Woody Allen: Diez películas, diez canciones, diez escenas, un genio.

Iba a escribir un denso análisis de la filmografía de uno de mis directores favoritos, tomando como referencia canciones de las que hoy son mis películas favoritas del director. Pero he pensado que mejor no. Igual que a Woody Allen no le agrada hablar de sus películas (ni siquiera le gustan demasiado), voy a respetarle y dejar que sus películas hablen por él, diciendo lo justo para invitaros a ver todas y cada una de ellas. Sin más, diez películas, diez canciones y diez escenas del gran Allan Stewart Königsberg.

Tranquilos, liga del spoiler, las escenas elegidas son inofensivas para vuestros intereses

Bananas (1971)

Un pringado que quiere demostrar valor a una chica acaba metido en la guerrilla de un país latinoamericano ficticio, donde va haciéndose popular hasta que se convierte en uno de los líderes.  Los gags se acumulan en esta trama de humor puro y duro, como todas las que caracterizan la primera época de Woody Allen. Rara vez le hemos visto metiéndose en arenas políticas, pero aquí abundan los dardos envenenados.

Sueños de un seductor (1972)

No suele aparecer en las listas porque no la dirigió él, sino Herbert Ross. El guión, adaptación de una obra de teatro que protagonizó unos cuantos años antes, sí que es de su autoría. Y se nota. Una versión exageradísima de Humpery Bogart en Casablanca se aparece como una especie de Pepito Grillo para salvar al protagonista de su ineptitud con las mujeres. Con un alumno como Allen, la cosa va de fracaso en fracaso para disfrute del espectador. También es la primera vez que aparece en pantalla con Diane Keaton. Aquí uno de sus fallidos intentos de ligoteo.

Annie Hall (1977)

Una de las mejores películas que he visto en mi vida, también una de las pocas que no me canso de ver. Viajes Freudianos a la infancia, subtítulos con los pensamientos de la pareja en la primera cita, viajes en el tiempo, consejos de los transeúntes por la calle, metaficción y todos los trucos que te puedas imaginar para que la cuarta pared parezca fabricada con papel de fumar. La única vez que le bañaron en Oscars (hasta le nominaron como actor) gracias a uno de los guiones más imaginativos que se han escrito nunca. La escena elegida, aunque habría decenas de opciones, se queda en la retina de cualquier estudiante de comunicación desde la primera vez que la ve.

Recuerdos (1980)

Infravalorada en su momento, es una de las joyas ocultas dentro de la filmografía del autor. Le acusaron de imitar burdamente 8 y ½ de Fellini, uno de los directores más admirados por Woody, y aunque hay mucho de eso, también se trata de una de sus películas más personales y autobiográficas. La influencia del director italiano es evidente y no se oculta en ningún momento, pero hay que estar muy ciego para no ver más allá y disfrutar con esta maravilla.

(Esta bellísima escena está casi al final, pero os aseguro que no pasa nada porque os la pongáis aunque no hayáis visto la película)

Zelig (1983)

En la pasada década se pusieron muy de moda los falsos documentales, pero en 1983 os aseguro que no era algo habitual. El formato es el ideal para contar la vida de Zelig, una persona que, con tal de agradar, se adaptaba a los que estaban a su alrededor, pero literalmente. Si se rodeaba de escoceses, en cuestión de segundos tenía falda; si estaba con médicos, al poco era uno más; aprendía lenguas al instante con tal de no sentirse excluido. En menos de hora y media, Woody Allen habla del siglo XX y de nuestros problemas de personalidad a través de este hombre camaleón. Aquí la película completa, de la que os recomiendo la primera escena para que entendáis el formato. Aunque no sé si seréis capaces de parar.

La rosa púrpura del Cairo (1985)

Una mujer se refugia de su horrible trabajo y de su marido maltratador yendo al cine continuamente. La última película que ha visto, La rosa púrpura del Cairo, le obsesiona hasta el punto que va a verla cada vez que puede. Cuando va por la quinta, el actor protagonista se da cuenta y se ve obligado a salir de la pantalla para vivir un romance con ella, mientras que el resto de los actores no saben muy bien que hacer sin un elemento clave de la trama. Una de las más bellas cartas de amor al cine que se han hecho.

Misterioso asesinato en Manhattan (1993)

La continuación moral de Annie Hall. Diane Keaton y Woody Allen llevan años casados y, deseosos de aventuras que les saquen de su monótona vida, un misterio se pone delante de sus narices. Se ponen a investigarlo como aprendices de detectives para irse viendo poco a poco metidos en medio de la trama. Además de la increíble química que tienen y el placer que supone ver a Keaton y a Allen juntos de nuevo en la pantalla, es una de las películas más divertidas de toda su filmografía. Como muestra, un botón.

Balas sobre Broadway (1994)

La primera vez que Woody Allen experimentó con otros actores para interpretar el personaje que hasta ahora había interpretado él. El honor es para John Cusack, un guionista con ínfulas en los años treinta que trata de estrenar su última obra. Cuesta conseguir financiación, pero al final llega de la mano de la mafia, bajo la condición de dar un papel estelar a la novia de uno de los capos de la ciudad. Los más avispados habréis visto ya la metáfora con Hollywood en que es uno de los guiones más ácidos de Allen. Aunque lo mejor sin duda es como Cusack encuentra consejo del lugar más inesperado. Vedlo vosotros mismos.

Desmontando a Harry (1997)

Harry es seguramente el protagonista más genuinamente odioso de todos los que ha creado el neoyorkino. Un escritor de éxito egoísta y sin pudor al que todos sus conocidos odian por su afición a escribir sobre ellos sin disimulo. Desmontando a Harry es un estudio del personaje desde todos los ángulos posibles, incluyendo el infierno, su familia y sus propios personajes. Woody Allen estaba cabreado cuando la escribió, pero seguramente no haya hecho nada tan creativo desde entonces.

Match Point (2005)

La película que inauguró su travesía por Europa y su ciclo con Scarlett Johansson como musa. La primera, por desgracia, también sea seguramente la mejor de esta época con permiso de Midnight in Paris. Woody Allen no ha hecho muchos dramas, y cuando los ha hecho no ha tenido demasiado éxito. En este caso, sin embargo, consiguió ponernos a casi todos de acuerdo en que se trataba de uno de sus mejores trabajos. A mí me marcó tanto que a la salida me compré un cuaderno y escribí seguramente la primera crítica de cine de mi vida. No sé en qué lado de la red cayó esa pelotita, pero aquí estamos.

Foto de portada: Retrato de Woody Allen en un muro (Eric Weisser)

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