Lo que la izquierda no sabe

-Hola, mano derecha.

-Hola, mano izquierda.

-¿Qué tal estás?

-Bien.

-¿Qué haces?

-Nada. Pasar el rato.

-¿Y cómo pasas el rato?

-Tamborileo los dedos.

-¿Solamente eso?

-Sí… Bueno y, de vez en cuando, también los crujo. Y manoseo cosas.

-¿Qué cosas?

-Pues no sé. Cosas normales. Ya sabes. Un trozo de papel. El pomo de una puerta, un bolígrafo…

-Puaj, ¿sólo eso?

-Pues sí.

-Bah, qué aburrimiento. Aunque, ¿sabes qué te digo? ¡Que no me lo creo!

-¡Anda! ¿Y por qué no?

-Pues porque te veo un poco agitada. ¡Si te está temblando el pulso! ¿Te creías que no me iba a dar cuenta?

-Eh, eh, ¡no te montes películas tan rápido! ¡Eso es por el café!

-¡Ya, claro! ¡Pero te piensas que soy tonta? ¡Que a mí no me la das con queso!

-Hala. No sigas por ahí y déjame en paz.

¿No será que has hecho algo malo?

-Pero, ¿¡qué dices!? Que no. ¡Que me dejes!

-Si es que se te nota… que a mí no me engañas tú. Hala, déjate de tanto secretismo y tanto misterio y cuéntamelo.

-Pero que te cuente ¿¿el qué??

-¡Pues lo que has hecho!

-¡Que yo no he hecho nada!

-¡Sí que lo has hecho! ¡Mentirosa!

-¡Que te juro que no!

¡Pero si estás cruzando los dedos!

-¡Ay, mano izquierda, no seas pesada! Que, cuando quieres, te pones de un cansino que es imposible entenderse contigo.

-Mira, con esos humos no, ¿eh? ¡Que te pego un manotazo!

-Conque ésas tenemos… a ver si te voy a arañar yo a ti. Y te advierto que llevo las uñas como mejillones.

-Qué marrana…

-…

-No, venga… No peleemos. Entremos en razón. Anda, boba. Dame la mano. Estréchame. Así. Todos los deditos. Si sólo te estoy pidiendo que me lo cuentes. Con confianza. ¿Qué te cuesta?

-Pero, vamos a ver, ¿por qué debería hacerlo?

-¡Anda! Pero, ¿¿qué pregunta es ésa?? Es obvio, ¿no? ¡Porque somos un matrimonio! ¡Si llevas la alianza en el dedo anular! ¡Los esposos tienen que contarse lo que hacen el uno al otro!

-¿Incluso si hacen algo malo?

-Algo malo ¿como qué?

-Pues… ¡robar! Por ejemplo.

-Pues… sí, sí. ¡Por supuesto que sí! Si fuera eso, claro que me lo tendrías que contar. Sólo así podría echarte una mano.

-Sí, ¡ja! Una mano me echarías, ¡pero al cuello!

-¡Que noooo! ¡Que puedes confiar en mí! Anda, porfi, ¡cuéntamelo!

-Mira, mano izquierda, te voy a hablar ya a las claras: no voy a contártelo por una razón muy sencilla. Por estrategia pura y dura.

-¿Cómo que por estrategia?

-Sí, por estrategia… y por tu bien. Que, en  el fondo, soy una romántica empedernida y no quiero que te pase nada malo. Además, te necesito sueltecita, y con esas preciosas muñecas sin esposas, para que me pagues la fianza… O me traigas una lima a la cárcel.

-Pero ¿qué cárcel?, ¿qué lima?, ¿de qué estás hablando? Mira, mano derecha, que me estás empezando a asustar…

-Verás, mano izquierda. Puede que, un día no muy lejano, nos pillen en la masa, totalmente metidas. Y, si nos echan el guante, es mejor que tú no sepas nada.

-¿Por qué?

-Porque así, en el juicio, podrás basar tu defensa en un argumento bíblico: “Que tu mano izquierda no sepa lo que hace la derecha”. Y a ver quién te rebate eso. Vas a quedar de lujo. Que te lo digo yo. ¿Trato?

-Bueeeno… ¡trato!

-¡Pues choca esos cinco!

***

Foto de portada: “Even a dog can shake hands” (Tricia)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s