Los que aprendieron de Mandela

Jueves, 22:26. Acabo de enterarme de que ha muerto Mandela.

Jueves, 23:53. Llega un correo electrónico con un mensaje conjunto de José Manuel Barroso, presidente de la Comisión Europea y Herman van Rompuy, presidente del Consejo Europeo.

Empieza el baile. Lo que sigue son la serie de alabanzas y llamadas a seguir el ejemplo de Mandela por parte de la actual generación de líderes. Y después, deliberadamente, algo que les define.

Mandela nos enseñó la transformación social. Y que la mejor manera de seguir su ejemplo es continuar con su compromiso por la democracia. Barroso y van Rompuy. Ninguno de los dos fueron elegidos en unas elecciones democráticas, sino señalados a dedo por los jefes de Estado y de Gobierno de los Veintisiete.

Barroso afirma después que Mandela cambió el curso de la Historia para su pueblo y para el mundo. Barroso, cuyos mandatos son vistos por los corresponsales como los más estáticos, los de más bajo perfil.

Mandela es un ejemplo de dignidad humana. La frase es de Mariano Rajoy, el presidente que ha vuelto a colocar las cuchillas en la valla de Melilla, para impedir el paso a miles de Mandelas en busca de una oportunidad.

Incluso quienes se pierden en alabanzas, aprendieron a buscar la reconciliación en la verdad. No lo escribo yo, sino Silvio Berlusconi, quien mientras escribo estas líneas afirma que los italianos están presos de una dictadura irreconocible porque no tiene tanques, en el país de la bota.

Siempre será una referencia para quienes nunca terminaron su lucha contra el racismo. François Hollande. ¿Y si Mandela hubiera sido una niña gitana kosovar de quince años en Francia?

David Cameron habla del héroe de nuestra era. Debe de querer fomentar que haya más poniendo las cosas difíciles, ahora que le preocupa la libertad de movimiento dentro de la UE.

Pero quizá me equivoco y Mandela nunca quiso salir de Sudáfrica. De ahí que Marine Le Pen alabe su patriotismo. Se le ha olvidado que era negro.

Dice Putin que Mandela se mantuvo hasta el final de sus días fiel a los ideales del humanismo y la justicia. Como la que condena a las Pussy Riot.

Pensaba seguir, pero creo que esto es más que suficiente. Es un deber de Estado dar el pésame por la muerte de alguien de la talla de Mandela. Resaltar sus virtudes y rendir homenaje. Pero también es un deber de Estado tomar ejemplo y antes de abrir la boca, parecerse un poco a él. Porque el delirio es insoportable.

***

Esperanza Escribano redactó este artículo desde Bruselas.

Foto de portada: François Hollande durante la pasada Cumbre por la Paz y la Seguridad en África, celebrada en el Palacio del Elíseo (Foto: Página de Facebook de la Presidencia de la República Francesa)

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