucha valentía, pero también con un poco de chiripa. Desde entonces, en la tierra hemos vivido obsesionados con estar preparados ante una nueva invasión. En el proceso, se descubre que los infantes son los más aptos para capitanear el ejército debido a su mayor facilidad para procesar y reaccionar ante situaciones complejas. Desde ese momento, la estrategia se centra en entrenar a la chavalada y hacer de ellos soldados de élite. Ender es uno de esos chavales, uno especialmente dotado y en el que se tienen puestas muchas esperanzas.

Hasta aquí el planteamiento, el pacto con el mundo imaginario que nos propone Scott Card. La historia que vamos a ver, es el proceso de entrenamiento que vive Ender en su ascenso a los escalones más altos del ejército. Si partimos de un lugar en el que la paranoia bélica ha llegado al punto en el que ni siquiera forma parte del debate que los niños sean sistemáticamente entrenados para ser militares, no debería extrañarnos lo más mínimo que “el elegido” para defender a la raza humana se forme a base de putadas perfectamente orquestadas desde la dirección del ejército.

El verdadero juego de Ender no es otra cosa que esa partida de ajedrez que se juega con la cabeza del protagonista desde el primer hasta el último minuto. Todo lo que hace, todo lo que le hacen, está perfectamente enfocado para convertirle en el mejor líder posible. Algo así como la educación de un príncipe para ser rey, pero mucho más siniestro y jodido, porque Ender a diferencia de un suertudo aspirante a monarca, no sabe que su destino ya está trazado por otros. No me digáis que no es una cosa tan chunga como maravillosa para ver en una peli.

La cosa, claro está, no podría funcionar si Ender no fuera un tipo simpático y carismático, a los diez minutos estaríamos muertos del aburrimiento. Por suerte para nosotros, Asa Butterfield está más que decente en su papel, y su personaje, dibujado a base de trazos gruesos pero eficientes, está a la altura de las expectativas que crea allí por donde pasa. Su proceso de ascenso, sin ser un manual de estudio de personaje, sí resulta creíble y, sobre todo, de contagiosa emoción.

Tampoco quiero que penséis tras leer esto que estamos ante el jodido Lawrence de Arabia. De hecho, la estructura me recuerda mucho más a Somos los mejores (ya sabéis, la del equipo de hockey de Los Patos), pero con un final anticlimático y con un guionista que el día anterior se había pasado tres horas hablando con atención al cliente de Movistar. La cosa es que funciona muy bien, y el final, aunque si eres un poco avispado te lo hueles a la legua, es bastante tuerceculos y da para un buen rato de debate en la puerta. Si las cosas fueran como tienen que ser, se harían al año unas cuantas películas como esta.

Lo que dije de El juego de Ender

Confieso que no he leído ni una línea de la saga de Orson Scott Card. La parte mala es que no conozco nada de la historia que voy a ver, y la buena que no voy a poder enfadarme con los problemas de la adaptación, que es una de las tipologías de discusión más aburridas que se pueden dar en el mundo del cine (no tiene por qué ser así, pero suelen serlo).

Fui a verla con un amigo que sí había leído la primera novela. Su impresión fue que la adaptación está conseguida, pero que más de uno se cabreará con algunos olvidos importantes. Añado que hay historias interesantes que quedan apuntadas que seguramente estén mucho más desarrolladas en el libro, pero aunque hubieran podido aportar cosas no se echan de menos en la trama.

Siendo sincero, no es una película que me atrajera demasiado. Pero si es capaz de generar tantas voces que defienden su protofascismo como los que dicen de ella que es profundamente pacifista, la cosa se pone mucho más interesante. Ya parece que por lo menos no vamos a ver solamente naves espaciales y trajecitos. Que oye, yo disfruto mucho con las naves espaciales y los trajecitos, pero si me lo acompañas con un entrenamiento de niños soldado te lo agradezco mucho más.

Entiendo perfectamente esas discusiones, porque fueron exactamente las que surgieron a la salida de la sala. La película no quiere solucionarte la vida y resolverte tus dudas morales (supongo que con la novela pasará lo mismo). Eso es seguramente lo más interesante del desenlace, que no te da respuestas y te deja debatiéndote contigo mismo.

Los efectos especiales parece que van a ser espectaculares, lo que debería ser garantía de la marca Hollywood. Pero últimamente se ven unas chapuzas de CGI que da penita verlas, así que también es de agradecer.

No os esperéis una orgía, porque más allá de planos de naves y algún viaje de un lado a otro, las cosas transcurren más en los pasillos de la nave. Ahora, las secuencias de los entrenamientos, los juegos que dan nombre a la película, son divertidísimos y muy bien coreografiados. Se echan de menos algunas partidas más.

Lo que me tiene más desconcertado es que no sé si el grueso de la peli irá más hacia el lado de la acción o del conflicto entre personajes, aunque como no veo a Ben Kingsley, Harrison Ford y Viola Davis dedicándose a repartir mambo creo que tenderemos más hacia lo segundo.

En realidad la cosa va tan echando leches que todo lo que ves parece imprescindible. Como hemos dicho, la cosa trata del desarrollo del personaje principal, y se me ocurren muy poquitas cosas que no aporten algo esencial a la trama. Los guantazos y explosiones son más bien escasos.

Como decía al principio, para mí se trata de una película de transición en una semana de transición, así que con pasar un rato simpático tendré más que suficiente. Si al final me da para una conversación sobre ética con mis amigos en la puerta del cine, las expectativas estarán más que colmadas.

Expectativas superadas con holgura. La conversación la tuve y os aseguro que vosotros la tendréis, es inevitable.

¿Qué gafas me llevo?

 juego-ender-grafico-prejuicioso

Entonces: ¿voy a verla?

Naves espaciales y reflexiones éticas en dos horas que se pasan volando. No te cambiará la vida, pero sí te arregla la tarde.

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Una respuesta a “El juego de Ender: Mejor de lo que piensas

  1. Porque no has leído el libro, que sino… sería infinitamente peor de lo que piensas.

    No lo digo porque esté bien o mal adaptado, sino porque, si en el libro encontrabas 30 cosas sugerentes, ambiguas y fascinantes, aquí no pasan de 3.

    Esquilmar riquezas y hallazgos no debería ser un talento. Y esta película no deja de ser un gran entretenimiento para niños.

    Es por llevar un poco la contraria, crítico prejuicioso.

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