Entrevista completa a José Luis Arellano y David Peralto (La Joven Compañía)

Retratos: La Joven Compañía: una iniciativa del pueblo para cuidar de sí mismo

Ayer fue el día del estreno de la función para los institutos. Creo que fue algo accidentado, por la presencia de la Reina en el Conde Duque y el protocolo de seguridad que existe en estas situaciones. ¿Cómo llevó la compañía, siendo tan jóvenes sus miembros, adaptarse a esta situación en un día como el del estreno, en el que siempre se pide que todo esté en su sitio y que se altere a la gente lo menos posible?

José Luis Arellano: En realidad el estreno es el jueves 14 a las ocho de la tarde, este era el estreno para los institutos. Sí que era la primera función. Pero fue bien, no pasó nada. Simplemente, los perros entran y demás. Los chicos se quedaron un poco así porque era su primera experiencia con el mundo de la seguridad real, pero yo creo que no pasó nada. Lo único, el contratiempo de la segunda función (de las dos funciones previstas para ese día, solo pudo llevarse a cabo una).

David Peralto: De hecho, el protocolo de la Casa Real flexibilizó mucho la cosa.

JLA: Fueron muy amables.

DP: Dejaron que se saliera a las once, y entonces fue cuando empezaron a pasar los perros.

JLA: Yo ya he vivido varios protocolos de la Casa Real y ellos ya están muy acostumbrados. La verdad es que es una gente amable, que te facilita bastante el asunto. No es por ser buenista, pero al César lo que es del César. [Risas]

El proyecto de La Joven Compañía se basa en unos precedentes británicos. ¿Cómo son esas experiencias y cuándo surgen?

DP: Los ingleses empezaron a trabajar el formato de compañía joven -entendiéndolo como profesionales del circuito nacional teatral que vuelcan su trabajo sobre jóvenes en formación- hace más de setenta años. El resultado: hay ejemplos como el National Youth Theatre, compañías jóvenes con este mismo formato en el Lyrics Hammersmith… Son muy conocidos, llevan muchísimo tiempo funcionando y consiguen crear tejido cultural juvenil, que es de lo que se trata en este caso. Por eso la gente te dice: “cuando vas a Londres está el teatro lleno de gente joven. Es que ellos lo llevan en la sangre”. En la sangre llevan lo mismo que nosotros. Lo que tienen es una educación con respecto a esto de otra manera.

Muy inspirados en esa filosofía, de volcar el trabajo de una dirección artística profesional sobre gente joven en formación, empezamos nosotros a hacer experimentos hace unos trece años, provocando la creación de compañías en institutos de enseñanza media y después haciendo nosotros mismos compañías con chavales amateurs, hasta que hemos llegado a este paso de una compañía joven que tiene un formato nuevo. Es la primera vez en la que todos los jóvenes tienen como requisito querer dedicarse profesionalmente a esto y estar adquiriendo formación específica para ello. En todas las secciones, no solo los actores. En comunicación, donde están Aitor y Pedro, en figurinismo y escenografía, donde también hay dos chicas, en música, en producción… Y, en todos los casos, intentamos que haya un profesional del circuito nacional que los tutele, que los vaya formando en el aprendizaje de toda la vida.

El resultado final es una compañía que es lo más cercana posible a esa horquilla de edad de entre los 12 y los 18 años, que es la que verdaderamente nos preocupa. Porque creemos que es a esa edad en la que se produce esa desafección en España entre los jóvenes y la cultura. Porque el niño todavía va al hecho cultural acompañado de sus padres, al espectáculo familiar. Pero una vez que el niño se mueve solo, ya no va, porque ya no lo lleva nadie. Y la realidad es que no hay una gran oferta de calidad específica que piense en ese público. Ha habido iniciativas puntuales muy interesantes, pero no de una manera continuada y, sobre todo, apoyándose en el cuerpo de profesores de secundaria. Esto no se va a conseguir si no conseguimos reunir a los profesionales de las artes escénicas y a los profesionales de la docencia. Siendo muy fácil reunirlos, porque están todos muy preocupados. La desafección que existe actualmente entre los jóvenes y la cultura ya es tan grande que es abismal, y empieza a preocuparnos el futuro del país como tal, teniendo una desafección por la cultura tan grandísima.

La prueba de lo preocupada que está la gente es la participación que ha habido en la asociación que hemos creado, Jóvenes al teatro, que yo presido y en la que como socios de honor tenemos a directores como Gerardo Vera y José María Mestres, a actrices como Ariadna Gil y Teresa Lozano y apoyando el proyecto a empresarios como Eduardo Rivera, un diseñador de moda que nos ha cedido una nave industrial de su propiedad, para que construyamos la sala de ensayos y tengamos allí nuestra sede. Mucha gente está muy preocupada con la falta de posibilidades laborales de esta generación de unos veinte años, por un lado,  y por otro por la desafección y el abandono respecto a las iniciativas culturales para esos chicos de entre doce y quince años.

