El caballo relampagueante de Mark Linkous

Sparklehorse fue un proyecto musical que, durante quince años, se convirtió en el vehículo de comunicación de un músico de Virginia llamado Mark Linkous con un mundo del que nunca se sintió del todo parte integrante y que abandonó por propia voluntad en 2010. Abanderado de un pop-rock de factura delicada y en ocasiones abrasiva, plagado de elementos surrealistas y oníricos, Sparklehorse dejó para la posteridad cuatro magníficos discos en solitario, y dos en colaboración con Fennesz y el productor Danger Mouse, de entre los que seleccionamos diez canciones para acompañar este artículo.

La carrera musical de Linkous se remonta a los años ochenta, década en la que vivió en Nueva York y Los Angeles mientras probaba fortuna como guitarrista y vocalista de la banda The Dancing Hoods, que publicaría dos álbumes antes de disolverse. Asqueado ante lo que consideraba una industria musical en decadencia, Linkous se mudó a la ciudad de Richmond, Virginia, donde poco a poco retomó la composición de canciones muy influenciado por la música tradicional, y por los discos de Tom Waits.

De esa especie de retirada y vuelta a empezar vital nació Vivadixiesubmarinetransmissionplot, disco de nombre impronunciable que tuvo cierto éxito en 1995 y que le permitió convertirse en el telonero de Radiohead en su gira europea de 1996.

En un hotel de Londres, después de un concierto, una combinación de drogas, alcohol y antidepresivos dejó a Linkous inconsciente durante catorce horas y le provoco lesiones graves en las piernas. Del incidente y posterior recuperación, el líder de Sparklehorse incluiría una canción, llamada St. Mary,  en su siguiente album, Goodmorning spider (1998), en honor de las enfermeras que lo cuidaron en el hospital londinense donde convaleció durante algunas semanas. Un tema que es una buena muestra de su estilo delicado y oscuro a un tiempo.

A wonderful life vería la luz tres años más tarde, en 2001, con colaboraciones de Tom Waits, PJ Harvey o John Parish. Su disco más vendido hasta la fecha, supone la consagración de su sonido onírico y melancólico, con ocasionales arrebatos de furia, y cargado de electricidad y  metáforas surrealistas en las letras que, lejos de lo que la mayoría de la prensa musical norteamericana se empeñaba en resaltar, supone una oda a la belleza de la vida.

Cinco años más tarde, una depresión mediante, apareció su último álbum en solitario, Dreamt for Light Years in the Belly of a Mountain (2005), una colección de canciones más cercanas al pop que Linkous, en su mayoría, no había incluido en sus discos anteriores y que finalmente reunió para su publicación con el fin de ganar algo de dinero para pagar el alquiler.

A lo largo de su carrera, Linkous se ganó la amistad y el respeto de algunas grandes luminarias de la música contemporánea con las que tuvo la oportunidad de colaborar o tocar, como Radiohead, Tom Waits, el ahora también músico David Lynch o PJ Harvey. Un ermitaño abierto a las colaboraciones, que frecuentó profusamente a lo largo de su carrera, al término de la década de los 2000, Linkous contaba ya con una base sólida de seguidores en Estados Unidos y Europa.  Los dos discos en colaboración con Fennesz (In the Fishtank 15, 2009), y Danger Mouse (Dark Night of the Soul, 2009, en el que colaboraron desde Julian Casablancas de The Strokes, a Iggy Pop, pasando por el propio Lynch o The Flaming Lips), consolidaron su posición en el panorama musical internacional.

En 2010, Linkous se quitó la vida.  Al contrario de lo que a primera vista puede deducirse de sus canciones y su final, Sparklehorse supuso siempre para el músico estadounidense una búsqueda continua de la belleza y de una paz interior que, quizá, no llegó a encontrar.

Como él mismo declaró en 2002, a propósito de su canción It’s a wonderful life: “Al final, es más sobre cómo cada día, tienes que elegir algo, no importa lo minúsculo o microscópico que sea, para, al meterte en la cama por la noche, poder decir que estás contento de estar vivo y de haberlo visto. De eso se trata, en realidad”. Y de eso es, precisamente, de lo que están impregnadas sus canciones, el mejor legado del caballo relampagueante de Mark Linkous.

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Foto de portada: Mark Linkous, en un concierto de Sparklehorse en Toronto, Canadá (Foto: Don Toye)

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