Cuestión de justicia

Julián Carpintero | Falso 9

Fue Martí Perarnau –magnífico periodista y mejor persona– quien me dijo una vez que las personas no tenemos que intentar ser objetivas, puesto que es esa una cualidad que sólo pertenece a los objetos. Según él –y lo que él diga va a misa– a lo que todos debemos aspirar es a ser honestos, una palabra que la Real Academia Española de la Lengua define como ‘razonable’, ‘justo’ y ‘honrado’. Pues bien, a partir de esas premisas, en las siguientes líneas intentaré explicar por qué Cristiano Ronaldo ganará (sí, estimado lector, ganará) el Balón de Oro de la FIFA esta tarde.

Vaya por delante que nunca he escondido mi pasión por el precioso escudo del Real Madrid, y no creo que ese absurdo fervor que recorre mis venas me impida opinar con una cierta claridad. En mi recién estrenado cuarto de siglo puedo decir que he estado con él, casi siempre en la distancia, en campos de Noruega, Japón o Alcoy; sin importar que jugara a las 6 de la tarde o a las 11 de la mañana; lloviera, nevara o se hiciera difícil respirar a causa del calor. En todo este tiempo han sido muchos los jugadores que han saltado al césped de blanco inmaculado y que, inmediatamente, pasaban a ser mis hermanos. Lo mismo daba que su piel fuera negra, su complexión delgada o su pasaporte croata, que jugaran de portero, que hubieran salido de la cantera o que no supieran dar tres toques seguidos con el balón. No en vano, el Real Madrid siempre ha podido henchir de orgullo su pecho al afirmar que los mejores jugadores de la historia del fútbol han sudado su camiseta, y no hay mejor prueba de ello que echar la vista atrás a los seis –pocos, a mi entender– futbolistas que ganaron el Balón de Oro jugando en Chamartín.

El pionero, cómo no, fue Alfredo Di Stefano, aunque gracias a una pequeña trampa. En su origen, el Balón de Oro era el premio que ‘France Football’ entregaba al mejor futbolista europeo del año. Don Alfredo, más argentino que ‘El firulete’ de Julio Sosa, nunca habría entrado en esa categoría de no haber sido porque se nacionalizó español años antes. Así, la primera vez que ‘La Saeta’ levantó el dorado esférico fue en 1957, en su segunda edición y después de haberse quedado a las puertas la temporada anterior. Por aquel entonces era doble campeón de la Copa de Europa y se había convertido en el paradigma de futbolista total: se movía con libertad por todo el campo, bajaba a recibir, creaba, asistía, goleaba y enamoraba. El rey del mundo.

Le sucedería el año siguiente Raymond Kopa, el francés hijo de inmigrantes polacos que había trabajado en la mina durante su adolescencia, y que formó junto a Rial, Gento, Puskás y el propio Di Stefano la mejor delantera de la historia del Real Madrid. En aquel 1958 los chicos de Santiago Bernabéu habían vuelto a conquistar Europa y su selección francesa había quedado tercera en el Mundial de Suecia, el empujón necesario para que la publicación gala pudiera condecorar a uno de los suyos. El Balón de Oro también se teñiría de blanco en 1959 para mayor gloria de Di Stefano, que había guiado al Madrid a su cuarta Copa de Europa haciéndole incluso un gol al Stade de Reims en la final de Stuttgart.

Para los más puristas ahí terminaría el idilio del club de Concha Espina con el Balón de Oro, porque aunque Figo (2000), Ronaldo (2002) y Cannavaro (2006) también se hicieron la foto con tan deseada pelota ataviados con la zamarra merengue los méritos por los que habían resultado ganadores correspondían a sus anteriores equipos. Nadie cuenta en estos casos los segundos puestos de Puskás, en 1960; de Mijatović, en 1997; de Šuker, un año más tarde; de Raúl, en 2001; o de Roberto Carlos, la temporada posterior. Y mucho menos las terceras posiciones de Amancio, en 1964, y de Butragueño, en 1986 y 1987.

Cristiano Ronaldo (Foto: calciostreaming http://www.flickr.com/photos/calciostreaming/11543440064/)

Cristiano Ronaldo (Foto: calciostreaming)

Llámenme ingenuo por los tiempos que corren, pero yo creo en la justicia. Me da igual que sea divina, poética, distributiva, conmutativa o parcialmente ciega, pero estoy convencido de que periodistas, seleccionadores y capitanes –que, al fin y al cabo, son los que deciden el premio– habrán sido honestos en sus votaciones y permitirán ver una escena que despierta mis sueños más húmedos. Centro de ceremonias de Zúrich. Lunes 13 de enero, esta misma tarde. Cristiano Ronaldo sujetando el Balón de Oro con una mano mientras, con su rictus serio e inamovible, se lleva la otra a la sien y saluda a un Joseph Blatter en el papel de un capitán al que no le queda más remedio que rendir pleitesía a su comandante. Como diría Víctor Hugo Morales en la narración del gol de Maradona a los ingleses, “es para llorar, perdónenme”.

Más allá de escenas, me parece una simple cuestión de justicia que ese animal del fútbol que es Cristiano Ronaldo pueda superar al resto y equipararse a Di Stefano no sólo en lo que a Balones de Oro se refiere, pues está alcanzando unos niveles de excelencia que podrían acabar por reescribir la historia. Más pronto que tarde, el portugués, que ya es el mejor futbolista del Real Madrid en lo que va de siglo, va a dejar de ser el ‘Di Stefano de Madeira’ para que Don Alfredo se convierta en el ‘CR porteño. Sacrificado, voluntarioso y trabajador, su afán de superación debería ser, mal que les pese a muchos, un ejemplo para los niños, que entenderían que con esfuerzo todo es posible en la vida.

***

Foto de portada: Detalle del Balón de Oro 2013 (Foto: calciostreaming )

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s