JLA: Respecto a ese germen, nosotros empezamos a lo loco, no sabíamos que existían jóvenes compañías. Hace diez o doce años, como decía David, en esa confluencia un poco loca de gente, no sabíamos que esto ya existía en otros sitios. Pensábamos que éramos los únicos a los que se nos había ocurrido hacer esto. Y sin embargo, luego encontramos que nuestra idea no era tan descabellada, que los ingleses lo habían hecho hacía mil años y sí, empezamos a inspirarnos en ciertas cosas que ellos ya habían encontrado y que nos facilitaban el camino. Aunque es verdad que había que adaptarlo a idiosincrasia del país, de la ciudad… Nos encontramos por el camino por ellos y fue un encuentro maravilloso, conocerlos y conocer todo su trabajo.

La compañía se nutre de actores y otros profesionales en formación. Contadme un poco qué supone para ellos formar parte de esta compañía y de qué modo complementa a los estudios que están realizando en sus escuelas.

JLA: Yo espero que les sirva y que para ellos sea útil. Estoy convencido de que sí. Todos hemos estudiado en una escuela y yo no estoy en contra de ellas, al contrario, me parecen estupendas y creo que también tiene que existir ese tipo de formación. Pero es cierto que, al final, el profesional se forma en el teatro. Por eso, los ingleses tienen unos profesionales, aunque también aquí los hay maravillosos, muy jóvenes y con mucho empuje y mucho gancho desde edades muy incipientes. Eso es, al final, porque también existe la experiencia en el espacio escénico. Al final, el actor, el dramaturgo, el director, el iluminador, todos los profesionales se hacen en el teatro.

El teatro es una cuestión muy viva, casi de ritual religioso. Nace en un lugar muy complicado como es la Antigua Grecia e incluso anteriormente, cuando ya había representaciones hacia un público para concentrar todas las energías positivas y negativas de las sociedades. Y es una profesión que se aprende, desde luego, en el espacio, en el escenario. Me parecía que esta forma de entender el teatro desde la práctica era interesante para el actor y para el resto de profesionales, que luego saldrán de aquí y estarán copando nuestros teatros, espero.

DP: Además, los alumnos de la RESAD, por poner su ejemplo, donde la mitad de los actores de la compañía están estudiando, tienen prácticas obligatorias que hacer. Muchos de los chicos están haciendo sus prácticas de la RESAD con nosotros.

Respecto a vuestro trabajo dentro de la compañía. ¿Qué características propias tiene trabajar con una compañía joven respecto a una profesional o más adulta? ¿Hasta qué punto exige una labor pedagógica?

JLA: Yo los he tratado como trato a los profesionales en mi trabajo convencional en los teatros. No ha habido ninguna diferencia. Cuando tú te encuentras con profesionales, hay que atajarlos por algún sitio. Tienes que montar el andamiaje de la obra de teatro y las puertas de acceso a las funciones desde algún lugar y, con esta gente, desde otro. Pero, en mi caso, es como si fueran profesionales. No ha habido ningún distingo, para nada. Al final, el actor es un personaje en crecimiento, uno está en un sitio y tú le coges desde ese sitio y trabajas con él. Estos chavales están en un sitio y he trabajado con ellos. Punto.

DP: A mí me parece que, el hecho de que su generación tenga un horizonte tan desdibujado y una desesperanza tan grande encima, hace el proyecto especialmente emocionante. Porque vives con ellos su primera experiencia en cuanto a la ilusión de qué significa vivir con un proyecto. Que todos sabemos que es maravilloso. No estoy pensando tanto en los actores como en el resto de las secciones, insisto. Porque lo que tiene esta compañía, como el resto, es que los actores son la parte más visible, pero es que hay tantos y más jóvenes en el resto de las secciones. Y, de repente, ves la pasión con la que abrazan un proyecto y la ilusión con la que se dejan meter en un horizonte, en un objetivo, en un trabajar por un algo, y es impresionante.

¿Cómo estáis viendo el nivel de formación con el que vienen los jóvenes que participan en la compañía, tanto los actores como en el resto de secciones?

