Recuperando la magia

David L. Palomo | Falso 9

Todo ser humano tiene un día en el que querría entrar en bucle, quedarse dando vueltas para siempre como si estuviera dando vueltas dentro de una lavadora, volver a vivir esas 24 horas durante el resto de su vida y soñar eternamente, como Eri en ‘After Dark’, sin que nadie ni nada acabe bajando el telón para sacar la luna y mandar al que corresponda a la cama. Hay quien elegiría su comunión o su boda; quien preferiría quedarse con el momento en que conoció a su novia o a su mujer; o, quien, simplemente, se quedaría con una tarde soleada en el campo de fútbol de su pueblo. Cada uno tiene un momento especial para guardar en la memoria. Y también los futbolistas, dueños de las ilusiones de muchas personas y de las suyas propias.

Si le preguntan a Iago Falqué, seguramente éste contestará que regresaría al momento exacto en que le dieron el trofeo de mejor jugador en el torneo de Maspalomas, cuando todavía era un niño de esos a los que les sobra talento para pegarle patadas a un balón. El chaval, que desde pequeño había sido seguidor del Madrid, eligió el Barça para desarrollar su carrera deportiva. Y al principio no le fue mal, en total, pasó ocho años en la Masía al lado de Thiago, Pedro o Busquets.

Pero su camino fue otro. Iago decidió viajar a Italia para jugar en la Juventus al lado del que era su ídolo: Del Piero. Allí empezaría un periplo que le ha llevado a militar en hasta ocho equipos: Bari, Villarreal, Almería, Tottenham… A la mayoría de ellos llegó como futuro talento, el cartel no hay quien se lo quite a pesar de que su mejor época ya pasó. Eso sí, poco a poco y después de muchas vueltas parece que está volviendo a recuperar su magia.

El año pasado logró ascender con el Almería, donde le pidieron que no se fuera, pero Falqué, cedido por el Tottenham, tuvo que volver a Inglaterra para que volvieran a decidir por él de nuevo. Finalmente, su destino fue el Rayo, donde poco a poco, y tras recuperarse de una lesión ha vuelto a ser ese chico rápido, técnico y espabilado que todavía conserva su acento gallego. Los dos goles que marcó el pasado fin de semana ante el Málaga son el mejor ejemplo de lo que puede hacer, de la magia que conserva Iago Falqué. Ambos los marcó igual, con un cañito previo y un disparo certero, recordando al de Maspalomas.

Queda por certificar si volverá a ser el de antes o habrá sido un simple flash lo visto ante el conjunto andaluz. Iago tendrá que volver al Tottenham a final de temporada, y ahí su vida volverá a girar en un bucle incómodo que por su bien debería parar algún día. A sus 24 años, tiene edad y condiciones todavía para convertirse en un gran jugador. Pero eso sí, esta vez, si le dieran a elegir entre el Barça y el Madrid, no dudaría, su sueño sigue siendo jugar de blanco. En el Rayo, al menos, está más cerca.

***

Foto de portada: Iago Falqué (d) con Joaquín Larrivey en un partido del Rayo (Foto: RayoHerald.com / Héctor Sánchez)

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