Madrid, I love you (but you’re bringing me down)

Como esos amores que se consumen por las malas influencias y dejan de ser correspondidos… Pongamos que hablo de Madrid.

Amor platónico desde la infancia, al fin pude conocerla de verdad hace ocho años. Y no defraudó. Paradójicamente yo no tuve que hacer nada, ella solita se encargó de conquistarme y terminar de convencerme de que, efectivamente, tal y como había sospechado, ella era la más bella, la más divertida y la más abierta en todos sus sentidos… ¿Cómo no iba a quererla?

Juntos pasamos grandes momentos, muchos de los mejores que he podido disfrutar en mi ya no tan corta vida, y todo apuntaba a que nuestro fuerte vínculo nunca se desvanecería. Pero uno siempre piensa eso cuando el amor es joven y la realidad al final te enseña que todos, más tarde o más temprano, acaban por deteriorarse con el paso del tiempo. Y también en nuestro caso ocurrió eso. Lo malo es cuando los problemas llegan precipitadamente no tanto por inercia como por influencia de terceros y eso termina de apagar la pasión.

Me duele escribir esta declaración de decepción expresa tras tantos años de amor incondicional, pero dicen que para superar las crisis -y, ¡ay!, si no estamos sumido en una bien grande…- y el dolor el primer paso es la asunción. En ese camino va esta entrega de ‘Diez Temas 10’, a modo de terapia musical para tratar de diagnosticar el conflicto y buscar cómo reflotar nuestro amor.

Porque Madrid no es nada especial, no tiene un gran río, ni apenas rascacielos, no tiene ruinas, ni playa, ni mar. Pero tiene la gente, el rincón inesperado, la animación constante, la variedad. Vale la pena levantarse temprano por una vez para vivir un día la vida de Madrid.

Aún no he logrado averiguar el origen de tan cautivadora cita (¿literaria?) con la que me topé hace unos meses y que estos días recorre viralmente las redes sociales, pero ello no ha evitado que, desde el mismo momento en que la escuché, la adoptara como la descripción con la que mejor identifico mi amor hacia la ciudad que me acoge desde mi mayoría de edad. Sin embargo, cuando volví a encontrármela hace unos días, reparando de nuevo en sus palabras, advertí que, tal vez, en este momento aquéllas no se corresponden tan exactamente como hace unos años con el Madrid de hoy.

La decadencia de Madrid

Quizás sea exagerado calificarlo de “decadencia”, como han hecho algunos por ahí; quizás no. Pero sí resulta evidente que esa “animación constante” que ha caracterizado tradicionalmente a Madrid se encuentra desde hace unos años en claro retroceso. Favorecido esencialmente por las actuales crisis, en plural, y la mala gestión que han hecho sus responsables de ellas, la ciudad ha perdido parte de su brillo (más adelante veremos que hablamos de forma casi literal), de su proyección internacional, de su incomparable oferta de ocio y cultura, de sus gentes…

Muchos no han advertido esta tendencia hasta que los acontecimientos de los últimos meses han llamado la atención sobre la línea descendente de Madrid: el tercer fracaso consecutivo en la candidatura a celebrar unos Juegos Olímpicos y la negativa del demente octogenario Sheldon Adelson a ubicar su macrocasino en la región pusieron el foco sobre la venida a menos influencia internacional de Madrid. Pero lo cierto es que los síntomas del declive de Madrid vienen sucediéndose más allá de estas noticias…

A nivel de percepción de imagen, por ejemplo, es significativo el acusado desplome de la actividad turística, que representa alrededor del 10% del PIB regional, que lleva sufriendo Madrid durante los últimos trimestres. Lo demuestran cifras como el descenso del 12,1% del tráfico que ha manejado el aeropuerto de Barajas en 2013, los casi 500.000 visitantes menos que registró el Museo del Prado (el Thyssen perdió un 25%) en el último año o el 22% menos de turistas que llegaron el pasado agosto, mes en el que incluso el aeropuerto barcelonés de El Prat superó en viajeros al madrileño por primera vez en su historia.

Museo del Prado en Madrid

Museo del Prado en Madrid. Autor: Peter Eimon

Demasiadas ‘movidas’

Pero a nivel interno, las cosas no van mejor para los que ya están aquí. En una ciudad marcada por el encarecimiento de prácticamente todo bien y servicio y la consiguiente disminución del poder adquisitivo de buena parte de la población, el último mazazo a la vida de Madrid se ha cernido sobre el ocio y la cultura. Más allá de las barreras a su acceso que ha supuesto el aumento del IVA cultural (que grava con el 21% el cine, el teatro, conciertos…), las autoridades, lejos de impulsar este potente nicho económico, no hacen sino poner trabas al desarrollo del ocio y la cultura que tan buena imagen han proyectado tradicionalmente: teatros municipales que tienen que venderse a patrocinadores privados para seguir subsistiendo, eventos con historia que dejan de producirse por falta de financiación y otras facilidades por parte del Ayuntamiento, cruzadas contra las reuniones nocturnas en la calle, horarios de cierre ‘europeos’ para locales y terrazas del centro…