JLA: Muy bueno. Para mí, lo más interesante es que vienen con un nivel emocional y con una energía bastante interesante. Es verdad que nosotros, desde nuestras posiciones, algunas veces no conectas, por mucho que queramos ser muy jóvenes y decir “anda, qué bien”, con las generaciones anteriores. Aunque, en nuestro caso son muy cercanas. [Risas] Pero tienes la imagen de cómo eras tú como joven, y entiendes que es así. Que tienen la misma energía que tienes tú. Tú a lo mejor tienes un poquito más de sabiduría -otros no la tenemos-, pero tienen la misma energía que tenías tú cuando tenías diecinueve años y eso es realmente lo valioso. Lo que hayan aprendido en el camino, al final, es superfluo, porque el camino es muy largo o es muy corto y uno aprende muchas cosas. Pero, la energía vital que tienen de contar cosas, de decir, de expresarse, de salir del tedio diario, de la desesperanza, y de toda una serie de cosas que parece que nos están acechando en esta sociedad europea, no solo ya española, esa energía tan del cambio es brutal. Y yo creo que vienen todos con esa misma idea, vengan de donde vengan, con una formación mayor o menor, que suele ser muy interesante. Sobre todo es ese impulso de decir, existimos.

DP: Y la transmisión de ese impulso. El efecto multiplicador del proyecto es una de las cosas más grandes que tiene. Ten en cuenta que es fácil que este Fuenteovejuna lo vayan a ver unos cuatro mil jóvenes. Multiplica eso por las otras dos obras. Como mínimo, van a ver a gente de su propia generación peleando con ilusión y con pasión por un sueño. Eso, extrapolarlo a que quieran ser ingenieros o abogados y lo consigan… Yo sé que nosotros incidimos en la autoestima de los chavales más jóvenes con este proyecto. Lo sé porque lo he visto. Y sé que se modifica el tejido cultural juvenil y que se incide en el germen fundamental del fracaso y del abandono escolar, que es la falta autoestima. El chaval imita, envidia y anhela el tener esa ilusión y vivir con esa felicidad que ve y persigue eso. Y lo persigue igual que estos han perseguido las artes escénicas, porque es lo que les gusta.

Yo no creo que nosotros produzcamos con este ejemplo más artistas de los que normalmente se producen, pero sí creo que producimos más gente capaz de perseguir su pasión. Y en ese sentido, creo que estamos incidiendo en la autoestima de los chavales más jovencitos, que es una de las cosas que  son el objeto final de la plataforma Jóvenes al Teatro. El primer ciclo de la ESO, tercero y cuarto, de doce a quince años, ese público es vital para la salud física, mental y social de un país.

Atraer a esos jóvenes al teatro y que ese acontecimiento, como os he leído en alguna entrevista, se convierta en un hecho que realmente marque a los espectadores, es un objetivo ambicioso, desde luego.

DP: Todos encerramos o tenemos o conservamos ese recuerdo de aquella función, aquel concierto, aquella ópera, aquella obra de teatro, aquel primer patio de butacas que te impactó.

JLA: Está claro.

DP: Para nosotros, el objetivo inalcanzable, pero ideal sería, aunque utópico, que esto fuera para la totalidad de los chavales esa primera experiencia. Ojalá lo seamos esa para muchísimos. Porque eso sería lo que más felices nos haría.

JLA: En mí caso sí que ocurrió y sé de muchos casos que también fue así. Cuando yo tenía doce años, mi profe, como supongo que igual que a todo el mundo, me llevó a ver una obra de teatro. La primera que yo vi ya en una cierta adolescencia. Y a mí me pegó un hostión en la cabeza. Por culpa de esa profesora, a la que recuerdo, quiero y siempre adoraré, yo me dedico a esto. En mi caso fue en el Centro Dramático Nacional y, cuando entré a trabajar en el CDN, equis años después -muy pocos [risas]-, fui a la silla donde yo recordaba que había estado sentado con doce años. Me senté y pensé “hostia, cómo es la vida de maravillosa. Cómo funciona la vida, cómo funcionan las cosas”. Para nosotros, sería increíble que a algunos de estos chavales les pasara lo mismo, a los que se vayan y a los que no se vayan a dedicar a esto.

DP: Porque es una manera de hacerles ver que la cultura no es un lujo, porque no lo es.

JLA: Es una necesidad.

DP: Es una necesidad social. No hay futuro si creemos que la cultura es un lujo.

JLA: No hay futuro sin cultura. La cultura no son joyas, con respeto a los joyeros.

Hablando de la salud cultural de un país. Más allá de todo el tema del IVA cultural y el resto de dificultades que está sufriendo el sector, un proceso que se está produciendo es el de una cierta emigración cultural, como en el resto de ámbitos de fuga de cerebros. Vosotros, que habéis trabajado en EE UU, por ejemplo, ¿cómo valoráis este proceso de que la gente, ante la falta de oportunidades aquí, esté marchándose fuera?

