Una filosofía de vida

David L. Palomo | Falso 9

Se ha extendido en los últimos años una cierta ‘moda’ de hacer del fútbol algo literario, de convertir el pelotazo en palabras, el grito en susurro poético, la algarabía en soliloquio ilustrado. Lo vienen impulsando ciertas publicaciones y una gran cantidad de editoriales especializadas en todo lo que tenga que ver con el ritual del gol. A estas alturas, no hay duda de que el deporte vende. Así es y así será. Lo saben bien los ingleses, capaces de hacer de un estadio cualquiera un templo, y de un escupitajo desde el segundo anfiteatro un cuento de hadas. En ese aspecto, son imbatibles. Como puede experimentar cualquier seguidor en un día laborable de visita turística a Old Trafford, Stamford Bridge o Wembley.

Cierto es que estos tres últimos son ‘top’, pero si no comparten la tesis se puede acercar a cualquier otro recinto con un mínimo de historia para comprobarlo de primera mano. Un buen ejemplo es Fratton Park, el campo del malogrado Portsmouth, que llegó a estar en la Premier e incluso tuvo el honor de venderle al Madrid a un Diarra que venía de ser uno de los ídolos del club. Su mística no es comparable a la de Anfield o White Hart Lane, pero supera ampliamente a la de los Carmenes, el Alfonso Pérez o incluso Riazor. El simple hecho de encontrarte con los asientos a ras de suelo o a Jimmy Dickinson –mejor jugador de la historia del club según los socios– pintado sobre las butacas de uno de los fondos, lo hace especial. Por no mentar la especialidad británica por excelencia: el guía que te vende la ‘moto’ y hace de la visita un show al más puro estilo NBA.

Más allá de estos pequeños detalles que hacen grande al fútbol inglés, este año hay un equipo que sobresale sobre el resto con una forma de vivir particularmente ejemplar. No es otro que el Arsenal, que lleva años luchando a base de pescar jugadores jóvenes por el viejo continente y sacar canteranos de su particular fábrica. Bien es cierto que a esa filosofía se le puede reprochar el fichaje de Özil. No es, sin embargo, suficiente motivo para derribar el mito que acoge a uno de los clubes más románticos de Londres, aunque sea porque un tal Nick Hornby escribió Fiebre en las gradas, y la literatura le estará eternamente agradecida.

El Arsenal es líder de la Premier y ya está en octavos de final de la Champions League, aunque haya quedado segundo del llamado ‘grupo de la muerte’. Su éxito, aunque no sea completo, es un ejercicio de paciencia y lucha contra todo lo establecido. O más bien, lo hecho por su entrenador: Arsène Wenger, que año tras año ha ido viendo marchar estrellas (Cesc, Van Persie, Henry…) y, a pesar de todo, ha mantenido al equipo en la Copa de Europa. Y, además, siendo un gran gestor. Nadie ha oído hablar de que los ‘gunners’ deban dinero a nadie. Para ellos no hay crisis.

Interior Emirates Stadium (Foto: Thunderbirdphotography http://www.flickr.com/photos/69064216@N08/6273968924/)

Interior Emirates Stadium (Foto: Thunderbirdphotography)

La razón fundamental por la que es un club diferente es por la existencia de un ritual que no se pierde. Del Arsenal se nace y se pace, como ocurre, por ejemplo, en el del Atlético de Madrid. No hay alarmas cuando las cosas van mal. Se asume que tiene que haber mejores temporadas y peores, y por ello, no se presiona con echar a entrenadores o gastar más de lo estipulado. Bien lo saben los niños, a los que se puede ver cantando como auténticos hooligans los días de partido. Es increíble como esas cosas tan pequeñitas pueden gritar tanto y tan alto.

Sea como fuere, si el fútbol se está volviendo literatura es gracias a rituales como el de los gunners, donde la pasión por un club tiene mucho de romántico. Como lo tiene también la Premier, que mantiene horarios y formas de jugar. No ocurre esto en España, que está perdiendo lo que antaño la hizo grande. Para la madre patria el fútbol siempre fue el bocadillo de la media tarde y la caña-tapa del bar. Quizá era todo menos poético, pero igual de bonito. Con los partidos a las 10 de la noche y la ampliación de las jornadas a lunes y viernes se está perdiendo eso que hacía tan característica a nuestra Liga. Con razón o no, se está cambiando todo. Y de paso, se están cargando lo que hace a un club grande: su afición. Sin ella, no hay libros ni negocio.

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Foto de portada: Exterior Emirates Stadium (Foto: David Waterfield)

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