Nebraska: un chute de vida

Ignoro si lo sabíais, pero todos vamos a morir. Es una putada y a la vez una noticia estupenda, y sobre todo es una idea que circula permanentemente en el subterráneo de nuestra conciencia. Importa en nuestras acciones y decisiones, pero casi nunca sale a la luz porque es una idea con la que es demasiado difícil convivir. Nebraska es una historia de cuando esa idea se asoma más de lo habitual y como un chorro de vida nos suele impulsar cuando eso pasa. Pero no temáis, porque os vais a reír un montón.

Nebraska es una road movie que no funciona de la forma habitual, y eso es culpa sobre todo de su protagonista. Woody Grant se nos presenta como un enigma del que sabemos poco más que sus ganas irrefrenables de llegar a Nebraska a cobrar un premio que desde el principio todos sabemos falso. Por lo demás es callado, arisco y encerrado en su mundo por una mezcla de sordera y pocas ganas de escuchar a los demás. No esperéis a un afable ancianito al que os den ganas de abrazar porque no lo vais a encontrar por ningún lado.

Sin embargo, su incansable terquedad para culminar su absurda empresa sí que despierta ternura, y ese es el clavo ardiendo al que nos agarramos para ponernos de su parte. Y de la misma manera que lo hacemos nosotros lo hace su hijo David, al que una crisis de mediana edad del tipo “qué coño he hecho/estoy haciendo con mi vida” le sirve de impulso suficiente para emprender una odisea en carretera condenada de antemano al fracaso.

La incapacidad –al menos a priori- de dos protagonistas tan improbables para gobernar toda una película, se ve atenuada por la monstruosa interpretación de Bruce Dern, que es capaz de componer un personaje extraordinario a base de dotar  de matices y significado cada gesto de ese viejo cascarrabias. Y gracias a esas pequeñas pinceladas vamos descubriendo a un hombre al que la proximidad de la muerte le ha insuflado un chute de vida, una fuerza que le lleva a luchar contra un juicio final en el que la insignificancia estaba llamada a jugar un papel protagonista. De ahí su gesto de rebeldía, su intento a la desesperada de hacer algo extraordinario y acabar en alto una vida con la que no se siente satisfecho.

En el caso del hijo la relación con la muerte es la contraria. En el medio de su vida y sin haber hecho nada de lo que se sienta orgulloso, es muy tarde para empezar de cero y queda demasiado para pensar en balances. Unas cuantas décadas se presentan en el horizonte sin visos de que nada relevante vaya a pasar. Se pregunta si eso es todo lo que le espera e intenta responderse a través de la vida de su padre, al que intentará descifrar reconstruyendo su vida entre los kilómetros compartidos en la carretera y el testimonio del resto de personajes. Al final, este “desmontando a Woody” emprendido por su hijo, será definitivo para aceptarse y comprenderse a sí mismo un poco mejor, y sin él es imposible entender el bellísimo desenlace de la cinta como una victoria para ambos protagonistas.

Muy bien crítico prejuicioso, pero en todo esto que nos has contado, ¿dónde están las prometidas risas? Muy fácil amigos. Si he centrado la crítica en la parte dramática (un 40%) es porque la comedia es tan redonda que se justifica sola. Entre el tronchante surrealismo que acompaña en todo momento las actuaciones de Woody, el ejército de secundarios extravagantes, las situaciones disparatadas como ese robo en el granero equivocado y, sobre todo, la afilada y políticamente incorrecta de la mujer de Woody, no pasan cinco minutos sin que se te dibuje una sonrisa en la cara. Esto se da, sobre todo, porque todos los personajes y situaciones, pese a su evidente exageración, se sienten cotidianos y reales. Salvando las distancias culturales que  nos separan del Medio Oeste de los Estados Unidos, todo se siente como una reunión familiar mucho más cercana de lo que nos gustaría presumir. Los diálogos (y los silencios) naturalistas, la mala leche de Payne al poner la cámara (sobre todo en los planos fijos) y una bellísima fotografía en blanco y negro  hacen el resto para que Nebraska sea una cita imprescindible con nuestro cine de confianza de la que os aseguro que vais a salir muy muy contentos.

Lo que dije de Nebraska

Las películas de Alexander Payne no me han entusiasmado desde que hizo esa obra maestra escondida llamada Election, que si no habéis visto deberías poneros ahora mismo.

Para mí, su mejor película desde aquella maravilla del cine político de 1999.

Sin embargo, aunque ni Entre Copas ni Los descendientes, por hablar de las dos más extensamente elogiadas, me apasionaran, el director tiene la capacidad de contar siempre historias interesantes con un sello muy personal y un humor muy peculiar. Y este cuento sobre un anciano que cree haberse hecho millonario no parece que vaya a defraudarnos en ese aspecto.

Incluso aquellos a los que la historia dramática no les toque el corazón, al menos tendrán garantizadas las risas. Un humor natural, familiar y con muy mala idea que funciona como un tiro.

En blanco y negro, y con un espíritu que me recuerda a las creaciones cómicas de los hermanos Coen, Payne se servirá de su alocada premisa para hablar de la familia, la vejez, la vida rural y cómo el dinero (aunque sea potencial) nos cambia. Este Bienvenido Mr Marshall con un millón de dólares en sustitución de aquella delegación americana nos hará disfrutar gracias, sobre todo, a los siempre certeros guiones del director y a una actuación memorable de Bruce Dern. Es muy difícil que no me guste.

Todos los temas mencionados se encuentran de una manera u otra en la película y se van tratando sin que casi te des cuenta gracias a su estupendo guion. Y no quiero irme sin decir lo preciosísima que es su banda sonora. No solo me ha gustado, sino que subo la apuesta: es muy difícil que no os guste a cualquiera de vosotros.

¿Qué gafas me llevo?

nebraska-grafico-prejuicioso

Entonces: ¿voy a verla?

Es una película tierna y humana, con la que te ríes una y otra vez sin necesidad de forzar las situaciones o de recurrir a estridencias. Saldrás de la sala con buena cara, con la impresión de haber visto algo con lo que te lo has pasado estupendamente y que además te ha contado muchas cosas. Id a verla.

 

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3 Respuestas a “Nebraska: un chute de vida

  1. “De ahí su gesto de rebeldía, su intento a la desesperada de hacer algo extraordinario y acabar en alto una vida con la que no se siente satisfecho.”

    Esto sencillamente NO está en la película. Lo que pasa es que el personaje de Woody es tan imbécil, y tan incoherente, que de algún modo habrá que darle sentido (no lo tiene, pese a la soberbia actuaciónd e Bruce Dern).

    ¡He dicho!

  2. Qué va, detesto por igual al hijo, soseras e intrascendente hasta la extenuación. Como ves, la edad no coarta mis odios…

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