Treme: razones para defender a la serie olvidada

El pasado domingo 1 de enero se estrenó en HBO el primero de los cinco capítulos que formarán la que será la cuarta y última temporada de Treme, una de las más grandes ignoradas de la televisión de los últimos años. Gracias a que existe algo como la televisión por cable americana, gracias a lo que hoy es la HBO, podemos disfrutar de uno de los contenidos audiovisuales más arriesgados de la historia. Con solo un capítulo emitido y unas audiencias un tanto raquíticas para un piloto (1,1 millones de espectadores en el estreno y 300.000 más en la repetición nocturna), Home Box Office decidió que la serie tendría segunda temporada.

El resto de la historia, hasta llegar a hoy, siguió contradiciendo en buena medida los cánones de la programación televisiva que se entienden a este lado del Misisipi. La tercera temporada recibió su luz verde cuando la segunda se mantenía como uno de los contenidos menos vistos del canal y ya en pleno huracán Juego de Tronos. “Queremos que David [Simon] termine su novela, porque Treme es una novela. Nosotros somos los principales beneficiarios de su arte y por eso queremos que la termine como él crea conveniente”. Por extraño que suene, las declaraciones son del CEO de HBO, Richard Plepler, en referencia a la llegada de la cuarta tanda de episodios.

Pero la realidad no es tan bonita como las palabras de los ejecutivos que venden sus productos. Ni siquiera HBO es de piedra y la entrega que se encuentra ahora mismo en antena contará tan solo con la mitad de episodios habituales cuando, año tras año, la serie sigue sin remontar el vuelo en los ratings. Una situación que parece haber sido un duro golpe para David Simon, que en recientes declaraciones al que fuera su periódico y escenario de la última temporada de The Wire, The Baltimore Sun, reconocía que no acaba de tener clara su continuidad como creador televisivo, puesto que “nadie vio The Wire cuando estaba en antena, nadie vio Generation Kill y nadie vio Treme”. “Luchar es una versión noble de lo que he hecho por terminar esta serie. En realidad lo que he hecho ha sido rogar. Rogué por las últimas temporadas de The Wire, desde la tercera para ser más exactos, y he rogado para poder hacer Treme”, aseguraba el showrunner en declaraciones recogidas por EFE.

Como ocurrió con The Wire, el tiempo acabará dándole la razón a Treme, aunque sea demasiado tarde y, como el Katrina con Nueva Orleans, el gusto mayoritario se haya llevado por delante a quienes la hicieron posible. Por eso, a los que la amamos no nos queda más remedio que reivindicarla con todas nuestras fuerzas como única forma de agradecimiento. Así que, si aun no la has visto, aquí va una buena batería de razones para ponerle solución a tu problema y, si lo has hecho, un buen puñado de argumentos para que la defiendas con capa y espada.

La peor pesadilla del Departamento de Programación de Mediaset

Desde Seinfeld, ha habido toda una línea de series de las que se ha dicho que “nunca pasa nada”. Los Soprano, The Wire o Mad Men son buenas representantes de ese estilo denso, espeso, de contar historias pero, en esa búsqueda –que, paradójicamente con la inmediatez de nuestro tiempo, parece un signo de la narración audiovisual más contemporánea-, Treme ha alcanzado cotas que resultaban difícilmente imaginables. Preguntado por ello, David Simon se muestra contundente: “Es una serie sobre gente normal en un momento y un lugar extraordinarios. Tiene la velocidad de la vida normal y eso es una moneda muy tramposa para gastar en televisión. No hay gángsters, no hay zombies”.

Eso, ya de por sí, puede parecer bastante arriesgado, pero la apuesta formal de Simon no queda ahí. En Treme no existen protagonistas o, si se prefiere, hay una docena de ellos. Cada uno de los personajes principales de la serie vive su propia historia y la relación entre ellas es, en el mejor de los casos, tenue. No esperes un Central Perk. Para los fans, la presencia en un mismo escenario de tres de los protagonistas en el mismo momento supone un acontecimiento histórico.

Además, los guiones apenas muestran preferencia por una u otra trama argumental según el capítulo, pase lo que pase en cada una de ellas. Esto hace que las escenas de cada personaje por episodio se cuenten con los dedos de una mano que haya sufrido varias amputaciones y que los minutos en pantalla por historia no superen jamás los diez minutos. Las consecuencias de un planteamiento como este, unido a la forma de contar, en la que la vida pasa sin mayores sobresaltos que los que supone que un huracán haya destrozado tu ciudad, hace explotar a Syd Field y a la estructura en tres actos sin clemencia.