JLA: Esto, como siempre, tiene un doble haz. A mí me parece genial que la gente se vaya y vea otros mundos, eso me parece estupendísimo. Porque los que se van es porque tienen oportunidades fuera. Pero me parece muy triste los que no tienen oportunidades ni fuera ni dentro, que hay un montón. Y yo no quiero dar ninguna consigna negativa de la vida, ni del teatro, pero es verdad, no es una situación buena. Y hay muchísimos profesionales en el paro, no sé si es el objeto de esta conversación.

Hay alguno que se va, pero los que se van son los que pueden. Pero los que se quedan aquí y no tienen para comer todos los días, y hace dos días tenían, son los que duelen en el corazón. Hace dos días había muchísimas empresas, muchísimos productores de teatro, al igual que en el mundo audiovisual, y tampoco es que vayamos a echarle la culpa al mundo, pero está ocurriendo lo que está ocurriendo. Hay una desafección, no solo social, sino también política de lo que es la cultura. Cuando la cultura es una necesidad, es el alimento del alma. No es nada que dijera ningún filósofo, el acceso libre a la cultura está en los Derechos Humanos.

Y respecto a esa falta de esperanza en los jóvenes, ¿cómo se palpa esa falta de ilusiones en los jóvenes en relación con la cultura, en las dos vertientes que vosotros tocáis, tanto en la gente que forma parte de la compañía, como en la que viene a veros?

JLA: Pues como un hálito de libertad. En cuanto se enganchan a algo que tiene una energía que va hacia adelante, es maravilloso. El caso es dar oportunidades, abrir puertas.

DP: Yo creo que una generación como la mía tiene una visión la generación de los veinte años como una gente que tenéis un nivel de alcohol en sangre muy considerable y que la productividad máxima que manejáis es la de organizar una buena fiesta. Fíjate que en algunas funciones de la tarde, ya con un público más general, a veces hacemos coloquio, y es interesante ver la reacción de la gente más mayor, jubilados incluidos, que ven cómo es una generación productiva como cualquier otra, con un discurso cultural y social como cualquier generación. Lo que duele es la falta de oportunidades. Yo quizá termino perdiendo la realidad objetiva, pero como vivimos siempre rodeados de un proyecto tan grande, en el que vemos a los jóvenes ya por miles, a lo mejor estamos desenfocados, pero qué bien estar desenfocados.

Volviendo al tema de la emigración cultural, comentabais la vertiente laboral y los problemas que eso está creando en el sector pero, ¿hasta a qué punto afecta a la salud cultural del país que esa gente, que en muchos casos será muy valiosa, no esté trabajando aquí?

JLA: Yo creo que, igual que siempre es interesante que un artista vaya a otro sitio y cuente una historia desde el punto de vista que sea, y eso le va a repercutir, que los artistas de nuestros entornos, de nuestras comunidades y de nuestras sociedades no nos cuenten nuestras historias, hombre, eso es triste. Es terrible que no podamos ver y contar nuestra historia porque los que tienen que contarla se van. No es nada bueno. Por eso creo que un proyecto como este es maravilloso. Que la gente joven pueda tomar el testigo y empezar a contar nuestra historia. Sí se van, no la van a contar. Van a contar la del país donde estén, evidentemente, o la historia  del emigrante… Un señor que se va a montar una obra de teatro o una película a EE UU, va a contar la pelota desde EE UU, no la va a contar desde aquí, porque no está. Y esto es triste. Ya perdimos en su época a alguien como Buñuel. O ganamos, porque lo ganó el Universo, pero tardó bastante en contar nuestra historia.

Y vosotros, que habéis estado en otros sitios trabajando, ¿por qué decidís volver, cuando posiblemente tendríais opciones de estar en otros sitios donde las perspectivas fueran mejores?

JLA: Yo creo que la gente de la cultura, y del teatro en concreto, tenemos una cosa bastante compleja que es el corazón. Y funcionamos, por desgracia, muchas veces por las emociones. Nos vinimos aquí básicamente por lo emocional. Este proyecto a mí, a David y a todos los profesionales que tenemos alrededor nos impulsaba emocionalmente a quedarnos. Es verdad que algunas veces uno piensa: “con lo a gusto que estaría yo en Estrasburgo”, pero nuestro corazón está aquí, por desgracia o por fortuna. Y quiero mirar por las mañanas a los chavales o a los profesionales que tengo a mi alrededor, a la gente que tengo a mi alrededor, y encontrar una empatía sociocultural con ellos.

Cuando hemos estado fuera, la experiencia ha sido maravillosa, completamente distinta, pero uno se levanta y se encuentra la mirada de otra gente. Una gente con la que no has nacido y con la que no has aprendido a decir te quiero. Eso marca. No quiere decir que no enriquezca. Yo, las veces que he trabajado fuera considero que he crecido un infinito, pero es verdad que a veces no encuentras esa conexión del decir te quiero o te odio, que es la conexión que uno encuentra con la gente con la que se levanta todos los días y con la que se encuentra en el chino o en el supermercado. No la encuentra. Y aquí sí. Yo creo que ha sido una cuestión más emocional que otra cosa. Al menos, por mi parte.

