La gran belleza: Una obra maestra

Jep Gambardella es un escritor que acaba de cumplir sesenta y cinco años. Hace más de treinta que escribió su única novela, considerada una obra maestra, y desde entonces vive de las rentas y de pequeños trabajos para una revista cultural. Pero lo que hace fundamentalmente es vivir Roma, durmiendo de día y saliendo de noche, disfrutando de una ciudad que Paolo Sorrentino ha pintado como el paraíso del hedonismo y del culto al presente. Y con este cuadro urbano, al director italiano le ha salido una obra maestra. La mejor película que he visto en este agonizante 2013.

La Gran Belleza se desarrolla sin una estructura argumental al uso. Adornada con pequeños pasajes oníricos y, sobre todo, un flashback recurrente que actúa como una combinación de la magdalena de Proust y el trineo de Ciudadano Kane, el peso recae sobre una sucesión de escenas que, sin una fuerte relación de continuidad, van dibujando el paisaje físico y psicológico de la ciudad y el protagonista. A través de estos pequeños cuentos, el director nos va llevando desde el éxtasis festivo del inicio a la resaca melancólica, que se hace fuerte con el transcurso de los minutos, dejando en el espectador una sensación de plenitud, de haber sentido y vivido todo lo que una película te puede ofrecer.

“Flaubert quería hacer una obra sobre la nada” repite varias veces Jep Garbandella en alusión a la novela “La educación sentimental” del autor francés. Este leitmotiv funciona tanto para hablar de la situación del protagonista como de la película en sí. Sólo a través de la nada es posible hablar de tantas cosas, porque queda en manos del espectador reflexionar sobre lo que ve, y pronto verá que temas como la fugacidad de la vida, la muerte, el paso del tiempo, la belleza, el amor o el peso del pasado van encontrando hueco en su cabeza, mientras los personajes de la película siguen montados en el tren “que no va a ninguna parte” al que el protagonista se refiere como su favorito mientras observa a sus amigos bailando en una fiesta.

Alguno estará pensando tras leer lo anterior que se trata de una película sesuda y difícil, pero os equivocáis. Lo mejor de todo es que es divertidísima. El humor está presente en todo momento, con escenas que se graban en tus retinas y los fiestones mejor rodados que he visto en mucho tiempo. Decenas de personajes imborrables como un obispo que sólo habla de sus recetas de cocina, una niña estrella del arte contemporáneo o el mesías del Botox, que van circulando por la pantalla y aportando su granito de arena a ese teatro de la vulgaridad tan felliniano (ya tardaba en salir) que compone la película.

Y aún hay más. Todas las categorías técnicas y artísticas que rodean a La Gran Belleza juegan a un nivel difícil de igualar. Toni Servillo ha nacido para interpretar a Garbandella, y se rodea de un enorme elenco que difícilmente podría haberse elegido mejor. La fotografía de Luca Bigazzi juega al contraste entre una ciudad elegante y majestuosa, la de los turistas, y la deformada y chillona de la noche sin fin en la que viven los personajes. El montaje plagado de metáforas visuales te lleva por donde quiere en todo momento y la dirección artística, con el maquillaje y el vestuario, nos muestran la vida de una burguesía romana que ya no podremos olvidar. De la música no digo nada, porque es mejor que vosotros mismos escuchéis cómo se puede mezclar música clásica con Raffaella Carrà sin morir en el intento. Y en cuanto acabéis de oírla, id al cine más cercano a ver esta maravilla sin perder ni un solo minuto. No os arrepentiréis. Palabra de crítico prejuicioso.

Lo que dije de La gran belleza

Según veo el tráiler, me saltan a mente el esperpento de Valle-Inclán y sobre todo Fellini y La Dolce Vita, evidentísima referencia esta última por otra parte. Pasamos todo por la batidora de la postmodernidad y lo que sale es un collage de narración difusa que compone un retrato de lo que no debemos ser y sin embargo somos.

Bastante bien Álvaro. Ambas referencias se han confirmado con el visionado, y en lo relacionado con la narrativa y la posmodernidad tampoco hacía falta ser ingeniero aeronáutico para deducirlo. Aun así, primer patinazo salvado.

Roma se irá mostrando a nuestros ojos desde la superficie, y nuestro trabajo será principalmente el de rascar e ir encontrando lo que se esconde detrás de tal despliegue de exceso y superficialidad. Nuestro trabajo y presumo que también el de nuestro inconsciente, porque mucho de lo que vamos a ver estará más relacionado con dejarse llevar por las imágenes y sentir con nuestras tripas lo que la pantalla muestra.

Este párrafo me quedó lustroso, pero en el fondo no dice demasiado. Como ya he dicho arriba, aunque de otra forma, a una primera mitad desenfrenada le sucede una segunda parte mucho más melancólica y amarga. El cambio de tono apenas lo notas, va fluyendo, y esa es una victoria de la película. Por otro lado, más que por las imágenes, creo que hay que dejarse llevar por la sucesión de escenas, sin pensar demasiado en el desarrollo de la trama y esas cosas tan siglo XX. La propia película se va a encargar de que de alguna manera al final todo tenga sentido en tu cabeza.

El lugar, el tema y el momento histórico no podrían ser más oportunos para el contexto de La gran belleza, de la que espero salir cabreado con el mundo y anonadado con la actuación de Toni Servillo, el actor de cabecera de Sorrentino. Espero mucho de esta película, aunque no sé exactamente el qué. El martes tendremos la respuesta.

Lo de Servillo no tiene nombre, con unos cuatrocientos registros en dos horas y pico. De la película en general, creo que de todo lo escrito anteriormente se puede extraer que hizo que me explotara la cabeza. De verdad, aun no me recupero.

¿Qué gafas me llevo?

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Entonces: ¿voy a verla?

Si tienes que ver sólo una película de aquí a final de año, que sea esta. Es uno de los mejores regalos que puedes hacerte estas navidades.

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3 Respuestas a “La gran belleza: Una obra maestra

  1. Pues a mí me ha parecido una película degradante. Las escenas de las juergas nocturnas son algo asqueroso y puro morbo gratuito cuando lo venden así, y lo han hecho así, justo para recrearse de manera injustificada. Son la fantasía de un proletario obreronormativo que se imagina así a la clase alta que se divierte. Mi colectivo de romanos fiesteros cabreados no se ve reflejado para nada en ella. Pero el director sabe que la fiesta descontrolada (como en Hombres Mujeres y Viceversa) vende, y ese disfraz bajo supuesta película existencial es lo que nos indigna. Aunque, claro, si no eres un romano ocioso y cabreado, te será imposible comprender mis ricos y evidentes argumentos…

  2. A Javier C.:

    Jujujuju!

    Pues entonces no se te ocurra ver ni una sóla película del maestro Fellini… (al que brinda evidente homenaje Sorrentino a modo de copy/paste)

  3. la pelicula no es nada mas lo que la gente sin rutinas , ni amores ni siqyiera a sis hija, refleja ya que el ladron le dice , que el trabaja todos los dias , no como el que esta de juerga, esta bien establecida la miseria humana y la falta de moral

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