Treme

Un momento de la primera temporada de Treme.

El otro paradigma que estalla en Treme tiene que ver con el valor de cada episodio dentro del conjunto de la serie. En las series de televisión, lo que pasa en un capítulo puede ser contenido episódico -es decir, una trama que acaba con el final del capítulo- o en continuidad –cuando lo que ocurre tendrá consecuencias en posteriores entregas-. Aunque el segundo permite fidelizar a la audiencia, el primero hace que alguien que nunca haya visto la serie pueda engancharse a ella a partir de cualquier momento. Los programadores televisivos al uso suelen preferir que las tramas sean lo más episódicas posible, para evitar que nadie se sienta rechazado porque no se entera de nada de lo que están hablando los personajes si, zapeando, da con el programa; y se muestran más partidarios de otras fórmulas, como personajes carismáticos o buenos chistes, para evitar que una puerta tan grande de entrada lo sea igualmente de salida. Los guionistas, por su parte, suelen hacer un balance, dependiendo de cada serie, para que ninguna de las dos patas quede descompensada. Pues bien, en Treme, todo, absolutamente todo, es continuidad. Si no has visto un capítulo –no solo el anterior, sino cualquiera- posiblemente no entiendas nada de lo que dicen o hacen los personajes.

La trama de Treme es tenue (a veces incluso parece que no exista), hay más de diez protagonistas que apenas hablan entre sí, los capítulos no te llevan por el camino que esperas recorrer y requiere fidelidad y atención por parte del espectador; pero, si eres capaz de disfrutar de una historia contada de forma distinta, entonces no podrás escapar, porque habrás visto cómo los personajes, sus vidas y su ciudad se han levantado en tu cabeza y ya son tan reales como tú.

El puente aéreo entre Baltimore y Nueva Orleans

La relación entre The Wire, la serie que convirtió a David Simon en quien es hoy en el mundo de la televisión, y Treme no aparece a primera vista, pero está ahí. Las formas de ambas son completamente distintas, pero sólo tanto como se diferencian entre sí Baltimore de Nueva  Orleans. David Simon ha creado, con estas dos series, un género televisivo que resultará difícil que encuentre una continuación en el futuro. Hace retratos de ciudades.

Su pasado como periodista aflora en todo momento y sus series se convierten en grandes cuadros de costumbres, enormes crónicas que, cuando acaban han pintado con detalle la realidad de una ciudad. Lo que en Baltimore era el crimen, en Nueva Orleans es la música y la comida; lo que en The Wire era la droga, en Treme es el Katrina; pero en ambas series el autor se pone claramente de parte de quienes sufren y luchan. Con sus relatos, estudios entre lo sociológico y lo periodístico, David Simon ha sido acusado de antipatriota, pero quienes lo dicen no podrían estar más equivocados. Sus series muestran su amor a esas ciudades, pero no un amor infantil, que se olvida de lo negativo, sino uno adulto e incondicional, sin esconder los rincones oscuros de la realidad y a pesar de ellos.

La doctrina del shock

En 2007, Naomi Klein escribió un libro sobre cómo las teorías económicas de Milton Friedman y la Escuela de Chicago -es decir, el neoliberalismo- se había implantado a la fuerza en diversas sociedades y momentos históricos de forma sistemática, aprovechando la conmoción social suscitada por grandes cataclismos naturales, sociales, económicos o políticos como el 11 de septiembre, el golpe de Estado de Augusto Pinochet en Chile, el tsunami de Indonesia o el huracán Katrina en Nueva Orleans. En todos los casos, las élites políticas y económicas habían aprovechado ese estado de shock y desorientación social para asentar un nuevo modelo en el que lo público, la presencia del Estado como regulador y corrector de la economía de libre mercado, era arrasado en el menor tiempo posible, evitando cualquier posibilidad de reacción.

Ver Treme habiendo leído el libro de Klein, o al menos conociendo su contenido, le da a la serie una nueva dimensión, pues buena parte de sus argumentos están claramente sacados de lo que ella expresó: estos procesos aparecen en los capítulos reflejados en su relación con la vivienda pública, la educación, la sanidad o la remodelación de los barrios más deprimidos para evitar que buena parte de quienes fueron expulsados por el Katrina, regresen.

Pero la denuncia de Simon continúa. La corrupción instalada en la política, la empresa o la policía, las desigualdades e injusticias sociales presentes en la ciudad o la emigración forzada por la falta de perspectivas fruto de unas autoridades incapaces de ofrecerle futuro a sus ciudadanos hacen una buena muestra de los problemas que Treme pone sobre la mesa y que no resultan tan lejanos como los 7.625 kilómetros que separan la frustrada sede de Eurovegas de The Big Easy.