DP: Sí, y además el planteamiento de que un proyecto juvenil en la frontera entre la docencia y el arte es un género menor, a mí no me parece así. A mí me parece que cualquier proyecto que hagamos en el extranjero es muy importante, puedes tener más medios o lo que tú quieras, pero no son proyectos más importantes que este, ni más grandes. A mí me parece que estamos donde tenemos el proyecto más grande y más importante y más necesario, que es aquí.

JLA: También es verdad, aparte de lo emocional. Mira que hemos hecho cosas, pero yo reconozco que de lo más importante que he hecho en mi vida ha sido esto. El trabajar con gente joven. Muchas veces digo que es darles una oportunidad a ellos, pero yo creo que es darme una oportunidad a mí mismo, porque muchas veces soporto el tedio de nuestras vidas gracias a la energía que ellos le ponen.

Sobre vuestra experiencia en EEUU, ¿qué diferencia habéis notado de la visión que hay de la cultura allí y aquí, en Europa?

DP: Pues desde el punto de vista fiscal, social…

JLA: Yo creo que desde el punto de vista social, al final todo el mundo necesita la cultura para sobrevivir. Necesita ver que lo que les pasa a ellos esté encima de un sitio para poder hacer eso que se llama la catarsis. Aparte del puro entretenimiento que supone la cultura. Yo creo que la necesidad es la misma, lo que es verdad es que el acceso en determinados países es más sencillo, para qué nos vamos a engañar. Por mucho que haya empresas privadas, o que Estados Unidos sea un país muy mercantilista -o por lo menos la idea que tenemos todos de compra y venta rápida-, es verdad que el acceso a la cultura tiene otro cuidado.

Por eso, yo creo que el mensaje de Lope de Vega en Fuenteovejuna, de “pobre del pueblo que de sí no cuida”, es absolutamente maravilloso y vital. Y yo creo que nosotros, los españoles, muchas veces no nos hemos cuidado y por eso, en muchos casos, nos va como nos va. Otras sociedades se cuidan de otra forma y de otra forma les luce el pelo. Pero, en los individuos, yo no veo una diferencia sustancial. Veo a gente de la tercera edad americana que accede al teatro hecho por jóvenes de la misma forma que veo a los señores y las señoras de Madrid que acceden por primera vez al teatro hecho por jóvenes. Veo el mismo entusiasmo, el mismo asombro, la misma franqueza y la misma felicidad. Lo que pasa es que allí tienen el acceso más sencillo, porque hay cincuenta mil compañías, mientras que aquí no tenemos muchas.

DP: Creo que un proyecto como este es una iniciativa del pueblo para cuidar de sí mismo.

¿Cómo se consigue hacer viable económicamente un proyecto como este en estos momentos y con estas dificultades?

DP: Metiéndole mucho tiempo gratis. Trabajando por poco. Ha habido otras épocas que ha podido haber más subvenciones a la producción o a la gira. Ahora la cosa está difícil, pero siempre hemos tenido alguna ayuda. Hemos tenido apoyos del Ministerio de Cultura, del INAEM, de patrocinadores privados… Ahora tenemos poco de eso. Con las taquillas estamos haciendo becas de formación para los chavales, para apoyarlos directamente en que puedan continuar su formación. También desde ahí intentamos cubrir los gastos de representación y, bueno, metiéndole mucho cariño. Después, hacemos taquillas, lógicamente al estar trabajando con jóvenes, a cinco o seis euros para que no sea un inconveniente el precio y todos puedan acceder, pero estamos consiguiendo que la gente venga. Así que el precio es pequeño, pero ellos son muchos y yo creo que vamos a conseguir cubrir los costes del proyecto gracias al entusiasmo de todo el mundo.

Como comentabais antes, habéis desarrollado un proyecto con los institutos alrededor de la asistencia a las funciones, ¿en qué fases está dividido este proceso?

DP: Esto es un proyecto educativo, no son funciones de teatro que se sirven al público. Es un proyecto educativo global que tiene varias piezas y que en su conjunto pretende ser un apoyo al profesor de secundaria para poder impactar al alumno más joven con el hecho cultural. Efectivamente, es un paquete completo de medidas. Por ejemplo, los actores visitan los institutos y hablan en las aulas con los chicos. Un grupo de profesores de instituto que lleva mucho tiempo trabajando con nosotros, ha elaborado una ficha que guía a los profesores para que antes de la asistencia a la función, durante y después tengan una serie de actividades de lo más variado que puedan hacer para que vayan entendiendo el hecho cultural. El aprovechamiento que hace el joven de la obra de teatro está en relación directa con la preparación previa que haga del espectáculo.

