Dallas Buyers Club: Dos enfermos con diagnóstico Oscar

Todo interprete con aspiración a ser premiado por su trabajo tiene presente que hay ciertos personajes que si bien no te aseguran un galardón (ganar siempre es difícil), te permiten al menos formar parte de la conversación cara a ser considerado. Poniendote en la piel de alguien que sufre cualquier discriminación (ya sea por raza, género u orientación sexual), alguien que discrimina (por los motivos anteriormente citados) o alguien que padece algún tipo de adicción, enfermedad o discapacidad, estarás un pasito más cerca del Oscar.

He creído oportuno hacer esta introducción porque la crítica de Dallas Buyers Club que os presento se enmarca en el especial Premios Oscar de Mayhem, y la cinta está protagonizada por un homófobo, racista que se reforma y un travesti adicto a las drogas. Ambos con VIH. Ambos nominados al Oscar. Y sí, ambos favoritos a alzarse con el premio.

Dallas Buyers Club nos transporta al Texas de los años 80, en pleno surgimiento y expansión de la pandemia del SIDA, una enfermedad exclusivamente relacionada en sus orígenes a homosexuales y drogodependientes, tan mortal como estigmatizadora en el conservador sur de Estados Unidos. En este escenario, Ron Woodroof (Mathew McConaughey) un electricista homófobo y racista, drogadicto y putero, queda contagiado del virus recibiendo lo que por entonces era una sentencia de muerte express. Renegando del diagnóstico y los tratamientos a su alcance, Ron decide automedicarse lo que le llevará a abrir un club ilegal de tráfico de medicamentos para seropositivos, con ayuda de Rayon (Jared Leto), un travesti drogadicto, también portador del virus.

La sinópsis nos prepara para adentrarnos en un melodrama lacrimógeno de héroe de a pie contra el sistema, sin embargo, Jean-Marc Vallée le da la espalda a esos convencionalismos ofreciéndonos una cinta con músculo y ritmo, con más sonrisas que lágrimas, a lomos de la caristmática interpretación de McConaughey, en su salsa en la piel de ese peculiar y a la vez tan arquetípico sureño. Un antihéroe cuya única motivación para escupir a los oscuros entramados de las farmacéuticas es salvar su propio pellejo sacando unos cuantos fajos de billetes por el camino. Es cierto que el viaje de Woodroof  será, en término, redentorio pero siempre impulsado por el tío dólar, poderoso caballero que logra convertir al más cerrado de los rednecks en el amigo de los homosexuales, siempre y cuando no olviden abonar sus 400$ mensuales.

Y si probablemente la adquirida tolerancia de Ron hacia los gays no pase de transacción comercial su relación con Rayon rebosa autenticidad y una química instantánea desde esa primera partida de cartas en la cama del hospital. Lo mejor que se puede decir de la interpretación de Leto es que en ningún momento pasa por hombre disfrazado, por actor haciendo de travestido, si no que consigue transmitir a una mujer atrapada en el cuerpo equivocado, todo ello de manera sorprendentemente contenida para un personaje tan extremo.

Dallas Buyers Club tiene tiempo para cargar las tintas contra las dudosas prácticas de la industria farmacéutica, donde la aprobación o denegación de un medicamento parece depender más de alimentar el bolsillo adecuado que del desarrollo de un producto óptimo. Sin embargo, más que un alegato en contra de estas prácticas, la cinta es un relato sobre la vida, sobre sus caminos, sobre las elecciones que hacemos y por último, con Walter White aún retumbando en nuestras cabezas, sobre el poder liberatorio del “nothing to lose”. Una historia que, sumada a su atípico y refrescante planteamiento y a las dos soberbias interpretaciones de McConaughey y Leto dan como resultado una de las más gratas sorpresas del año.

¿Qué gafas me llevo?

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Entonces: ¿voy a verla?

Tienes dos problemas a la hora de enfrentar Dallas Buyers Club. El primero es que su argumento es altamente sospechoso de convertirse en un Multicines de Antena 3 meets Festival de Pañuelos. Qítate esa idea de la cabeza. El segundo es cuánta influencia tenga el tirarte el pisto cara a los Oscars en tu decisión de verla, ya que la siempre ágil distribuidora española ha fijado su estreno a mediados de marzo, y decir que apostabas por Leto a toro pasado queda feo. En cualquier caso la película es muy recomendable, incluso aunque los Oscars te importen tanto como el Mundial de Curling. No te arrepentirás.

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