NOLA, Patrimonio de la Humanidad

Poco queda que no se haya escrito ya sobre la presencia de la música en Treme. Como si fuera un personaje más, cada capítulo está plagado de actuaciones, grabaciones o ensayos de todas las variedades y géneros que se tocan y practican en Nueva Orleans, que como ocurre con los insectos en el Amazonas, son muchos más que los que se puedan encontrar en cualquier registro, por más actualizado y completo que éste sea.

Pero la presencia de la música o, mejor dicho, de la cultura en general -pues la gastronomía también mantiene una identidad propia dentro de Treme- es también una reivindicación de Simon. Como ocurriera en la famosa escena de John Goodman y el reportero junto al río en la primera temporada, la serie reivindica el patrimonio cultural de la ciudad, ante las acusaciones de decadencia procedentes del exterior.

De este modo, como ya hiciera Buenavista Social Club con la música cubana o Calle 54 con el Latin Jazz, Treme, esta vez desde la ficción, vuelve a poner en el lugar que se merece a la cultura de Nueva Orleans, a sus cocineros y a sus músicos. Con una continuada presencia de cameos de estrellas internacionales y representantes de un legado apenas conocido fuera de la ciudad -como Trombone Shorty, Kermit Ruffins, Dr. John, Donald Harrison, Irvin Mayfield, la Rebirth Brass Band o la presencia continua del nombre de un Wynton Marsalis que todavía no ha hecho acto de presencia-, David Simon rinde tributo a la ciudad que más ha aportado a la música del Siglo XX y que lucha por salir adelante tras todos los golpes imaginables, sin dejar de lado un valor de legítima promoción turística de una ciudad cuya economía depende en buena medida del sector.

¿Quién me ha robado los premios?

Apenas un par de nominaciones a los Emmy y a los Grammy, además de algunos premios con una trascendencia menor, forman el exiguo palmarés de Treme a lo largo de sus tres temporadas concluidas. Una cosecha que no se corresponde con la excelente recepción por la mayor parte de la crítica especializada. Como le ocurriera con The Wire, David Simon vuelve a toparse contra unas alfombras rojas que hasta ahora lo han olvidado por completo, a pesar de que su reconocimiento como uno de los creadores audiovisuales más sobresalientes de este inicio del siglo XXI parece ya fuera de toda duda.

Antes o después, Treme aparecerá en todas las listas de las mejores series de la historia de la televisión; antes o después se reivindicarán los riesgos que estuvo dispuesta a asumir y los avances que consiguió; antes o después, Treme será la serie que ya deberías haber visto. Y aparecerán los wallpapers con las imágenes de sus personajes y las ediciones especiales de sus DVD y los recorridos turísticos por el Nueva Orleans de Treme. Antes o después, una ciudad con la herencia de Nueva Orleans volverá a verse con el esplendor que esconde y, como ella, la serie de televisión que la recordó en su peor momento.

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2 Respuestas a “Treme: razones para defender a la serie olvidada

  1. Fantástico análisis, aunque yo no tengo tan claro que ‘Treme’ vaya a ser tan reivindicada en el futuro. Lo será, pero a un nivel considerablemente menor que ‘The Wire’. Creo que tanto ‘The Wire’ como ‘Treme’ son fantásticas radiografías de momentos concretos de ciudades concretas, como bien apuntas arriba. Será estupendo volver a ellas dentro de 20 ó 30 años casi como si disfrutáramos de un buen documental. En todo caso, como digo, creo que a ‘The Wire’ le viene muy al dedo la trama policial y los líos de gangsters. Esto hace que la serie funcione más allá y sea más accesible y por ello figura a la cabeza de todas las listas sobre series de televisión. Creo que ‘Treme’ es más hueso en ese sentido y que, aunque es brillante en todos los aspectos es muy minoritaria.

    Enhorabuena otra vez por el artículo. Me recuerda que…todavía tengo la tercera y cuarta pendientes. No me mates.

  2. Gracias, Javi. Por supuesto, no llegará al nivel de The Wire que, para mí es la mejor serie de la historia y, como dices, tiene más fácil acceso a un público amplio, pero estoy seguro de que antes o después se la reivindicará como la serie sobresaliente que es y por haber sido capaz de dar pasos que no se habían dado antes en la televisión, en muchos aspectos distintos. El hecho de que no tenga ni un solo premio de los medio importantes, ni uno solo, es algo que no entiendo.

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