Además, hacemos talleres para profesores. Hacemos reuniones aquí en el Conde Duque, todo dentro del proyecto Teatro Joven. Hablamos de posibilidades sobre cómo enfocarlo y compartimos preocupaciones. Es un paquete de medidas educativas globales en las que la función en sí misma es una más. El coloquio que después de la función hace el reparto con el público casi tiene más peso que la función, como modelo de debate con un contenido cultural para ellos. Y a todo eso lo hemos llamado proyecto Teatro Joven.

En estas conversaciones que mantenéis con los profesores de secundaria, ¿qué realidad os muestran ellos sobre la relación de los jóvenes con el hecho cultural?

DP: Los profesores, muy mayoritariamente, son profesionales vocacionales que, como bien resumen ellos, cada año tienen menos grupos, más niños y más papeles. Y, a pesar de ello, todavía les apetece meterse en berenjenales porque creen que es importante hacerlo. Los profesores que están participando son de todos los ámbitos: de la pública, de la concertada y de la privada. Y todos tienen como común denominador la búsqueda, que consideran como una parte de su profesión y lo es, de proporcionar a los más jóvenes una primera experiencia cultural impactante, y miran por la calidad de esa experiencia. ¿Qué sensaciones y comentarios nos están transmitiendo? Pues muy bonitos. Que están encantados de haber encontrado un espacio donde confluyen docentes preocupados y profesionales de las artes escénicas muy preocupados, que es lo que es Jóvenes al Teatro. Todos comparten preocupaciones y es que no hay otra fórmula para crear tejido juvenil que no sea conseguir que intervenga mucha gente y que esa mucha gente esté repartida entre el mundo de las artes y el mundo de la docencia, básicamente por igual. La participación de los dos mundos es fundamental, si no, no lo vamos a conseguir.

Hacías referencia a que no existe una cultura pensada para ese público adolescente, que se pasa de una cultura para niños o familiar a una cultura para gente más mayor, pero parece que hay un tramo en el que hay un poco de estancamiento. Ya habéis hablado a nivel de organización pero, a nivel de contenidos ¿cuáles son las claves para enganchar a ese público al teatro?

JLA: Yo creo que el teatro es un arte escénico absolutamente antiguo y tiene sus propias claves. Igual que otras artes han ido convirtiéndose, adaptando los nuevos lenguajes a su concepción como arte, el teatro también debe hacerlo. En muchas sociedades se ha hecho. El hecho de que el joven se enganche con el teatro tiene que ver también con las nuevas formas de entender el arte y la información. No es que yo sea un loco de internet, pero ahora todo el mundo funciona desde internet y los lenguajes son distintos. Hay que mirar a aquello que está pasando con ellos, que al final es el futuro y es lo maravilloso.

El teatro, que yo creo que tiene algo de revolucionario, tiene que aprender de esas cosas y contar historias con lenguajes que cuenten esas cosas. El cine lo ha hecho, la televisión lo hace y el teatro también tiene que hacerlo. Me parece que es una forma de enganchar con el público joven, contar una historia que a él le importe y con un lenguaje que a él le parezca nuevo. Una historia con una silla y una mesa quizá no le parece tan nuevo. Pero no se trata forzar la máquina, no es: “vamos a ser modernos por poner un ordenador o una imagen”. Es simplemente forzar la pestaña de la creación.

DP: El mismo hecho de que las dos obras que siguen a Fuenteovejuna sean encargos que La Joven Compañía hace a dramaturgos actuales para personajes de la edad de los actores, luego los temas también sean los propios de ellos, es una forma de encontrar historias que interesen a los jóvenes.

JLA: Y el lenguaje también es fundamental. El lenguaje teatral es muy importante. Para una gente que está acostumbrada a una serie de lenguajes, si les contamos las historias con un lenguaje un poco más pasado, no vamos a acceder a ellos.

DP: Los códigos.

Habladme de estas obras de encargo que son Invasión y Superhéroes. ¿Han participado los autores en el proceso de montaje con los miembros de la compañía?

JLA: En el caso de Invasión, hemos hecho un trabajo prácticamente como el que se haría con profesionales. Guillem Clua es un dramaturgo maravilloso que trabaja más de estudio y nos hizo la obra de encargo en su casa. Me la envió, yo trabajé con los actores e hicimos algunos cambios, como si el autor estuviese en el ensayo.

