Waddle’s Monkeys

Sergio Menéndez | Falso9

Parece que fue ayer cuando los vecinos Alex Turner y Jamie Cook, cansados de que las bajas temperaturas de la fabril ciudad de Sheffield -las mismas calles que Robert Carlyle en su papel del fracasado Gaz Schofield colocó en el mapa cinematográfico junto a sus cinco compañeros de la oficina de empleo al ritmo del You Sexy Thing de Hot Chocolate gracias a Full Monty– les chafasen cualquier plan al aire libre que tuviese lugar una vez llegado el otoño , tomaron la determinación en 2001 de pedir por Navidades sendas guitarras con el objetivo de sacar algún provecho a las horas de confinamiento y arresto domiciliario.

No tardó mucho en aflorar el talento y las ganas de seguir tocando en los muchachos, que rápidamente quisieron ampliar sus horizontes y dar conocer al mundo los acordes que tanto tiempo se habían pasado ensayando, cada uno por su cuenta. De este modo, la pareja se  puso en contacto con un par de alumnos del instituto Stocksbridge, donde Turner cursaba sus estudios, en busca de un bajo y un batería que terminasen de organizarlos como banda. Reclutados Andy Nicholson y el hiperactivo Matt Helders para sus respectivos puestos, sólo quedaba elegir un nombre y prepararse a triunfar. Así fue como el suburbio de High School en Sheffield vio nacer en 2002 a los Arctic Monkeys.

Desde entonces y hasta ahora, en el transcurso de los más de diez años que lleva la formación en activo, la legión de fans que lo catapultó a la fama contra la propia voluntad de sus integrantes al colgar en Internet varias maquetas con sus primeros trabajos en una iniciativa que desafió las leyes de la promoción musical a escala internacional y sacudió los charts del Reino Unido, ha crecido en número y variedad. Gracias a su constante evolución, lo que comenzó siendo una banda de rock alternativa ha devenido con el tiempo en un auténtico fenómeno de masas; antaño, hipsters, el grupo donde Nick O’Malley ocupa hoy el lugar de Nicholson ha ido sufriendo en su trayectoria un progresivo trasvase hacia el oscuro lado mainstream. Incluso el fútbol tiene ahora cierta cabida en los conciertos.

“Chris Waddle plectrum’s have arrived”. Con este comentario anunciaban los Arctic Monkeys en su cuenta oficial de Twitter el pasado mes de marzo la recepción de un encargo de púas nuevas. No se trataban, sin embargo, de un modelo cualquiera. En colores blanco y azul, con el dorsal número ocho en un lado y el rostro de Chris Waddle al otro, la banda rendía de esta forma un humilde homenaje al mítico futbolista británico en sus actuaciones sucesivas. Un tributo ni mucho menos casual.

Nacido en el condado de Tyne and Wear perteneciente al distrito de Gateshead, el mismo que vio dar las primeras patadas al balón de su amigo Paul Gascoigne, fue precisamente el Newcastle el club que le dio a Chris Waddle la oportunidad de debutar como profesional abandonar su trabajo como empleado en una planta de procesamiento de salchichas. Tras cinco temporadas en St James Park,  Weddle fue traspasado al Tottenham, disciplina para la que jugó un total de cuatro temporadas hasta que decidió cruzar el canal de la Mancha y recalar en el fútbol galo de la mano del Olympique de Marsella después de que Bernard Tapie, el excéntrico presidente de la institución, desembolsara en 1989  la friolera de 4,5 millones de libras.

Pese a integrar la plantilla que besó la lona frente al Estrella Roja de Belgrado de en la final de la Copa de Europa celebrada dos años después de su llegada al Vélodrome, lo cierto es que Chris logró formar junto a los Éric Cantoná, Didier Deschamps o Jean-Pierre Papin un equipo de auténtico ensueño. Y fue también en Marsella donde supo ganarse a base de desparpajo y buena humor la amistad de su intimidatorio colega de vestuario Basile Boli, el hombre con el que años más tarde, cuando ambos se hallaban ya retirados del ejercicio balompédico, Weddle decidió grabar el que sería su segundo disco tras el publicado varios años antes a dúo con su compatriota y también ex futbolista Glen Hoddle.

Un hecho anécdótico, quizás, en la biografía de este jugador reconvertido de forma eventual a cantante que, sin embargo, podría suponer la razón de que los Arctic Monkeys haya decidido conferirle cierta cuota de protagonismo en sus punteos. Recemos por que la cosa se quede en las cuerdas y el tributo no pase a mayores porque podría significar la perdición de la banda ¿Quién sabe lo que puede pasar si a Turner y los suyos se les ocurre, de cara a la publicación de su próximo álbum, copiar el look de Weddle? No hay legión de fans, por incondicional que resulte, capaz de competir en su fe con los estragos de una mullet.

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Foto de portada: Púas de Chris Waddle de los Arctic Monkeys (Foto: Twitter Arctic Monkeys)

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