Estrenos 22 de noviembre

La película de la semana: Los juegos del hambre: En llamas

La temporada de blockbusters navideños de dimensiones desproporcionadas se abre con la segunda parte de Los juegos del hambre, que llega como el abusón del colegio con más del triple de copias que su inmediata perseguidora (Plan en Las Vegas). Salvo si eres de Madrid, Barcelona o alguna ciudad mediana con alguna sala un poco independiente, tendrás lentejas en tu cartelera en forma de relato distópico para masas. ¿Un avance respecto a Crepúsculo? Desde luego. Así que por una semana no nos vamos a quejar de que el público objetivo de casi cualquier superproducción americana todavía no tenga pelos en los sobacos.

Predicciones infundadas

La primera parte resultó ser sorprendentemente entretenida, así que tenemos que esperar al menos lo mismo de la nueva entrega. Además, por lo que parece empezarán a llegar las previsibles tormentas sociales en la dictadura del espectáculo que ostenta el poder político y económico en esa sociedad, con lo que podemos aventurar también algo más de acción en los aledaños del estadio (entendiendo el estadio como los juegos propiamente dichos).

Dos defectos ensombrecían la primera entrega, y albergo pocas esperanzas de mejoría en este sentido. Por un lado, la excesiva duración era completamente innecesaria para lo que se tenía que contar; por otro, en un planteamiento tan chulo e hijoputesco como el de los juegos (matarse unos a otros) las dilemas morales a los que se enfrentaba la protagonista estaban muy lejos de sacar todo el jugo que se podría haber exprimido de ellos.

De todas formas, Jenniffer Lawrence es una garantía en una saga con muchísimo muchísimo más nivel que las películas que han ocupado puestos de similar importancia en los últimos años, con lo que espero un buen rato sin demasiadas pretensiones.

El momento clave

El maquillaje y el vestuario son lo requetemás.

¿Por qué ir a verla?

Es tu obligación como miembro de la sociedad de masas a la que nadie te preguntó si querías pertenecer.

Plan en Las Vegas

Si la semana pasada hablábamos (mal) de lo último de Robert de Niro, sólo siete días después nos lo volvemos a encontrar en este “Resacón en el geriátrico” como parte de un póker de actores que vivieron tiempos mejores. Prepárense para chascarrillos sobre pérdidas de orina, sordera, falta de agilidad y reflejos, problemas de erección y una completa colección con la que causaréis furor en las próximas navidades con vuestros parientes más veteranos. Las salas se llenarán pase tras pase en una muestra más de la decadencia de nuestra civilización. Sólo en el tráiler hay dos chistes que consisten en abrir el plano para encontrarse con un contexto “sorprendente e hilarante” ¿Cuántos encontraremos en dos horas? Ya me lo contáis.

El momento clave

El otro día viendo Blue Jasmine pusieron el tráiler. El chiste de “todo me da vueltas” fue recibido con una carcajada general del público. Que tengamos la alcaldesa que tenemos (soy de Madrid), de repente tuvo muchísimo más sentido.

¿Por qué ir a verla?

Porque tienes ciento cuarenta y seis años y ningún aprecio por el séptimo arte. O porque disfrutas con las últimas películas protagonizadas por Robert de Niro, que viene a ser la misma cosa.

Una familia de Tokio

Una de las grandes miserias cinematográficas de mi vida es que no he visto Cuentos de Tokio. Para los que no lo sepan, que seréis pocos, se trata de una película de Yasujiro Ozu estrenada en 1953 y a la que se suele considerar una de las grandes obras maestras de la historia del cine. Sé que esta confesión terminará con el poco crédito que atesoraba para hablar de cine y que alguien me tomara en serio, pero tenía que dar una razón por la que no puedo/debo ir a ver este remake libre y actualizado del que todo el mundo está hablando maravillas. No me queda más remedio que ponerme las pilas y remediarlo para que esta sección no se convierta en un páramo, además de poder ver Una familia de Tokio.

El momento clave

Los americanos son muy dados a crear tráilers mudos cuando promocionan películas extranjeras, supongo que con la esperanza de que su público sea un ejército de lerdos que no se den cuenta de que van a tener que leer subtítulos. Aquí, sea esa la intención o pura casualidad, tenemos un ejemplo de lo mismo.

¿Por qué ir a verla?

Tenéis que verla si sois mejores cinéfagos que yo y sí habéis visto la original, o si nunca la verás porque el blanco y negro os provoca dermatitis aguda.

Metro Manila

Un autor como Sean Ellis exige al espectador cierta paciencia con sus ataques de director, pero si cedes puedes ser recompensado con una atmósfera de una belleza espectacular e imágenes apabullantes. Premiada por el público en Sundance (no sé si eso es bueno o malo), sólo  ver el tráiler sirve como garantía de que lo que vamos a ver cumplirá con lo apuntado anteriormente. Ahora, que a la vez podemos estar ante un coñazo del tamaño de un camión no es una posibilidad que debiéramos desechar a la ligera. El riesgo existe, pero la recompensa lo puede valer.

El momento clave

Manila parece un lugar increíble.

¿Por qué ir a verla?

Porque si resulta ser buena, podrás ganar muchos puntos en tu círculo de amigos al recomendársela.

Heli

Con el respaldo que supone el premio a la mejor dirección y un aroma a western sucio de esos en los que los silencios se te clavan y la boca te sabe a tierra, nos encontramos con la nueva obra de Amat Escalante, que te promete ya desde su tráiler que no vas a salir de la sala con la misma cara con la que entraste. Puñetazo en el ojo y nada de medias tintas, porque la vida en estas vastas zonas de México gobernadas por el narcotráfico y en las que se mama violencia no puede ser tratada de otra forma si se pretende despertar al espectador. No se repetirá aquí el debate que ha generado en su país, porque casi nadie se enterará de que existe. Como los personajes que retrata.

El momento clave

Pila de cuerpos ardiendo. Si entras, sabes a lo que vas.

¿Por qué ir a verla?

Si tienes el estómago que hace falta, merecerá la pena.

Completan los estrenos La por (El miedo), Una esvástica sobre el Bidasoa, Camille Claudel, 1915, Mount St. Elias y Temporal.

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