Sin embargo, José Manuel Mora, el autor de Superhéroes, trabaja de otra forma, con material muy individual del actor y hemos hecho varios talleres con los jóvenes y con el dramaturgo para que el material corriese de otra forma. Son dos formas de entender el teatro absolutamente válidas y maravillosas. Uno con una forma más clásica y otra más de estudio.

¿Cómo afrontan los miembros de la compañía una obra clásica aunque adaptada y una obra contemporánea? ¿Qué diferencias encuentran ellos a la hora de enfocar el texto?

DP: Los clásicos son clásicos porque la vigencia de los temas que tocan es absoluta y total. Desde ese punto de vista, en este Fuenteovejuna tenemos el abuso de poder, el maltrato a las mujeres, el cambio de era… ¿Qué no te suena hoy? [Risas]

JLA: Cada obra de teatro exige una puerta de acceso, da igual que sea clásica o más contemporánea. Es verdad que al principio una obra contemporánea es más cercana al lenguaje personal. En la obra de Guillem, había personajes que hablaban casi como en la calle, aunque siempre teatralmente. Sin embargo, en Lope es más complicado con el verso. [Risas] Al final tienes que acceder por una puerta en cada obra de teatro, independientemente del género, del tipo de entendimiento y de lenguaje. Yo creo que tienen la misma complejidad o la misma sencillez todas.

Sobre la cercanía del texto de Fuenteovejuna. Hablabais del cambio de cambio de época en la obra, en la que se pasa de la Edad Media a la Edad Moderna o al Renacimiento. Actualmente, también estamos ante un cambio de época, ¿pero sabemos hacia dónde?

DP: Somos profesionales de las artes, no pitonisos. [Risas]

JLA: No, pero es verdad que Lope propone una solución, entre comillas, a esa nueva época a la que accede y ahora todos barruntamos una solución muy parecida. Parece que puede venir algo mejor, pero que al final va a ser lo de siempre, un poder que se ejerce sobre la ciudadanía. Creemos y esperamos que sea mejor, no sé si será un poder supranacional o que proceda de Naciones Unidas, de Estrasburgo o de Washington, pero creemos que va a ser un poder distinto, aunque no sabemos si va a ser mucho mejor.

Otro de los temas que trata la obra y que está muy vigente, es la oposición entre individualismo y colectividad. Venimos de unos años de individualismo como corriente dominante a la hora de organizar nuestras vidas. ¿Creéis que en este cambio podemos tender hacia un mayor compromiso con los demás, a una mayor unión, como propone la obra?

DP: Eso ya está pasando.

JLA: Sí, además yo estoy convencido de que siempre que hay una crisis y una revolución -no creo que sea una cosa de ahora-, al final el pueblo, la ciudadanía, la gente se termina uniendo contra algo o a favor de algo. Como a lo largo de la historia esto ya ha ocurrido bastantes veces, yo creo que ahora vuelve a ocurrir, de diferente forma quizá, aunque es lo mismo. Un pueblo, cuando tiene el estómago más o menos lleno, quizá tiene que buscarse otros problemas, pero cuando no lo tiene, hay que resolverlo juntos.

DP: Ese futurible es presente, no es futurible. Ya está pasando.

JLA: Nosotros, muchas veces, estudiando Fuenteovejuna, hablábamos y estudiábamos en cuántos momentos se habían producido estos cambios de época. Qué paso con la caída del Imperio Romano, con el paso del Medioevo al Renacimiento… Estos momentos de choques de civilizaciones, de forma de pensar y entender, qué es lo que arrojan, cuál es el resultado final. Al final es un montón de gente luchando contra algo o a favor de una nueva idea.

Esa visión de lucha o de reivindicación, que aparece claramente en la obra, frente al poder establecido para conseguir un cambio también está muy presente en la sociedad. ¿Creéis que en estos momentos es necesaria una cultura comprometida con la realidad que la rodea?

JLA: Yo creo que siempre es necesaria una cultura comprometida, aunque no estoy para nada en desacuerdo con la cultura como entretenimiento, me parece fantástica y además creo que es necesaria. Pero creo que tiene que haber un sector siempre en el que la cultura sea igual a compromiso. Si no, mal vamos.

Hemos hablado ya de Fuenteovejuna y, de pasada, sobre cómo habéis trabajado con las siguientes obras. ¿Qué nos podéis adelantar de Invasión y de Superhéroes?

JLA: En Invasión es difícil adelantar cosas. Yo voy a intentar adelantar algo sin desvelar. Voy a ser moderno y voy a decir sin hacer un spoiler. [Risas] Es un cómic teatral. Es un thriller de ciencia ficción con tres historias de amor. No se puede contar mucho más porque en cuanto se adelante un poco más, se resuelve.

DP: Son tres historias de amor en escenarios bélicos.

