La vida secreta de Walter Mitty: ‘Feel good movie’ con colleja empresarial

Vaya por Dios. Tras escribir la maravillosa comparecencia de nuestro venerado presidente -¡lo de responder a 3 preguntas sobre el aborto en 25 segundos nos costó horas de ensayo!- me disponía a disfrutar de unas merecidas vacaciones -a pesar de que mi gremio, el becario, no disfruta ese derecho, bueno, de ninguno en realidad- cuando, ¡sorpresa! Un marrón sobrevoló mi cabeza, esta vez en forma de crítica de cine. Tras comprobar que, evidentemente, no tenía acreditación alguna esperándome en la taquilla y engañar a dos niños para que me compraran la entrada a su precio reducido, me senté a ver la última película de Ben Stiller, que en esto de la dirección hace tiempo que pasó el nivel becario.

Si algo parecía tener de diferencial ‘La vida secreta de Walter Mitty’, al menos atendiendo a su trailer, eran las espectaculares escenas que discurrían en la imaginación del personaje de Ben Stiller. Al verlas, un servidor no tardó en fantasear con una suerte de ‘Scrubs’ cinematográfico, algo que la película se apresura en desmentir. Estas ensoñaciones son la preciosista e imaginativa representación de la frustración de Walter Mitty, un arquetipo visto hasta la saciedad, aquel joven intrépido al que los avatares del destino condujeron a una vida gris de la que está deseando escapar.

Así, quedando las fantasías de Walter casi como anécdota -tanto, que en el trailer aparecen prácticamente todas- la película desemboca en la manida historia de autosuperación en la que la llegada del interés amoroso colorea la vida del tipo gris, aportándole la fuerza necesaria para romper con todo, recuperar su espíritu aventurero y renacer como un nuevo y mejorado hombre, algo que de paso, le valdrá el ser correspondido por el interés amoroso que propició todo el cambio. Happily ever after. Un relato por todos conocido que además está contado con el sota, caballo y rey de turno, un guion en el que los giros son tan evidentes que te golpean el cerebro minutos, u horas, antes de que finalmente aparezcan.

Leído lo anterior estaréis pensando que la película me pareció una auténtica hez o como mínimo que no aporta nada que haga que merezca la pena rascarse el bolsillo pero me he guardado para el final lo que más me gustó. Y es que la cinta tiene un segundo mensaje, me niego a llamarlo subyacente porque está presentado con antisutileza, que fue el que me conmovió. Una colleja al capitalismo empresarial así como una mirada nostálgica a un tiempo mejor que difícilmente regresará, todo cristalizado en la emotiva resolución del McGuffin de la historia. Un cierre que hará soltar una lagrimita a cualquier víctima de despido/EREs o en general a miembros de profesiones que se van por el sumidero -¿alguien ha dicho periodismo?- y que hace que, irónicamente, abandones la sala de buen rollo en general.

Y ahora, en esta parte final, me gustaría devolverle el favor al Crítico Prejuicioso echándo por tierra todas sus predicciones y señalándole en foro público pero el muy puñetero acertó en casi todas:

Lo que dijo el Crítico Prejuicioso

“Queda claro viendo el tráiler que en esta película no va a tomar ese camino, sino que se atreverá con una historia más madura en la que el humor no será lo que aguante el peso de la historia”

Efectivamente Stiller se aleja de su patetismo habitual para contarnos una historia más solemne. Los golpes de humor, poco frecuentes, se echan de menos.

“A mi becario le tocará ver una película sobre la soledad de esas con mensaje buenrollista y facilillo a la que te puedes llevar a tus sobrinos o a tu abuela sin miedo a que no se vayan a enterar de la mitad. Un producto muy típico de estas fechas al fin y al cabo. Con una estética que recuerda a los vídeos de ejemplo que te ponen en las teles cuando vas a la tienda a comprarlas, está claro que no han racaneado euros para que Stiller hiciera los planos más espectaculares que se le ocurrieran. Habrá que ver sin embargo si lo de dentro está a la altura de las imágenes y no se convierte en una historia más de una persona que vence sus miedos para al final quedarse con la chica. Si lo hace medianamente, al becario le gustará”

Es de hecho una película sobre la soledad con mensaje facilillo y buenrollista, visualmente espectacular y con ese algo extra que la aleja un poco de lo de siempre.

 ¿Qué gafas me llevo?

walter-mitty-grafico-prejuiciosoEntonces ¿voy a verla?

Quitando sus convencionalismos, el carisma de Ben Stiller, la adorabilidad de Kristen Wiig, el molonismo de Sean Pean, su espectacularidad, su preciosa fotografía y su emotivo desenlace la convierten en la feel good movie de estas Navidades. Pasaréis un buen rato con ella.

 

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Una respuesta a “La vida secreta de Walter Mitty: ‘Feel good movie’ con colleja empresarial

  1. Al crítico prejuicioso sólo le falto pasarle la chuleta al becario para saber que lo qué veía era una adaptación de un cuento de James Thurber, que no sé quién es, pero que parece muy popular en la cultura norteamericana, y que además ya había sido adaptado al cine en 1947.
    Con esto nos habríamos ahorrado hablar del “argumento” pues no era original, y centrarnos en el trabajo revisionista propuesto por Stiller.

    Me gusta mucho la idea de vuestra sección, pero aún me cuesta comprender porque en el mundo de la crítica cinematográfica nunca se estudian las fuentes. Uno no se va a ver Hamlet al teatro porque quiera ser sorprendido por el argumento, es más, es recomendable repasar el texto antes de acudir para no perder detalle. Sin embargo en cine no parece de mucho interés para críticos y aficionados acudir a las fuentes antes de entrar en la sala. Una pena.

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