Madrid vive hoy un período totalmente opuesto a aquél que le dio su mayor esplendor en el pasado reciente, la Movida de los ochenta, promovida, precisamente, por el Ayuntamiento de Tierno Galván. Hoy, no sé si por fortuna o desgracia, las únicas movidas surgen por las protestas (muchas de ellas paradójicamente contra el propio Consistorio) que recorren casi día sí día también ese manifestódromo permanente en el que se ha convertido la capital en los últimos meses.

Y podríamos hablar de aún más evidencias de declive: el ambicioso metro de hace un lustro, que se presentaba como uno de los mejores del mundo, ha dejado paso en apenas un par de años a unas infraestructuras deficitarias (pese a que su precio ha subido sólo en los dos últimos años más de un 17%) que genera las quejas diarias de decenas de usuarios; también los recortes en servicios de jardinería y limpieza públicas, grandes icónicos edificios abandonados a su suerte, el creciente apagón de las enérgicas luces que solían iluminar sus monumentos más famosos… Por no mencionar, claro, al medio de millón de desempleados que se enfrentan en su día a día a los recortes en servicios como sanidad, educación o prestaciones sociales.

¿De Madrid al cielo?

Ni siquiera escapa ya a esta decandencia el más distinguido monumento de Madrid, su cielo, cuyo característico azul se perdió hace ya tiempo manchado por la permanente burbuja de polución que envuelve el aire de la ciudad. Un reciente informe de Ecologistas en Acción sobre la calidad del aire en Madrid revela que la capital superó en ocho de las 24 estaciones medidoras el límite de dióxido de nitrógeno (NO2) que permite la Unión Europea, causado especialmente por el alto volumen de gases contaminantes que produce el parque móvil; se trata de un incumplimiento que viene produciéndose desde el año 2010 y pese al cual la Comisión Europea se ha negado a conceder una moratoria al Consistorio, lo cual enfrenta a la ciudad a posibles sanciones llegadas desde Bruselas.

“De Madrid al cielo y un agujerito para seguir viéndolo”, les he oído decir multitud de veces a los más viejos. Pero mucho van a tener que escarbar cuando partan hacia él si quieren seguir disfrutando de su Madrid a través de la densa nube negruzca que cubre la ciudad.

Porque mientras otras urbes más grandes han asumido ya la insostenibilidad de su hábitos de vida y limitan la circulación de los coches más contaminantes o incentivan el uso del transporte público y de medios más respetuosos como la bicicleta, Madrid sigue siendo un hervidero cada vez mayor de coches en donde las facilidades para los ciclistas brillan por su total ausencia y metro o autobús no son sino el ‘mal menor’ al que recurren muchos para evitar atascos o problemas de aparcamiento. Ni un plan urbanístico sostenible ha sido capaz de implementar el Ayuntamiento para afrontar los nuevos desafíos a los que se enfrenta la ciudad.

Toda una depresión económico-social, en definitiva, que para más inri es amparada por una crepuscular clase dirigente que no ha sabido estar a la altura de las circunstancias y que sigue contribuyendo a enterrar más bajo, si cabe, la imagen de Madrid.

Nube de contaminación sobre Madrid

Nube de contaminación sobre Madrid. Autor: Sergio Cambelo.

Y Madrid no se merece nada de lo que le está pasando. Tampoco sus siempre generosas, solidarias y agradecidas gentes. La ciudad más grande y la que más tiene que ofrecer en España debe saber dar lo mejor de sí a quienes la habitan y estar también entre las más admiradas del mundo. Materia prima hay, sólo se necesitan buenos ‘artesanos’ que den un paso al frente y sepan exprimir todo su potencial para que la capital recupere la altura y el brillo que nunca debió perder.

Yo, personalmente, como me consta también muchos de los tantos amantes que tiene Madrid, no desisto y, aunque cada vez me dé menos, la seguiré queriendo igual. Porque, como aseguraba el maestro Antonio Mingote, “Madrid es como esa mujer no demasiado guapa a la que no puedes dejar de querer”. Y si llega el día en que deba alejarme de ella, como reza la canción, seguro “volveremos a encontrarnos, yo no me acostumbro a estar sin ti”, Madrid.

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Una respuesta a “Madrid, I love you (but you’re bringing me down)

  1. “Tú, tierra de Castilla muy desgraciada y maldita eres, al sufrir, que un tan noble reino como eres, sea gobernado por quienes no te tienen amor.” Julián Marías.

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