JLA: Realmente, de lo que va Invasión, que es una obra maravillosa, es de cómo ve un individuo al otro. De cuál es el discurso del uno frente al otro. Recomiendo que vayáis todos a verlo, porque os va a encantar. Y Superhéroes, aunque yo sé cosas, es una incógnita porque está en proceso. Es esta cosa maravillosa que tiene el teatro, que es algo vital. Al menos el teatro contemporáneo, que no es “váyase usted a su biblioteca y elija al señor autor”, sino que se está creando ahora. De hecho, los chavales están con el autor creando la función. Es una comedia sobre el diferente y sobre los triunfos de lo colectivo sobre lo individual. Por las cosas que yo sé, va a estar muy bien. José Manuel Mora es un autor estupendo que trabajó con nosotros en el CDN con una obra que se llamó Mi alma en otra parte, maravillosa, que tiene un montón de premios. Mora está haciendo ahora también un proyecto sobre dramaturgias contemporáneas aquí en Madrid. Es un tipo a seguir y creo que va a ser un proyecto muy interesante.

DP: Precioso.

Contadnos dónde vais a estar además de en el Conde Duque.

DP: Con Fuenteovejuna vamos a estar en febrero en Getafe, en marzo en Parla y, probablemente, en abril en Linares, en Jaén. Invasión va a hacer una gira nacional con una subvención del INAEM a Elche el 9 de enero y al Espai Lliure el 14 de enero.

Hay otra obra más que                 vamos a hacer que es de una compañía juvenil fuera de este proyecto, desde la Escuela Municipal de Parla que también José Luis dirige que se llama Ciudadanía y que también hemos programado en el Conde Duque el primer jueves, viernes y sábado del mes de febrero. Es una obra de Mark Ravenhill que es un bombonazo, una cosa maravillosa sobre la necesidad de ser querido, también hecha por una compañía juvenil, en este caso por alumnos de una escuela municipal y una obra que he traducido yo de, probablemente, uno de los mayores dramaturgos que hay ahora mismo en el panorama europeo.

JLA: Y que escribe para compañías juveniles. En este caso la escribió para el National Youth Theatre y nosotros la tradujimos porque nos fascinó. Aunque nos han fascinado muchas de las obras que han hecho, esta en concreto lo ha hecho porque trata la necesidad de amar y de ser querido por un joven diferente.

DP: Y, además de eso, hacemos una lectura dramatizada en enero de una obra de Marta Buchaca que se llama Plastilina y que está inspirada en los sucesos de Barcelona, cuando quemaron a un vagabundo en un cajero automático.

JLA: Una obra con adultos y jóvenes, que también nos gustaba mucho esa mezcla de dos actores adultos y cuatro o cinco nenes que pudiesen trabajar con actores profesionales, que habla sobre la extrema violencia del adolescente en las clases medias españolas.

DP: Así que, al margen de la gira, esas son las obras que incluye el proyecto Teatro Joven del Conde Duque esta temporada. Ese orden: Fuenteovejuna, a continuación la lectura dramatizada de Plastilina,  Invasión en enero-febrero, Ciudadanía en febrero y en abril-mayo, Superhéroes.

Para cerrar la entrevista,  aunque ya me habéis dicho que no sois pitonisos, ¿dónde os gustaría que estuviera la compañía, el proyecto y vuestras inquietudes que os han llevado a ponerlo en marcha de aquí a cinco años?

JLA: A mí me gustaría que estuviese en el corazón de las gentes. [Risas] Fíjate si soy presuntuoso. En el corazón de los jóvenes y del resto, que esto fuese un proyecto que sí, que hemos impulsado nosotros, pero que fuese de la ciudadanía. Que fuese un proyecto de los jóvenes. De hecho, nosotros les hemos dado el poder desde el minuto uno a ellos. Junto con David, porque había que poner a David, que si no tampoco, han sido ellos los que manejan la Asociación. Ellos manejan ya el teatro, los horarios… Cada vez intentamos otorgarles más poder y más control. A mí me gustaría que, al final, esto fuese un lugar de ellos y que nosotros fuésemos los invitados de piedra, como en Tirso de Molina, escondiditos, echando una mano o recibiendo la energía de ellos como unos chupópteros. Me encantaría que estuviese en el corazón de todos ellos. De los que están y de los que quedan por venir.

DP: Yo estoy pensando, ahora que dices eso, en la última obra que vimos en Londres. Era un musical y desde que te recogían la entrada, el bar, los actores, la orquesta… yo creo que nadie pasaba de los veinticinco años. Y llevaban absolutamente el teatro entero. Y tú te ponías allí a llorar.

JLA: Era bastante impresionante, sí.

Entrevista realizada en Madrid, el 12 de noviembre de 2013

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